Capítulo 24: Tsukuyomi y Susanoo

Pasaron unos días, y en palacio se había hecho cada vez más notoria la presencia del “príncipe”, pues el joven rubio se paseaba desde el amanecer hasta el punto más alto de luna por todos los alrededores de palacio. Durante su travesía, no solo había memorizado cada una de las pinturas, y en donde se hallaba cada habitación, también había descubierto, lleno de entusiasmo, un sinfín de pasadizos “secretos”. A Shikamaru le costaba trabajo seguirle el paso, pues muchos de estos caminos eran desconocidos por la plebe.

-Naruto-sama… - una mañana en la huerta, mientras el rubiales se escabullía intentando evitar a la guardia real, se vio descubierto por una ya añeja amiga.

-Ten-Ten – al instante se hizo obvia su impresión.

-Tranquilo, no voy a delatarlo… - La joven portadora de una canasta no solo era su amiga, también era su cómplice - ¿Gusta una manzana?

-Gracias… - Naruto tomo la manzana y se dispuso a hacer lo que mucho le apetecía, dormir en la huerta.

-Ande con cuidado majestad… - la muchacha hizo una reverencia, le dio una sonrisa al ya recostado monarca, y desapareció…

Bastó con que el rubio diera la primer mordida a la manzana, para que algo llamara su atención. No era más que un halcón negro pavoneándose en el cielo, agitando sus alas y entonando un silbido estremecedor.

Justo en el momento en el que el príncipe intentó levantarse, impulsado por esta ave asechadora, cayó en cuenta de la sombra que le cubría, de la presencia que yacía a sus espaldas…

-Buen día…

-…?

-… su majestad.





Era ya una semana desde que partió de casa. En su mente deambulaban penitentes las ideas de abandonar su puesto, cambiar su vida, olvidar, ¿cómo le sería posible olvidar?

Estos últimos días, en los que se había impuesto la vida de un pagano, intentando comprender semejante encrucijada, (pues sin querer había dado con el borde de un abismo como lo había hecho tantas otras beses, con la única diferencia de que esta vez nadie le detendría al caer) pernotó en un solo sentimiento, la soledad, aquella su amante celosa que no le dejaba andar sin su tormento, pretendiendo absorberle hasta el último de sus alientos, aquella a quien odiaba. Encontró sentido a sus acciones a través de ella, el reconocimiento, el aprecio, el amor, todos y cada uno de ellos encandilados por el odio… por el miedo a estar solo… creyó ver en su hermano un amigo eterno, y en Naruto, el amor, la entrega y el todo. Deseaba en medio de su inmundicia olvidar la soledad, e ingenuamente lo creyó posible y sin embargo ahora no le quedaba nada, ni el amor de los suyos, ni el respeto por sí mismo. Era su conciencia una hoguera y su amante una insana consejera.

Había cambiado sus ropas por harapos y vendido su espada, no quería de su pasado ya nada. Se apropio de un nuevo nombre y engalanado por su corcel (lo único de lo que no fue capaz de despojarse) había recorrido imperceptible todos los caminos de sus tierras, para terminar adentrándose a las tierras de nadie, posesiones de inmundos marineros y piratas, costas lodosas y saladas, el único lugar en el que podría pasar desapercibido, un lugar en el que podría pensar.

-Oye, mira eso…

-¡Madre mía! ¡Pero que hombre más atractivo!

-Es una lástima que vista semejantes trapos.

-Si lo que me gusta no son sus paños. Mira nada más que ojos.

-Válgame, que si tiene mirada de rey…

-Pues hazte a un lado que voy a ver que se le ofrece al “señor”.

-Pesada… - Había sido una tarde nublada y húmeda, como lo era habitualmente en la región. Los fríos y las constantes tormentas orillaban a los marinos a entrar en tabernas en busca de refugio y abrigo, tal era el caso de Sasuke, quien guiado por la sed y el hambre, al ser alcanzado por la noche y la tormenta, se introdujo en una de las muchas tascas que rodean los puertos.

-¿Sé te ofrece algo? – apenas se quitaba el capuz cuando ya la muchacha le recibía por la espalda. Volteo a mirarla desconcertado, pues no había tenido mayor contacto humano desde hace días y para colmo, la informalidad en la que le hablaba le resultaba desagradable.

-Claro, ¿Tienes alguna bebida caliente?

-¡Por supuesto! – “¿En dónde cree que esta?” - ¿Te parece un poco de té?

-Es perfecto, gracias… - sin mayor intención, siempre confinado a sus adentros, Sasuke dio la espalda a la joven y procedió a sentarse en una de las mesas vacías.

