Capítulo 39: El príncipe de los gitanos

- ¡Ahora voy! – se escuchó al otro lado de la puerta, sí, era él, esa era su voz, después de tanto tiempo nuevamente; su voz… - ¿Qué se le ofrece? – dijo el moreno al abrir la puerta… hasta que distinguió frente a sus ojos… la galante figura de… - ¡Naruto! – Sus ojos se abrieron desbordantes de sus cuencas, no podía creer lo que veía - ¡Na…Naruto! – la emoción le dejó atónito, completamente inerte, restregado por los brazos del rubio rey, que conmovido, agotado… se dejó caer sobre sus hombros.

- Iruka-sensei… - Naruto se hundió en el hombro de su maestro, afianzándose con sus brazos a los mismos, sosteniéndole con gran fuerza… el rubio había crecido.

- Naruto… - la conmoción terminó por derretir a Iruka, y dejó correr el llanto sobre el cuello del rubio, aferrándose a su espalda, halando la capa que le cubría con intención de atraerle más al abrazo… su niño había regresado. El joven rey recibía la caricia gustoso, con los ojos lagrimosos y el calor de aquel abrazo estremeciéndole el cuerpo entero, con las mejillas rosadas y el llanto a punto de desbordar sin censura de sus cuencas. Iruka se percató entonces del prominente corcel que descansaba a las afueras de su choza, de momento se dio cuenta de que tratándose del rubio heredero a la corona, debía haber en aquel lugar una inmensa guardia tras sus espaldas, y en su lugar, solo se encontraba Chidori, el corcel de Sasuke, este hecho le descolocó. - ¿Naruto, y tu guarda? – con un gran pesar, le separó del abrazo.

- Ha… - balbuceó el rubio apremiado al virar su mirada y recalcar sus ojos sobre el negro corcel, al tiempo de que con su puño borraba de sus ojos las lagrimas – es… una larga historia.

- Ven, anda, entra… ¿Has comido algo? – haciéndole ademán de entrar.

- No, estoy hambriento. – Iruka le guió por el(a ojos de Naruto) minúsculo lugar, se había  acostumbrado a las extensiones colosales de palacio, los tapices florales, la calidez y opulencia de todo lo existente, los destellos de las obras de arte y las incrustaciones diamantinas de los candelabros, la exuberante cantidad de motivos decorativos de las cenefas, los muros y las cortinas, valla inmensa cantidad de ventanales y vitrales.

- Solo tengo este poco de fruta, jugo y pan… - se lamentaba Iruka - ¿estás bien con eso?

- No hay problema. – Naruto comenzaba a entender, porque Iruka se reprimía tanto, el ansia incontable de darle el mundo… sus deseos por complacerle y la culpa que cargaba. Naruto se compadeció de él, en ese momento vio pasar a través de sus memorias, el terrible martirio que le había hecho vivir.

Iruka puso un plato y baso más sobre la mesa, verdaderamente ansioso, se veía nervioso y feliz al mismo tiempo. Al terminar de servir, le dio lugar al príncipe para que tomara asiento en la mesilla que le hacía de comedor.

-   ¿Estás seguro que no te sientes incómodo con esto?

-   Iruka-sensei… - le contestó en un tono de molestia, después de todo, Naruto seguía siendo igual de berrinchudo, el moreno sonrió un poco al dar cuenta de ello.

Una vez sentados, justo antes de comenzar a comer.

-   Naruto… ¿quisieras contarme qué fue lo que sucedió?

-   Iruka-sensei… - le llamó justo antes de dar una mordida al pan, del cual, su dureza le dejó perplejo, la falta de sabor del mismo… pan que hacía tiempo, juraría, le parecía exquisito; por poco y derrama un par de lagrimas al ver la situación en la que había vivido, en la que Iruka aún vivía – en realidad, - tomó un sorbo de leche, tuvo que aguantar la respiración para poder tragarla -… la razón por la que he venido: ¡Yo!... te extrañaba, y quería… saber de ti.

-   ¡…! – el perplejo mozo no pudo hacer más que sonreír – Naruto… - le dijo enternecedoramente, como únicamente podría pronunciar su nombre un padre – ¿Saliste a escondidas de palacio, únicamente para verme?

-   No… - dijo con un poco de indignación, agachando la mirada – También hay muchas cosas que quería preguntarte. – Iruka aguardo calmo a una aclaración, el rubio le regresó el mirar – No ha sido, sino hasta hace poco, que me di cuenta de que hay muchas cosas que no sé… cómo…

-   ¿Cómo terminó el hijo de un rey en manos de un vasallo? – terminó la oración por él.

-   Si…

-   Es una larga historia hijo, nada que pueda ocultarle a mi futuro rey. Con gusto te la contaré, si es lo que quieres.

-   ¡Sí!, por favor.- contestó febril el rubio, con las emociones desbordantes con la intriga.

