Capítulo 15: ¿La sangre llama?

La sangre nos fermenta bajo la piel en un inminente y tortuoso descenso, no nos dice que, no nos da un porque, sencillamente nos carcome hasta que la última gota de lo que alguna vez fue tan rojo y ardiente como brazas en pira se vuelve difuso, tan oscuro y espeso que nos limita hasta el más mínimo movimiento, se torna tan insufrible y agónicamente doloroso, que preferimos morir… a seguir soportándole.

Semejante es su decadencia a su magnificencia y los lazos que une son igualmente… irrompibles…






-Muchacho… tu… - al entrar en la sala Naruto fue testigo de algo inimaginable; el llanto de una reina -…¿Cuál… cuál es tu nombre…?- aún no disponía del vino sobre la mesa y la reina ya era un mar de llanto, al mirarla él mismo quedó paralizado, jamás imaginó poseer tal honor, preceder a la reina, estar a su lado, era como un sueño hecho realidad. Más para su ingenuidad, no lograba comprender… ¿Por qué lloraba?

-Uzumaki, Naruto Uzumaki su alteza… - acompaño su presentación de un reverencia y tras ella recuperó su cordura -¿En qué puedo servirle?

-Tranquilízate muchacho… la reina está afligida, será mejor que le des un respiro…

-Ha, entiendo, ¡con su permiso, me retiro!

-¡No!- no había dado ni media vuelta el muchacho, cuando la reina mostrando una naturalidad inaudita detenía su retirada –Por favor… quédate… - esa mirada, una que nunca imagino, una que nunca nadie le había dirigido, la mirada melancoliza, sufrida y repleta de ansiedad ¿Esa era la mirada de una madre?

-Por supuesto… alteza.

-Vamos muchacho, toma asiento, quizá la reina se decida a seguirte…-Fugaku mostrada demasiada cordialidad y discreción en las miradas, incitaba a cada movimiento al rubiales a ser cómplice de un acto impropio y desconocido para la víctima, Naruto no sabía… ni que pensar.

-Uchiha…- la reina retornó a su asiento una vez se hubo sentado el muchacho, recuperando con ello su calma y su temple –déjanos…

-Enseguida… si se les ofrece algo, estoy a su completa disposición. –Fugaku echo una última mirada a la sala antes de cerrar las puertas tras de sí, la mirada de Naruto le dedicaba una completa incertidumbre y la de la reina una completa impaciencia… al salir con tales miradas como demanda se mostro plenamente satisfecho.

-Dime… Naruto, ¿Qué es de tu vida?

-¿Perdón? – La reina comenzó la conversación con una rara sonrisa en su rostro (extremadamente calmada) y una pregunta para la cual Naruto no tenia respuesta, ahora su peor temor era que la realeza lo creyera estúpido, su nerviosismo lo hacía sudar y formular en decimas de segundo innumerables ideas, todas y cada una más descabellada que la anterior, pero con un pensamiento único en común (¿por qué…?)

-Jajajajaja… debes de estar muy confundido, tranquilo, ¿Está bien?

-Si-si su al-alteza- ahora hasta tartamudo era.

-Te confesare algo, odio que me llamen así…

-¡Lo siento, discúlpeme, no era mi intención, yo solamente…!

-Shhh! Valla, pero que timbre de voz el tuyo hijo…

-Lo-lo siento… (Susurro)- Su incauta perplejidad le obligó a hundir su cara en sus hombros y mirar a la reina hacia arriba, era como si se encogiera…

-¡Jajajajaja! ¡Tú sí que eres encantador!- Ahora se cubrió de bochorno –lo que quería decir, es que no me gustan las formalidades. Veras Naruto, no soy una persona compleja y me encantaría que me llamaras por mi nombre… -ahora el rubio sonreía estúpidamente, no sabía porque los nobles parecían estar acomplejados con sus nombres, pero tenía en mente que el llamar a alguien por su nombre era una buena señal… - sólo Tsunade… ¿De acuerdo?

-¡Claro!






-¿Has visto a tu padre?- La cena familiar de los Uchiha estaba por efectuarse, y aún no estaban presentes dos de sus integrantes principales.

-No madre, no le he visto… -Sasuke estaba alterado, (la familia se encontraba en el comedor principal de la casa) miraba hacia todas direcciones con suma impaciencia, tendencias únicas de un enamorado.

