Capítulo 3: Remordimiento

Fugaku Uchiha, líder de tan esplendida familia se hallaba a cientos de leguas de ella, pues, tomando el lugar del mayor de sus hijos, hacia de vigía en el territorio conquistado y  se perfilaba para colocar el escudo de su familia en el estridente cuadro de la nobleza, pues siendo nombrado su hijo como caballero, era necesario se colocara el escudo de su familia en el cabezal del estandarte de la caballería. Itachi había negado a su alteza el honor, pues su prioridad era la de estar de regreso lo antes posible con su añorada familia. Por medio de un telegrama, Fugaku se vio enterado y partió inmediatamente a suplir a su hijo, según le dijo, sin importar siquiera el no haberle visto en años; “el deber es primero”. Sasuke al enterarse, pudo imaginar con claridad la retorcida sonrisa de su padre al alardear respecto de la audacia del mayor de sus hijos, hecho que le entristeció ahogadamente y el mismo que desplazó elocuente, ahora todo aquello no importaba.
 
Los días se manifestaban animosos, la primavera sublimaba abundancia, los acontecimientos, ahora pasados, continuaban ilícitos y cierto miembro de la familia, de excelencia el más joven, miraba con recelo, cada vez más insistente y difuso, a su nuevo “compañero de juego”. Sintiendo en ocasiones la necesidad de refutar de el, sin embargo, también le embriagaba la necesidad de complacer a su madre y complacerse a si mismo, pues para él, disponer de Naruto era un deleite. Desde que amanecía, hasta que se ocultaba el sol, le tenia disponible, solo para él y a su entero servicio. Los avances en su convivencia eran mínimos, poco era lo que se hablaban y de no ser por las peticiones y el constante “Como ordene, Sasuke-sama”, ni siquiera se hablarían.
 
Una tarde, como muchas otras, Sasuke pasaba las horas pesadamente en soledad, abandonado por conciencia alguna, momentos en los que quedaba solo para consigo, Sasuke detestaba esos momentos de absurda penumbra, no había cosa que aborreciera más que permanecer a solas con su alma pálida. Había notado, con el tiempo, que eran esos justos momentos en los que la culpa se montaba en su espalda, en los que el dolor y el sufrimiento que había causado, así como recuerdos nauseabundos de cadáveres y penitentes almas lo embarcaban, se agitaba al más leve pensamiento y el suicidio y la penitencia se volvían sus más fervientes esperanzas, corrientes obvias de un hombre de guerra. Sasuke “dormía” con los ojos abiertos y ante la más mínima de las perturbaciones le era imposible conciliar el sueño, miraba constantemente hacia todas direcciones antes de permanecer en calma, conocía rutas, fuentes y atajos ante un posible escape, también permanecía en él la desquiciante sensación de sostener en su pecho el cinturón de su espada, podía sentirla colgando a su costado aunque se hallara ausente, estos y muchas otros padecimientos le enfermaban, más los asimilaba con sabiduría y hacia uso de ellos, tal era el caso que podía entrar y salir desapercibido de la morada.

Presa de su calvario, opto por una solución sensata, decidió distraerse explorando los alrededores de la mansión. Comenzó con el jardín floreado, paso al sombrío bosque, que solo consiguió desalentarlo más y termino frente del precipicio e inundado de ganas de trepar nuevamente por la torreta, se aprendo a esta con gran nostalgia, subiendo por las interminables escaleras en forma de caracol y terminando en  el frente del faro, que si bien ya no se usaba, recordaba cuando niño como tintineaba apaciguado por las olas y como era que le llenaba de ilusión que una simple luz representase tanto para los marinos, tanto como la esperanza y la confianza siega en momentos de agonía, eso era para él, por lo menos, antes de que su padre le dijese que los marinos no eran más que vulgares altaneros, destinados a morir entre las aguas, indignos siquiera de ese honor.

De momento se halló nuevamente ahogado en sus pensamientos, hasta que una pierna danzante que colgaba del techillo justo frente al mar, llamo su atención.

-¿Pero qué…?- con gran agilidad trepo por el lado opuesto al techillo, al estar en la sima y sin mostrar la mas mínima aprensión debido al vértigo, en cuclillas, dio la vuelta sobre si. Su sorpresa a demás de notable, era absurda, frente a él se manifestaba un ángel resplandeciente en el ocaso del día, sin duda la mayor de sus satisfacciones para tan infortunado día, con la melena rubia destilando fuego a raíz del cielo, con su cabecita sobre su rodilla, se mostraba tan cabizbajo que Sasuke se sintió abatido de tan solo verle, se acerco a él sigilosamente y poso su brazo en el hombro del pequeño.

