Capítulo 8: La promesa que te hice... segunda parte

Pasados unos días, sin dirigirse palabra, sin mirarse, sin tocarse, solo coexistiendo.

Itachi dejaba los restos de sus comidas al alcance de Deidara, más este se rehusaba a comer en su presencia, algunas veces pasaba por su mente la idea de matarse de hambre, pero la esperanza le hacia tomar cada noche las sobras del capitán.

Itachi no se atrevía a tocarlo, seria como sentenciarlo a muerte, pues estaba seguro que de tomarlo a la fuerza, el muchacho no amanecería, admiraba su fortaleza y le temía, desconocía el alcance de su voluntad. La primer noche, pensó que le mataría mientras dormía, pero no hubo movimiento alguno en la carpa.


En ocasiones, Deidara pedía su aprobación para asearse o llevar a cabo sus necesidades más básicas, Itachi, obviamente no se rehusaba y acompañado de un escolta era llevado hasta un rió, en donde se aseaba cauteloso, puesto que el escolta le miraba lujurioso al desnudarse, más nunca le tocaba, al parecer respetaban mucho a su capitán, que más daba hacerse de un reo para desfogarse, a fin de cuentas, ya había sido del capitán (es lo que creían), que mas daba, pero aún así, el respeto que le profesaban era mayor a sus pensamientos o impulsos. A Deidara le impresionó muchísimo semejante conclusión.

     
-Tanto asco te doy, ¿que prefieres morir antes de copular conmigo? – una noche el deseo venció a Itachi, tenia que liberar las ansias de su entrepierna y esperaba poder disponer del rubio.

Deidara no le contestó, estaba nuevamente en un costado de la carpa y era acosado por Itachi muy de cerca.

-¿Tienes tanto por perder? – Itachi sostuvo el mentón del rubio y lamió una mejilla repleto de lujuria, terminando la caricia en el oído – te gustara, te lo aseguro…- Deidara prestaba oídos sordos a las insinuaciones, le ignoraba cuanto podía. Itachi mordió el lóbulo de su oído, y este para no gemir, tuvo que morder su labio.

Itachi opto por distanciarse y al verle, con ese gesto de enfado y el rubor de sus mejillas ¡Santo cielo! Ese muchacho le volvía loco, le deseaba, pero no podía tomarle a la fuerza, quería que fuera suyo, pero no si ello representaba su muerte. Una idea apreso su cuerpo y este se dejo caer imprevisto sobre el chico. Deidara de exalto, tenia al Uchiha totalmente recargado en el, con su cabeza oculta en su cuello y pudo distinguir, horrorizado, como este llevaba una mano a su entrepierna, como la mecía lentamente de arriba abajo y comenzaba a gemir sobre de él.

-Aaaaa, mmm – Itachi estaba loco, se masturbaba restregando su cuerpo tanto como podía sobre Deidara, le deseaba, le necesitaba, pero no debía tenerlo, estaba desesperado. Deidara no cabía en su espanto, un lunático se autosatisfacía sobre de él, nada podía causarle mayor repulsión, pero sentía su respiración esporádica, su cuerpo meciéndose lentamente al ritmo de su erótica voz, que entre ruidos reclamaba el clímax. El cuerpo de Itachi se convulsionaba, se divertía de lo lindo consternando al símbolo de su deseo, tanto que no pudo soportar las ganas de  mostrarle su rostro, colocó sus ojos frente a los azules de Deidara, mirando su sorpresa y satisfaciéndose más rápidamente a cada segundo. Deidara sentía que se quedaría sin aire, podía sentir el calido aliento de Itachi restregar contra sus narices y veía sus ojos avivados de lujuria - ¡Aaaaa! – un espasmo orgásmico sorprendió a Itachi, recargando su frente nuevamente en el hombro del muchacho, sus movimientos aceleraba, estaba cerca, palpaba el orgasmo venidero. Rozó con sus narices el cuello ahora sano de Deidara, (a este se le rizó el cuerpo entero ante el acto) y no pudo evitar morderle, obteniendo a su paso, el gemido de dolor más armónico que jamás haya escuchado.

-¡Haaaaa…! – solo un grito del rubio le basto para llegar al clímax sobre sus manos.