-Me parece que está al otro lado de la mansión...- Deidara se unía a la conversación con gran tranquilidad, la hora de conocer al líder de la familia había llegado, y por mucho que le cerniera la fatiga se había dispuesto a mostrar sus mejores galas y modales a su nuevo padre –ha ido a buscarlo Itachi, supongo que no tardarán.

-Sé que es mucho para ti someterte a esta entrevista, así que si te sientes mal, no importa el momento, házmelo saber por favor, para mí será un placer atenderte.- el temperamento de Mikoto como madre era sumamente delicado, trataba a Deidara con extrema cordialidad. Sasuke atribuía tal condescendencia a que ella era la única en toda la mansión capaz de entender los malestares del embarazo.

-Muchísimas gracias… ¿Itachi? – Desde el otro lado del inmenso comedor, Deidara se percató de la presencia de su amante y con ella de su estado, anonadado -¿Estás bien?

-Si… estoy bien.

-¿Y tu padre?

-Lo siento mamá, él no podrá acompañarnos esta noche… está… ocupado.

-¿Cómo que ocupado? ¡He planeado esta cena durante semanas! ¡¿Qué puede ser tan importante como para no atender a su familia?!- La rabia solía segar con frecuencia a Mikoto y como acto nacido del coraje se disponía a salir corriendo en busca de su marido, pero…

-Déjalo… no vale la pena.- En medio de su caminata Itachi le hizo del brazo y con una mirada gélida (de esas que no veía hacía mucho tiempo) la detuvo. Incluso Deidara reconoció en esos ojos al ser que más odiaba en el mundo, ¿Cómo había sido capaz de llevarlo tantos años atrás su padre en tan poco tiempo? ¿Qué le habría dicho… para volverlo loco?






-¡Claro Tsunade-sama, para mí sería un honor! –El rubiales y la rubia reina habían hecho de un simple dialogo una amena conversación.

-No lo sé… ¿Qué me asegura que serás un buen soldado? – se la habían pasado jugando con las palabras, las miradas y las risas.

-¡Le doy mi palabra! – Naruto se emocionaba tanto con el jugueteo que su impaciencia, digna de un niño pequeño, no dejaba nada al aire. En este último arrebato de inquietud saltó del sofá y apresó sus puños con fuerza, así como cernía sus dientes blancos en su amplia sonrisa.

-¡Siendo así…!- la reina compartía con él dicho brío, su comportamiento también enérgico y desbordante no tenía cabida a su posición y al igual que el chico se deshizo de su asiento e irguió poderosa a frente al muchacho – no siento el más mínimo titubeo al entregarte esto… - y despojó su pecho de la pobre gargantilla que la engalanaba.

-¿Qué… qué es eso?

-Esto mi querido muchacho, es tu pasaporte a la grandeza… – y desplazó suavemente el cordón alrededor del cuello del jovencillo, quien la miraba a ojos y boca abiertos – este colguije posee poderes que ni siquiera imaginas… - mayor era su impresión a cada palabra – ha sido posesión de los guerreros más fuertes del reino entero…

-¡¿Yondaime-sama?!

-Aja…- la reina poso sus brazos sobre los hombros del joven al escuchar esas palabras, a la vez que asentaba con su sien y sonreía de la misma manera que al principio de la velada, sus ojos se llenaron de involuntarias lagrimas y la felicidad relucía en su rostro inaudita.

-¡Wow!... ¿Y ahora es mío?

-Tooodo tuyo…

-¡Lo haré Tsunade-sama! ¡Se lo juro, seré el mejor soldado del reino entero!

-Por supuesto que lo serás… -y después de tanta risa, la magistral sonrisa se desvaneció –ahora… debo irme.






Al final de las horas…

La velada se vio frustrada, ninguno de los presentes quiso cenar… el único que se quedó en la mesa fue Sasuke; recargaba su cabeza en sus manos y sus codos en la pulcra madera, era como si su sentir fuera realmente pesado. Los sirvientes habían permanecido incautos toda la noche, estuvieron de pie junto al comedor como esperando una orden o que la velada siquiera comenzara… solo uno fue llamado.

-Iruka-san…

-Dígame joven Sasuke-sama…

-¿Has visto a Naruto?

-De ser sincero… creí que usted sabría en donde estaba.

-¿Por qué habría de saberlo? – la pregunta quedó al aire… ninguno sabía en donde se hayaba el rubio… - déjalo, yo lo busco… - todo apuntaba a su padre y no estaba tan equivocado.