-¡No puede ser!

-¿Qué ocurre?

-Está pero si bien loco. Figúrate que me ha pedido un té caliente.

-Jajajajaja… Valla que te salió bueno el galán.

-Hay, ¡Ya cállate! Y mejor encárgate de esto, en un rato vuelvo.

-¿Pero a dónde vas?

-Con el droguero por hierbas para el té.

-¿¡Vas a darle gusto a un zafado!?

-Zafado, demente o loco, llámalo como quieras, pero simplemente no puedo decirle que no. Tiene algo que, no sé, me resulta familiar…

-Yo creo que a quien se le zafó algo es a ti. No puedes dejarme sola atendiendo, solo por darle gusto a un cliente, y menos ahora en medio de la tormenta, ¡el lugar está a reventar!

-No dramatices que no demoro… - y la muchacha se abrió paso entre el tumulto para salir del establecimiento.






-¿Quie-Quién eres? – El joven príncipe, pávido se apresuro a cuestionar, pues apenas si podía ver una silueta oscura abrumado por los rayos del sol.

-Yo, su majestad… - el desconocido alargo su brazo derecho y ergio con fuerza su pecho para terminar flexionando su cuerpo a forma de reverencia al tiempo en el que el halcón se posaba en su brazo – soy su más humilde protector, miembro de la guarda secreta, al servicio de su majestad desde tiempos inmemorables. Disponga de mí a su voluntad y beneficio. Haga el favor de llamarme Sai.

Naruto enmudeció ante tan galana presentación, pues hasta este momento ninguno de los miembros de su sequito le había jurado lealtad, como debían hacerlo llegado el momento de su coronación, y por ello el latente desconcierto de su mente era representado fielmente por su rostro.

-Mucho gusto, Sai. – sin mayor respuesta Naruto solo atino a hacer lo único que creía correcto, estiro su mano y su palma esperando estrecharla a la par que brindaba una sonrisa. Este acto tan poco digno de un monarca desatino al joven guardián, quién para sorpresa de ambos, desconocía tan peculiar saludo. E incapaz de contener su curiosidad preguntó.

-¿Qué significa? – señalando con la mirada la palma extendida y vacía de su señor.

-…. – A Naruto se le fueron como chispa las ideas – Bueno, mira; extiendes tu mano, - el joven moreno intentaba seguir sus instrucciones – luego entrelazas las palmas… así – una vez le hubo tomado de la mano, notó en el joven una severa perturbación, “Quizá un príncipe no debería estrechar la mano de sus soldados”… - la agitas… y ya. Eso es todo. – cuando lo hubo soltado, perdido, el joven no paro de contemplar su mano. Naruto no sabía que hacer, el acto era tan perturbador para el soldado como lo era para él, sin mencionar que al verle, el recuerdo de Sasuke le abordo al grado de quitarle el aire.

-¡Jaja! ¡Lo encontré! - Como campana que salva el día, se dejo escuchar la voz de Kiba a lo lejos, pues junto con Choji y Shikamaru habían estado buscando a su desaparecido príncipe. Al escuchar este anuncio los tres guardias se adentraron a la huerta, todos, sobra decirlo, desde diferentes direcciones.

-¡Suficiente! ¡Si vuelves a desaparecer, Naruto, tendré que encadenarte a tu alcoba! – Shikamaru era el encargado oficial de la seguridad del príncipe, y esta condición tan demandante provocaba en él arranques repentinos de inquietud, y si bien esta conducta no era típica de él, tampoco lo era el ser amenazado por la reina con frases como: “Perderás la cabeza si algo le pasa…”

-Tranquilo Shika… no iba a ir a ningún lado… - el rubio no sabía como excusarse, la neurosis del soldado era mucho mayor a la de su anterior sustento.

-¡Nada! ¡No tengo forma de explicar a Tsunade-sama el por qué no estás en el comedor merendando a su lado en este preciso momento! – sí, su neurosis era descabellada.

-Lo siento, lo siento… ya voy… - y el rubio, sonriente, dio media vuelta.

-¡Momentito!... – tink… descubierto en medio de sus diabluras… - vístete de forma decente primero…

-A la orden comandante… - haciendo una burla el repentino cambio de lugares.

Sai había permanecido pasmado unos segundos antes de que siquiera se percataran de su presencia y de que pudiera comprender semejante conversación, nada cuadraba, los guardias se dirigían al máximo emperador de su imperio como si se tratase de un cualquiera o un niño. Simplemente no podía entenderlo.