-¡Ehh!- Naruto se alebresto tanto con el roce que callo por el borde de la torreta, Sasuke lo sostuvo instintivamente de la muñeca.

-¡Suéltame, suéltame, suéltame!- Naruto se tambaleaba de un brazo como péndulo.

-Eres un… ¡Caerás al precipicio usurantoncashi! - fue hasta entonces que se percato de su situación.

-¡…JALAME! ¡Sácame, sácame de aquí!- Naruto se desesperaba más a cada segundo, Sasuke buscaba en donde apoyarse para halar al rubio, más la situación se tornaba cada vez más peligrosa, las tejas del techillo resbalaban y con ellas Sasuke.

-¡Escucha…!- Naruto le miro interrogante -¿Puedes ver el barandal…?

-¿¡Qué!?

-¿¡Vez el maldito barandal!?-Naruto bajo la mirada y distinguió el gélido piso de la torreta.

-¡Si!

-Bien… muy bien. Escucha, voy a arrojarte hacia dentro ¿listo?

-No- Naruto negaba insistentemente con la cabeza –voy a morir, voy a morir… debe haber otra forma- para cuando miro nuevamente a Sasuke, sus ojos lagrimeaban, esa imagen tan entristecida cautivó a Sasuke, fue tal su impresión que estuvo a punto de soltarle.

-Naruto, no hay manera… -La imagen de Naruto era más angustiante ante las palabras del Uchiha – te prometo… te prometo que todo estará bien, confía en mi, no dejare que caigas, lo juro, lo…

-Estoy listo- Naruto dejo de aferrarse al brazo de Sasuke y afirmo con la cabeza. Sasuke sonrió para si, balanceo a Naruto con fuerza, por nada dejaría que cayera, más tampoco quería que se estrellara contra el faro. Le soltó y Naruto callo con suavidad dentro de la torreta.

-¡Sasuke!- Naruto no se había percatado de la familiaridad con la que se dirigía al Uchiha -¡baja ya!

Lo siguiente que vio, fue el robusto cuerpo de Sasuke desplazarse lentamente hacia dentro, debido a la fuerza que ejercía para sostenerse sus músculos se delineaban de manera peculiar, sencillamente vehemente y varonil. Sin conciencia de ello, Naruto se ruborizó hasta el tope.

-¿Qué?

-¿Qué de que?- Naruto estaba ausente, perdido entre las nuevas sensaciones experimentadas por su cuerpo, así como el bochorno y el ardor de sus orejas. Ante tal ofensa Sasuke frunció el seño, ese muchacho tomaba demasiadas confianzas con el, primero le insultaba, luego le manoteaba incesante mientras intentaba salvarle la vida y ahora le vacila con tanto cinismo. Naruto regreso a la tierra cuando Sasuke se puso de cuclillas sobre el barandal mientras le miraba ceñudo e intrigado -¡Haa! ¡Lo siento, lo siento, discúlpeme!- Naruto hizo una reverencia sin tomar en cuenta la cercanía que mantenían en ese momento, obligando a Sasuke retroceder.

-¡Eres un idiota, Usurantoncashi!



-Así que… ¿fue Iruka-san quien insistió a mi madre para que tuvieras el puesto? – La noche había llegado y después del incidente en la torreta, entre reclamos, disculpas locuaces y maldiciones al por mayor, terminaron teniendo una conversación civilizada. Naruto resolvía la interrogante de Sasuke, a cerca de que a su edad lo que menos necesitaba era un “compañero de juego”.

-¡Exactamente, así fue!

-Ya veo… (Me alegra que lo hiciera)- susurro casi inaudible.

-¿Mmm?- se encontraban sentados frente a frente a la orilla del risco, rodeados de millones de estrellas y el reflejo de la luna sobre el oscuro mar, pese a la oscuridad los iris de Naruto destellaban con exquisita inocencia, cosa que ruborizo a Sasuke provocando que dejara de mirarlo, recostándose sobre la hierba húmeda y contemplando las estrellas, belleza que en ese momento, era la que menos deseaba admirar.