-   Te contaré…

<< Fue hace mucho tiempo, yo aún era un niño. Mis padres y yo vivíamos a las afueras de la ciudad real, como es obvio, mi familia siempre fue dedicada al mayordomeo, en ese tiempo mi padre servía a los Sarutobi; debes conocer la importancia de esa familia. En fin, mi padre casi nunca estaba en casa, y mi madre, era una mujer virtuosa, muy amable y dulce…

Una tarde, me envió al rio por agua para la cena, y así lo hice; regresé a casa con el único de los jarrones de barro que podía cargar (uno pequeño) repleto de agua, hasta el tope. Y fue entonces que le vi, vestía como un vago, con una manta cubriéndole casi por completo, recostado junto a un árbol. Yo intenté evitarlo, no debía tratar con extraños, y menos con uno con semejante pinta, pero me lo impidió, pues a medio camino me llamó, me dijo:

- ¡Hey muchacho!, muchacho ¡hey! – entonces lo mire y le contesté:

- ¿sí? Señor.

- ¿Serías tan gentil de regalarme un sorbo de agua? – me lo pensé un momento, pues podría ser peligroso, pero al final, me dije, ¿por qué no?, ayudar a un pobre viejo no debía ser tan malo, así que le di agua del jarrón. – Gracias – me dijo justo cuando terminó de beberla.

- No hay por qué señor.

Entonces me extendió un par de monedas de oro, yo me desconcerté, pues un viejo vago no tendría esa cantidad de dinero, así que me asuste.

- No señor, gracias, debo irme. – le dije.

- No, no, no, descuida, está bien… - entonces vi al fin su rostro, pues se descubrió por completo, y era rotundamente hermoso, con sus cabellos dorados como los tuyos y los ojos azules como el cielo, nunca antes había visto a alguien con semejantes rasgos… - Anda, tómalo por favor, es para expresarte mi gratitud, no me niegues esa satisfacción. – terminó diciéndome. Fue entonces que acepte, y tomé las monedas, él me sonrió. Por un momento el tiempo se congeló, había olvidado el encargo de mi madre, y solo podía pensar en la cara que pondría al ver semejantes piezas de oro en mis manos.

Y fue entonces, que de la nada, apareció un muchacho, no mucho mayor que yo, había estado desde hacía tiempo sobre la corteza del árbol, y únicamente se dejó caer… jajaja, recuerdo muy bien la expresión de tu padre al verlo, no le había gustado la sorpresa>>



-   ¿Quién era ese? – preguntó intrigado el rubio delfín.

-   Kakashi.

-   ¿Kakashi-sensei?

-   El mismo.



<< Tendría como trece años en aquel entonces, y ya formaba parte de la guardia del príncipe. Lo gracioso era que el mismo Minato le había entrenado, y ahora éste era su guardián, era bastante curioso. Kakashi siempre ha sido considerado un genio, eso debes saberlo bien; recuerdo que estaba obsesionado con reivindicar el nombre de su familia, pues su padre era un famoso pirata; “el colmillo blanco”, si bien recuerdo, en realidad sé muy poco sobre el tema, pero sin duda eso había orillado a Kakashi a madurar tan prontamente, su vida debió haber sido dura.

En fin, apareció de repente, y comenzó a recriminar la actitud de tu padre, le decía cosas como que “ése no era lugar para él, que debía estar haciendo múltiples tareas”, en fin, muchas cosas. Tu padre se quejaba arduamente al respecto, y se veía claramente lo mucho que disfrutaba el huir de sus labores.

Para ese día no supe más de tu padre, lo último que vi, fue como Kakashi lo arrastraba hasta un carruaje.

De regreso a casa, mi madre me aclaró lo sucedido, estaba completamente extasiada, decía cosas como “él príncipe le ha dirigido la palabra a mi hijo, ha bebido de este jarrón”, innumerables fantasías; pero algo era cierto, el príncipe había estado a un paso de mí y eso me inspiró cuantiosamente: quería conocerle, tratarle y servirle, me había parecido un ser sublime, tal como debía ser un rey.

Paso un buen tiempo antes de que volviera a verle, nuevamente recostado en el mismo árbol, vistiendo como mendigo. Esta vez no espere para ofrecerle agua, e invitarlo a comer en mi casa; sorprendentemente, acepto. Mi madre casi desfallece al verlo. Pero Minato era un ser humano humilde y bondadoso, muy sabio pese a ser tan joven y brillaba por sí mismo… ha sido el más grande honor de mi vida conocerlo. 

Con el paso del tiempo, la relación del príncipe para con mi familia se había hecho muy amena, cuando el futuro rey no se encontraba en palacio, estaba sin duda en mi casa, divirtiéndose y conversando amenamente con mis padres, quienes para entonces destinaban todas sus energías a los preparativos para las visitas del príncipe, era un lujo que nunca antes alguien de nuestra posición había podido darse.

Así mismo, Kakashi había dejado de buscarlo, lo que hacía únicamente era tocar a la puerta, misma que yo le abrí incontables veces.