Al otro lado de la mansión un jovencillo rubio era emancipado por Fugaku, quién vio partir a la reina sumamente complacida, con ello, el rubio ahora era merecedor de cualquier deseo.

-¿Qué debo hacer con la ropa, Señor?

-Consérvala Naruto-kun, te será de gran utilidad, créeme…

-Pero, señor, no puedo quedarme con esto, es muy…

-¿Qué? ¿Piensas rechazarme un presente?

-Mmm… No señor, gracias… - Una leve inclinación y el rubiales se hizo a la fuga. La noche casi alcanzaba su punto más alto, debía volver por sus prendas antes de que la hora de volver a casa fuera una realidad… para su fortuna o desgracia, el único lugar seguro que consideró para cambiarse y ocultar su vestimenta era… la habitación de Sasuke.

Una vez llegando a ella comenzó a desvestirse, la fortuna le sonreía, pues según sus cálculos, la cena apenas empezaba… lamentablemente el cálculo le fallo.

-Te estuve buscando…- Sasuke entraba en su habitación como hacía en todas, sigilosamente. Naruto no había advertido su presencia, su sola voz le había paralizado.

-Sasuke… - en un estado semidesnudo, con sus pantalones como única mascara, su sorpresa y los rayos de luna delineando su cuerpo, no podía esconder mucho...

-Le dijiste a Iruka que estarías conmigo… -Sasuke estaba molesto, bastante cólera le había causado el incidente familiar, como para tolerar las mentiras del rubio -¡¿En dónde estabas!? Y ¿¡Con quién!?

-Yo… -Naruto estaba entre la espada y la pared, era el juramento de silencio que había guardado a Fugaku, o el amor que profesaba al hijo –solo andaba por ahí…

-¡No me mientas! – de momento fue como si algo explotara dentro de él, se doblaron sus rodillas e inconscientemente camino hacia atrás y agacho la cabeza… sus cabellos se balanceaban sobre su frente y sus pies sin fuerza le dejaron caer sentado sobre la cama. En verdad la carga era muy grande - ¿Por qué me haces esto a mi? ¿Por qué tu…?

-¡Sasuke…! ¿Qué… qué te hice? – Naruto se aproximo a su colérico amante, estaba tan decaído emocionalmente, era como volver al pasado y verle perdido y desorientado. Se hinco frente a él para poder verle a la cara, le sonrió y abrazo como tantas veces había hecho antes… - perdóname… es solo que, ya no sé, ni que pensar.

Sasuke levantó levemente el rostro, lo suficiente como para mirarle, acercó con cautela sus labios a los otros mientras se miraban, el encuentro fue tan lento. Rosaron sus narices antes de impactar suavemente sus labios en un jugueteo que comenzó con leves roses, un labio al otro paulatinamente, un beso integro y uno aberrado…

-Ven aquí… - Sasuke colocó el cuerpo de Naruto sobre el suyo. Mirarle a la luz de la luna le había hecho olvidar todo percance y el sentir completamente la piel de su joven amante le avivaba las venas, respirar su aroma, su aliento y palpar sus carnes tibias en discordancia con la noche fría… la chispa de sus bellos al rosarlos y sentir como aquellos brazos y ese pecho se erizaban al tacto, estaba a cada instante a un paso hacia la locura.

Recorrió con la yema de sus dedos el cuerpo de su amante desde los tobillos a los labios, recorrió cada milímetro con suma delicadeza, cerró sus ojos y pego a su pecho el pecho opuesto en un contacto sumamente caliente y placentero. Naruto le respiraba en el cuello, propinándole un cosquilleo enardecedor… las yemas de sus dedos recorrieron la espalda rubia con extrema lentitud, enroscaron en toda la longitud de los dedos el cuello y finalmente los cabellos… era como si todo lo que conociese acabara y solo permaneciera el respirar del otro acompasándose al propio y un loco corazón golpeándole por fuera de su pecho en una unión inquebrantable…

-Sasuke… - al final en el que se pierden todos los sentidos… una palabra retrae el oído y le estremece – me voy contigo…
 

1 comentario :

Sora Tapia dijo...

Que nervios, el plan de Fugaku inicia; Sere una aguafiestas pero, es mi tercera vez leyendo este FF y me encanta recordar los capitulos XD.
Como me encanto el final "Sasuke....me voy contigo"
Pobre Itachi TT^TT

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