-Nada, solo, olvida.- Sasuke hablaba con tanta calma a diferencia del rubio, esto hacia a Naruto sentirse en paz.
La conversación no se extendió más, pese a los deseos de ambos, a Naruto le llamaban los deberes y a Sasuke los suyos, sin embargo, en nada comparaba la compañía de su hermano y su cuñado a la del revoltoso rubio que estaba consagrado a él. Estos hechos le anegaron de goce durante el sueño, introduciendo en su mente frescas y atrevidas ideas, consistentes en un solo punto, le atraía su rubio “compañero”.



El sol aun no se presentaba en el recinto y Naruto ya se encontraba con Sasuke en el amplio jardín trasero de la mansión, habían quedado la noche anterior, después de horas de bronca, en que se disputarían el titulo de “El mejor con la paleta”, pues según ellos, tanto uno como el otro eran el mejor en la materia.

-Así que… después de todo viniste.

-Por supuesto, no iba a dejar que te quedaras con la gloria sin haber peleado, sin mencionar, ¡que eso no pasara!- Naruto no hablaba como el resto de la gente, prácticamente gritaba al por mayor. Para Sasuke era difícil no irritarse cuando se ponía de necio.

-¿Cómo si fuera a derrotarme un gatito asustado? ¿Ne? (ronroneó)- Naruto se puso rojo de golpe.

-¡No soy ningún gatito asustado!

-Como digas- estiraban sus cuerpos para la dura jornada, contoneaban las caderas y alargaban sus espaldas, la exquisita humedad del sereno era perceptible al olfato y les brindaba una frescura innata que no dudarían en aprovechar a su favor.

-¿Listo?- Naruto sostenía la pelota de cuero en la mano derecha y en la izquierda una rezagada paleta con la que jugaba desde hacia años con sus amigos de la vecindad e Iruka.

-Cuando quieras, gatito- sosteniendo su debida santurrona sonrisa.

Justo en el primer lanzamiento, Naruto estiro todo su cuerpo lanzando la pelota, todo sucedió en cuestión de segundos: el viento agitaba la ropa de Naruto y dejaba al descubierto casi todo su esbelto dorso, Sasuke se impacto ante ese cuerpo, pues las ideas de hacer suyo al rubio rondaban por su cabeza desde la noche anterior y esta revelación dilucido sus dudas y lo apreso en el más obsesivo de los deseos, la lujuria.

La pelota, que se regía a gran velocidad, se estampo duramente en el rostro de Sasuke.

-¡Ja, ja, uno/cero y en el prímer saque!- Sasuke se retorcía restregándose el rostro, el impacto había sido muy fuerte y a punto estuvo de perder el conocimiento, de ser cualquiera se hallaría inconsciente. Sentía a su ojo izquierdo palpitar abruptamente, le sentía desorbitado y sangrante, temió quedar siego, lo cual irónicamente le parecía un castigo propio de andar viendo lo que no le concernía. Una punzada recorrió su frente hasta su nuca y muy a su contra grito desgarradamente - ¡Sasuke!- Naruto le tomo de los brazos, pues Sasuke se movía para evitar que le mirase – déjame ver, Sasuke, por favor, necesito ver.

-No es nada- otra punzada le traiciono, esta vez soporto el grito tensando los dientes hasta casi romperlos y gimiendo asfixiado.

-Por favor…- esta era más bien una suplica y Sasuke no logró perjurar ante eso, abrió lentamente la puerta de sus manos y se enfrentó a un Naruto aterrado –Sasuke, yo… ¡por dios perdóname!

Una turba se acercó despabilada mientras se escuchaba de entre ellos gritos incesantes: Sasuke-san, Sasuke-sama, etc. Al llegar donde ellos le tomaron inmediatamente llevándolo ha la mansión y a Naruto le sostenían marcándole otro camino, Sasuke mantuvo su vista sobre él, la expresión agonizante de pena en su rostro le remordía por dentro, después de todo, había sido culpa suya.

Las sirvientas atendieron a Sasuke como si de una herida letal se tratara, parecían desconocer lo mucho que estaba este acostumbrado al dolor. Mikoto Uchiha se abalanzó sobre de ellas enfurecida, las muchachas se dispersaron dejando a Sasuke expuesto ante la fiera.

-Pero… mi niño, mira lo que te han hecho.

-Madre, estoy bien. No es para tanto – y así era, afortunadamente el golpe no paso a más, sin embargo en apariencia se agravaba por el morado de la piel y la hinchazón.

-¡Será una suerte, para el que te ha hecho esto, sobrevivir siquiera!