-¿Qué no eres tú Namikase-sama? – quitado de la pena, como lo eran todas sus acciones, el soldado de tez incolora señalo con innata curiosidad al rubio de tremendos ojos azules. Fue entonces que sus compañeros se percataron de su presencia.

-¿He…?

-¡¿Sai?!

-¡Sai! ¡amigo! ¿¡En dónde has estado!? – kiba exteriorizó en nombre de todos sus compañeros su nerviosismo, Sai era bastante respetoso para con la monarquía y no sabía nada en cuanto a guardar secretos se refiere (eso creían). Declararle que la relación de la guardia real con el joven monarca no era exactamente la de un amo y sus siervos, sería como decirle al oído a la reina que sus soldados de confianza no respetaban, como era debido al futuro rey. – Nos tenias muy abandonados, te fuiste sin decirnos nada…

-No tenia porque hacerlo… - también era extremadamente sincero.

-No se trata más que de un juego, Sai – intervino Shikamaru – su majestad aún no se siente cómodo con la formalidad de su posición. Nos ha pedido dirigirnos a él como a un viejo amigo… - esto último lo dijo sonriendo a Naruto.

A Sai le revoloteaban los ojos, la confusión no había terminado, pues no entendía de juegos y formalismos, para él ambas palabras eran imposibles de combinar en una oración.


Naruto se retiró con sigilo dejando a sus guardianes con el problema que ocasionó. Era algo a lo que se rehusaba entender, le faltaba tiempo, o sabiduría para asimilar toda esta situación. Él no sabía lo que debía de hacer la mayoría del tiempo, ni siquiera sabía comportarse correctamente ante la mensa. No hacía distinciones entre soldados de clase y servidumbre y sentía muy en el fondo, que el puesto (de rey) le quedaba grande.






-Aquí tienes… - una vez preparado, la joven moza de la tasca le entregaba a Sasuke un tazón de barro con té negro.

-… - no le dirigió la palabra, solo tomo el recipiente y sediento lo encamino a su boca, sin embargo el sabor era demasiado fuerte y la textura insípida, sintió ganas de escupirlo, mas en cambio lo bebió hasta no verle fondo con un gesto tenso y crispado en el rostro.

La muchacha, que no dejaba de mirarlo, se impresionó ante este acto, esperaba una sonrisa o la calma, dignas de su rostro, y en su lugar no tenía más que sombras y pesadumbre acompañadas de gestos crispados. La curiosidad le carcomía, tubo que morder sus labios para evitar hablarle, los mordió hasta dejarlos rojos como manzanas, momento en el que no pudo contener el habla en sus pulmones.

-Disculpa… - se inclino ligeramente sobre la mesa para atraer la mirada de Sasuke, quien al parecer contemplaba el piso - ¿No te he visto por aquí antes…?

-No lo creo… - solo contestó, se rehusaba a mirarla.

-Perdona, es solo que me recuerdas a… - a alguien intentó decir, más una fugaz memoria le dio nombre a ese “alguien” - … ¡Lo tengo! ¡Eres idéntico a Tsukuyomi! – al escuchar este nombre Sasuke reaccionó impulsivamente, se puso de pie tan bruscamente que el sonido provocado por la mesa y la silla que empujo, silenciaron de inmediato el lugar entero atrayendo la atención de todos los presentes, sin embargo esto no le contuvo. Aló el brazo de la muchacha con fuerza y con tosca voz y las pupilas dilatadas…

-¡Dónde… ¿de dónde has sacado ese nombre?!

La muchacha asustada, hizo un tremendo esfuerzo para contestar y no doblarse de dolor, pues el Uchiha no sabía contenerse y le lastimaba verazmente.

-Es un cliente, un cliente solamente… - las lagrimas de la joven y el repentino acercamiento de los marineros hacia él le obligaron a recuperar la cordura. Soltó de un soplo a la joven y al instante inclino el rostro…

-Discúlpame… - levantó la mirada nuevamente y en un gesto increíblemente rápido tomo el brazo de la muchacha el cual acarició – toma asiento por favor… - la joven, confundida no decidía sus acciones, el rostro del joven le resultaba tan sublime que le era imposible negarse.

-Estoy trabajando… - le dijo bajando la miraba en la cual se engalanaba un rosado rubor, difícil de disimular.