-Mmmm… - Itachi descanso un instante sobre el joven, después se incorporó, sonriente, con rastros de saliva sobre sus labios, mirando entrecerrado al muchacho atónito – delicioso…



Parecía que las cosas no podían empeorar, Deidara se excitaba ante las demostraciones obscenas del capitán de los Anbu, se sentía mal consigo mismo por reaccionar ante los desvaríos de Itachi, parecía que perdería la cordura ante sus insinuaciones, pero la verdad era, que se equivocaba. Itachi era un hombre muy altivo, generaba testosterona por galones y el estrés de las batallas no le alteraba con facilidad, para ello, debía mantener un riguroso calendario en cuanto a su liberación de estrés y simples masturbaciones no eran suficientes para su ardor.

Una noche trató de poseer nuevamente a Deidara, lo atajó contra el suelo y se moto en él posesivo, tocándolo y restregándosele. Deidara parecía tan acostumbrado a las insinuaciones, a las mordidas, a las caricias por encima de la ropa, que ya no se inmutaba ante la volubilidad del Uchiha, solamente se estaba quieto y se dejaba hacer, resignado, mirando siempre hacia otra dirección, esperando a que el martirio cesara. Itachi desesperó ante su apaciguamiento, no soportaba su indiferencia y estalló enfadado, lo lanzó con facilidad contra la carpa, la cual a penas pudo sostenerlo. Itachi se puso de pie y le miro como a un insecto al cual aplastaría. Salio de la carpa colérico, pasados unos minutos regresó, más no volvió sólo, traía consigo a una mujer de unos treinta años, de cabellos castaños y largos hasta la espalda, vestía un desgastado camisón largo de cuello a pies, sucia y descuidada, seguramente rehén de guerra al igual que Deidara. La sentó frente a Deidara, como a un metro de distancia, se miraron compasivos, aunque la mujer parecía envidiar su suerte, Deidara a de menos estaba limpio y bien comido.

Itachi se hincó tras la mujer, recorrió sus cabellos del cuello y comenzó a besarle con dulzura, mirando fijamente a Deidara. No lo podía creer, ¿A que jugaba ahora el Uchiha? Las tupidas pestañas de sus ojos, rojos apasionados, le reclamaban. Itachi acariciaba los pechos de la mujer, los frotaba ardiente y posesivo, con suavidad y destreza. La mujer no pudo soportar las caricias y sonoros gemidos de placer escapaban de su ceca garganta. Itachi trasladó una de sus manos a su sexo, la mujer se convulsionó placentera – Haaaaa – Itachi masajeada a la mujer incesante, le procuraba un éxtasis infinito, quizás desconocido para tan desdichada mujer, pues nunca había experimentado tanto placer.

Sus miradas se perdían, Deidara en su asombro e Itachi entre reproches. Teniendo gemidos de mujer como ambientación, la atmósfera era tensa, se miraban directos y rudos. La mujer no paraba de aullar, sostenía insistente las hábiles manos de Itachi, sudaba a conciencia, se sentía perdida en un mundo de exquisitas sensaciones. Itachi sostuvo sus caderas, interrumpiendo el masaje, la abalanzo sobre Deidara, haciéndolos quedar cara a cara, los rehenes se miraron y se repudiaron mutuamente, la joven trato de besarle… - ¡Haaaa! - más la potente embestida de Itachi se lo impidió, haciendo que su rostro cayera sobre el pecho de Deidara.

-Haaa… si… si – Itachi la embestía armoniosamente, seguía un ritmo digno de una cascada y callado, mantenía su mirada clavada en los iris de Deidara - ¡Si… si… haaa…! – Deidara estaba asqueado, la mujer se retorcía entre sus brazos, era una esclava, una invalida, desafortunada, que era tomada a placer por los hombres sin cesar y aún así, no podía sentir pena por ella, pues, lo disfrutaba, se regocijaba entre los brazos de Itachi, le rogaba, le pedía a gritos más, ¡¿Cómo podría compadecerla si la repudiaba con todo el asco que le era posible sentir?!

-¡Haaaaaa! – un último grito, una última embestida e Itachi llevó a la mujer al cielo. Deidara frunció su rostro ante su placer, la mujer le abrazo tímidamente, descansando sobre su pecho y Deidara le sostuvo piadoso con fuerza, lloró por ella y por su perdición, por no valer nada, ni para ella misma.

Itachi acomodó su cinturón y sus cabellos, se sentó en la paja y les miro, abrazados, tristes y penitentes, sintió la furia recorrer sus venas, pues al contrario de lo que quería, el muchacho le repudiaba aún más.