-Madre ¿pero que dices?

-Descuida hijo mío, me he asegurado de que reciba su castigo - Sasuke se levanto de golpe.

-¿En dónde esta?

-En… en el establo.

Sasuke literalmente corrió en busca de Naruto, debía evitar su inmerecida pena. Sin embargo para cuando llego, solo ayo al verdugo (un campesino cualquiera) levantando consigo tablas teñidas del rojo sufrir del rubio.

-¿En donde esta? – Sasuke, cual fiera salvaje lo sostuvo de tan pobre atuendo e injurió amenazante.

-Se… se fue, I-Iruka-san se lo ha llevado.
  



-Ese… ¡Maldito Uchiha!- Naruto era curado por Iruka, ambos en la pequeña pocilga abandonada por Dios, que solían llamar hogar.

-¡Naruto!- Iruka odiaba oírle maldecir, según argumentaba, no era digno de él –sabes que no debes hablar así. No maldices la mano que te da de comer- Naruto estaba recostado bocabajo en el petate y aun así temió que su sensei mirara la burla que hacia de sus palabras.

-¿¡La mano que te da de comer!? ¡Por Dios, Iruka-sensei! ¡Con esfuerzos si nos arrojan las migajas que sobran a los puercos!- Naruto se voltio frente a su sensei mostrándole su enfado y decepción abiertamente y lastimándose de paso, pues tenia la espalda cubierta por ardientes llagas y astillas de madero.

-¡Naruto!

-Lo siento- se vuelve a recostar resignado – es solo, que no termino de comprender ¿Por qué tengo que ser fiel a alguien, si no es mi deseo?

-Eso es lo que sucede por no haber recibido la debida disciplina Naruto, pero te entiendo, yo también fui huérfano ¿recuerdas? No tienes porque sentirte humillado, solo piensa que podría ser peor, y sabes a lo que me refiero- Naruto entristeció de momento, al parecer no podía disponer de mejor suerte.

-Lo se pero, ese Uchiha, es tan… irritable. Ashh.

-No se de que te estas quejando, cuando niño te encantaba jugar con él- Naruto reacciono ante el comentario - ¿no lo recuerdas he?... es normal, eras muy joven, dudo siquiera que él te recuerde, pero, de pequeños eran inseparables, estoy casi seguro de que lloraba a escondidas cuando te marchabas.

-Pero… ¿cómo?

-Cuando llegaste a mi, tenia que presentarme al trabajo y eras tan pequeño que no podía dejarte, así que te llevaba conmigo. Desde el principio le llamaste la atención y después no te dejaba por ningún motivo. Me gustaba llevarte porque de cierto modo, sentía que le hacías feliz. Sasuke-kun siempre fue muy callado, de pequeño nadie le atendía, prácticamente le abandonaron, se allana tan solo, como tu…- Naruto miraba extraviado, solo intentando recordar y escuchando atentamente, sin consentimiento, sus ojos se nublaron ante las ultimas palabras de su sensei – después de todo lo que paso y ya que deje de llevarte volvió a ser el mismo de antes, de hecho, fue gracias a ti que la señora Uchiha consiguió para sus hijos esclavos como acompañantes… Es curioso, tú creaste tu propio puesto. –Naruto se disgusto ante esa ultima afirmación, mas aún se hallaba pensante –pero nunca le vi sonreír nuevamente y esperaba su sonrisa volviera contigo. Pero, dudo que eso suceda, no hay nada que pueda perturbar más el corazón de un hombre que la guerra y peor aun, a un niño.

Los padres de Iruka habían padecido en guerras, al igual que los de Naruto, quien no imagino como seria, para alguien, soportar tanto horror siendo tan joven, fue entonces que pensó, que conocer “un poquito” a Sasuke, no seria tan mala idea.
 

4 comentarios :

Anónimo dijo...

¡¡mi pobre Naruuuuuuuuuu!!

kykyo-chan dijo...

pobreeee T_T

Edward Jiraya dijo...

pobeshito...

Sora Tapia dijo...

Pobre Naruto, se que no debo odiar a Mikoto; pero que horror de sociedad, que bueno que ya no existe eso o bueno creo que ahora estamos un poco mejor.
Siempre me llamo mucho la atención el mal de Sasuke creo que se llama el Sindrome de la Guerra del Golfo. sin duda que horror, yo no iria a la guerra por mi país u__u.
saludos ^^

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