-Te lo compensare, pero por favor, necesito hablar contigo… - Sasuke era un experto chantajista y el frágil corazón de la joven no tardo en caer rendido a sus pies. La muchacha se sentó a su lado acariciando su lesionada extremidad, Sasuke le siguió y de inmediato tomo las manos de la joven retirándolas de la lesión, puso sus dedos alrededor de esta y de forma misteriosa toco diversos puntos del brazo, coloco una de sus manos debajo del delgado miembro mientras con la otra realizaba este extraño acto que de inmediato provocó calor en la joven, un ardor intenso, Sasuke la miro quejarse… - Tranquila, aguanta un poco… - termino este extraño acto cubriendo por completo la lesión con sus manos grandes y pálidas, las dejo posadas un momento y en cuestión de un segundo las movió manipulando el brazo entero de la joven. Sorprendentemente para cuando retiro sus manos la muchacha no padecía ya de ningún dolor. - ¿Está mejor?

-¿Qué me hiciste?

-Nada relevante. Háblame de Tsukuyomi, ¿Cómo le conociste? ¿Cuándo le viste? ¿Qué quería…? – el interés del moreno es este “desconocido” sujeto era tan vivido que los ojos le brillaban. La muchacha se sintió complacida con esta actitud oculta del atractivo joven, misma que aprovecharía para saciar su curiosidad, para conocer a fondo a tan introvertido sujeto.

-Mi nombre es Ino, Yamanaka Ino. – la muchacha de rubios cabellos alargo su mano a modo de saludo, Sasuke la estrecho un tanto inquieto, pues le era indiferente el nombre de la joven. – Mi familia y yo vivimos aquí, este negocio es de mi padre… - “Y todo esto ¿qué tiene que ver?” – he trabajado en aquí desde pequeña. Fue aquí en donde conocí al joven Tsukuyomi – ahora si recupero su atención – Fue una tarde de otoño, no había mucha clientela ese día. Yo tenía como doce años y Tsukuyomi-kun tendría cerca de quince, en realidad no lo sé con exactitud. Compro agua y suvenir, pero eso fue todo…

-¿Fue la única vez que le viste?

-Claro que no, venia con regularidad, imagino que era un soldado, pues siempre portaba una espada. Los marineros le llamaban Tsukuyomi, es por eso que sé su nombre… Le recuerdo bien por su rostro y su porte. No sé quien sea, pero imagino que es alguien importante. ¿Le conoces? – la muchacha no divagaba en su discurso, cosa que a Sasuke le agradó, e incluso le abordó la risa al ver su rostro curioso y escuchar semejante pregunta.

-Si… le conozco bien. – la mirada de Sasuke se nublo al pronunciar estas palabras.

-¿Se ha ido verdad? Por eso estas triste. – Sasuke reaccionó nuevamente ante este comentario.

-¿Cómo sabes eso?

-Estuvo aquí hace poco. Compro alimentos una noche y al día siguiente un costal lleno de provisiones.

-¿Estaba solo?

-No, un chico rubio de gran melena le acompañaba. – Sasuke terminó de alterarse ante estas declaraciones, se posiciono casi por completo sobre la mensa.

-¡Dime, ¿Llevaban una criatura consigo?!

-¿Una criatura?

-¡Si, un niño, un bebé…!

-No, perdona, no recuerdo haber visto algo así. Estoy segura de que lo recordaría. – Sasuke aparento tranquilizarse y alterarse al mismo tiempo, se puso de pie completamente como buscando una dirección.

-¿Sabes hacia donde se fueron?

-Solo sé que abordarían un navío. Los escuche hablando sobre zarpar, pero no sabría decirte hacia donde. Lo siento… - Ino se disculpo, pues en el rostro del moreno se plasmaba la frustración pura. Tsukuyomi era alguien importante para él y lo notaba.

-Escucha… - mirándola con severidad – si vuelves a verlo, quiero que le digas que lo necesito. No importa donde, ni cuando, solo díselo…

-Pero, ¿quién?, desconozco tu nombre.

-Susanoo… dile que le busca Susanoo, su hermano.
 

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Susanoo ahhhh Susanoo como amo escuchar ese nombre...vaya que me intrigaste con eso...pero me preocupa que Sasuke deje todo al azar...está haciendo una tormenta en un vaso de agua tiene un deber que cumplir y dió su palabra a Tsunade-sama...mas allá de sus problemas fliares él seguía siendo el Conde Uchiha...y como tal debe actuar...además debe entrenar a Naruto o acaso alguien más lo hará?
Nadywing

Sandy Namikaze dijo...

MI APELLIDO!!
el seudonimo de sasuke es muuuy parecido a mi apellido.. shiii

oooooohhh y que habra pasado al chibii??

lo perdieron?? TT-TT

nooooooooo

Sandy tristee!!

Sora Tapia dijo...

Al fin se sabe algo de Itachi, pobre Sasuke perdido como un perro
Me encantan los apodos que se ponen XD
espero que pronto los hermanos se encuentren
Sai tan torpe como siempre XD

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