Esa noche Deidara no paró de acariciar los cabellos y abrazarse con fuerza a una durmiente mujer, que no volvería a ver jamás.
     








Después de esa noche, las insistencias de Itachi cesaron. Su convivencia era nula, pero hasta cierto punto agradable, tanto a uno como al otro, les confortaba sentirse acompañados, aunque fuese de la persona que más aparentaban detestar.
    








La guerra se extendió hasta el campamento, los rebeldes prepararon a los Anbu un enfrentamiento especial, se acordó una pelea en un punto céntrico del bosque, ambas partes de la rebelión parecían satisfechas, sin embargo, el día del enfrentamiento…

-Esperen… - Itachi guió a sus hombres hasta un punto cercano al acordado, el batallón era inmenso, casi toda su mesnada se encontraba presente en la batalla, tenían la esperanza de dar por concluidos los duelos con esta gran revuelta – Algo no esta bien… - Itachi montaba un corcel blanco, cerca de la mitad del escuadrón andaba a caballo, el resto a pie.

Itachi alzo su mano al viento en señal de alerta, sentía que algo no encajaba, estaba inseguro, juraría que les vigilaban.

-¿Sucede algo, capitán? – Itachi miraba hacia todas direcciones, levantó su mano a altura de su hombro ordenando el silencio. Aló el arnés de su caballo y este se alzó virtuoso sobre sus patas traseras.

-¡Ataquen! – Itachi era él mejor dirigente de su era, detectó fácilmente una emboscada enemiga, tomando a los rivales por sorpresa. El regimiento se abalanzó potente contra la maleza del bosque en busca de rebeldes, no necesitaban cuestionar la decisión de su capitán, confiaban ciegamente en su instinto. Lamentablemente, Itachi cometió un error, se fió de la inmensidad de su ejército para contraatacar, sin pensar siquiera, que el regimiento enemigo era mucho mayor en número.

La contienda se llevo a cabo casi como se había previsto, de no ser por la desventaja numérica de los Anbu con respecto al oponente, Itachi habría estado más confiado y el estrés no le habría ocasionado un descuido, momento en el que uno de sus rivales le propinó una estocada sobre la pelvis, justo bajo la costilla, Itachi arremetió verdugo desmembrando al sujeto en cuestión de segundos.

Pasaron cinco minutos y el mundo se le nublaba, logró distinguir su caballo y montarlo, la sangre se escurría en su abdomen, amenazando con el desvanecimiento y con su ultima bocanada de aire ordenó a sus hombres << ¡Retirada! >> blandió su espada hacia una dirección y el batallón entero le siguió.

Los sobrevivientes llegarón al campamento exhaustos, padeciendo lentamente malheridos, e Itachi no era la excepción, desmontó el corcel justo frente a su tienda, descendió de él a duras penas recargando su peso de costado y esperando la gravedad hiciera el resto. Entro a esta arrastrando los pies, sudaba notoriamente, su rostro palidecía con rapidez, su temperatura descendía y su respiración se aceleraba.

Deidara le miró entrar, intrigado, el tumulto causado por las tropas era perturbante y la imagen convaleciente de Itachi terminó por darle un puntapié en la garganta.

-¿Te encuentras bien? – Deidara se aproximó a él intentando ayudarle, pero Itachi le arrojó lejos al sentirlo cerca.

-¡No es nada… estoy bien! – la espada casi le perfora un pulmón, no podía respirar, tenia rota una costilla y la herida era lo suficientemente grande como para desangrarlo. Tomó telas y las colocó en la herida, vació sobre si la bandeja de agua para limpiarla y se horrorizó al ver su interior, probablemente su cuerpo no soportaría la infección del acero o la hemorragia, ese era su fin, sonrió irónicamente al sentirse tan perdido y perdió el conocimiento debido a la fiebre.

-¡Itachi! ¡Itachi!
 

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Geniall~
Naruu Villaa

Anónimo dijo...

ahhhhhhhhhhhhhh Itachi!! Itachi!!! (al menos sé que está vivo) TwT concuerdo con Deidara...aun así siento compasión por aquella mujer que incluso había ya perdido la dignidad...pobre...
Nadywing

Sora Tapia dijo...

Que cosas, este es de los capitulos mas fuertes que he leido. Pensar que sucesos asi son tan veridicos, que horror, como adoro la realidad de tu historia.
Ame a Deidara, el siempre con toda la dignidad del mundo.
saludos ^^

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