Hubo una tarde, en la que lo abordé mientras preparaba el carruaje para el príncipe, estaba esperando a que saliera de mi casa para llevarle de vuelta a palacio. Me acerqué a él, y le dije - ¡Kakashi-sempai! – él únicamente me miro – Yo, yo quiero servir a Minato-sama, quiero ser un soldado como tú. – Kakashi me observó durante un tiempo, después toco mis hombros y me hizo extender los brazos y piernas, como inspeccionándome. Después me dijo – Estás muy flacucho y débil, no creo que le seas de gran ayuda. – Ese comentario me dolió, así que me aferre y le contesté gritando - ¡Yo seré el mejor de los soldados de Minato-sama, aunque sea lo último que haga! – Kakashi no parecía sorprendido, pero me pareció haberle visto sonreír (desde entonces ya cubría casi por completo su rostro) y me dijo – Rectifico lo dicho; eres un flacucho débil, pero… tienes lo necesario. – Fue así como comencé mi entrenamiento en palacio>>



-   ¿Fuiste un guardia real?

-   No, pero ten por seguro, que pretendí serlo.

-   Y ¿entonces, qué sucedió?



<<Pasó un tiempo, y mi entrenamiento no daba más que al de un simple mandadero. Kakashi me usaba de porta voz en ocasiones, y Minato-sama, solo me llamaba cuando quería escapar de palacio, o cuando quería entretenerse. Él era impresionante, una de esas pocas personas que pueden ser increíblemente simpáticas y a la vez, cerias, siempre hablaba en cerio. Pero ese no es el punto.

Lo que tú has venido a escuchar no tiene que ver del todo conmigo, solo necesitas saber en qué concepto me tenía tu padre, como para confiarme la vida y crianza de su único hijo;

Yo siempre le fui leal a tu padre, y lo seguiré siendo hasta el fin de mi vida. Lo seguí siendo aún a expensas de traición a mi nación, y peor aún; de traición a ti, Naruto. Le fui fiel y sosiego a cada una de sus locas ideas, de las cuales, por cierto, eres el resultado.

Fue una primavera, se presentaría entonces el festival de los gitanos en la ciudad real; recuerdo muy bien como me convenció tu padre de que nos escabulléramos hasta dar con la principal atracción del espectáculo: Uzumaki Kushina, tu madre. Habíamos tomado con el carnaval sin pretensiones, pero en cuanto Minato la vio; no pude quitarle la idea de la cabeza; tu madre le cautivo con su baile, su cabello rojo, rojo como el fuego, consumadamente candente, el mover de sus caderas, su música y su voz. Tu padre quedo hipnotizado, ni siquiera respiraba, parecía una estatua al contemplarla, en medio de todo el tumulto enmascarado, un rey se había enamorado de una gitana.

Nos mezclamos entre los gitanos, disfrazándonos, para meternos a los vestidores y poder llegar a ella. Cuando lo logramos, tu madre a penas si lo miró, parecía no interesarle en lo más mínimo. Tu padre estaba acostumbrado a los elogios y a no pasar desapercibido, supongo que en verdad le afecto, así que decidió aferrarse. Comenzó a frecuentar la caravana de los gitanos, se escabullía en las tardes, en las noches y en ocasiones ni siquiera regresaba… era estresante ver a Kakashi sin poder encontrarlo, eran aun peor sus interrogatorios, pero aún así, nunca le hable de la joven y hermosa gitana que había capturado el corazón de tu padre, y no me preguntes cómo, tu padre consiguió capturarla a ella.

Una tarde, al realizar uno de los encargos de Kakashi en uno de los mercados, tu madre me interceptó, y me pidió que entregara a tu padre un papel doblado en cuatro… a mi me pareció extraño que le enviara un mensaje, pero supuse, que se trataba de alguna curiosidad de enamorados, yo aún era un niño, y todo eso me parecía ridículo. Pero cuando entregué a Minato el papel, descubrí que no se trataba de un verso, o un cursi poema; era una despedida. La caravana de tu madre se marchaba de la ciudad, y Kushina no había podido despedirse personalmente, imagino que debía estar devastada. No sé con certeza que era lo que había escrito en ese papel, pero recuerdo claramente la impresión de tu padre al leerlo, el dolor en sus ojos y lo difícil que le fue mantenerse erguido… Al día siguiente no se supo más de él, desapareció, junto con la caravana.>>



-   Mi padre… la siguió.

-   Así es; dejó todo, por su amor a ella.

-   … - El rubio se conmocionó ante el relato, la pasión de su padre y la suya, su carácter y entrega, eran tan semejantes. El llanto le apremió en deseos de poder haberle conocido.



<< Tu padre se vio forzado a regresar tras la muerte del rey  Dan, tu abuelo. Fue así como asumió el trono, al borde de la batalla al noreste de la ciudad real, a las afueras de Konoha, en donde, como sabemos, perdió la vida. Su reinado fue extremadamente corto, y aún no sé como lo hizo, pero logró poner fin a una guerra que parecía interminable; tal es el caso, que ahora tenemos al país de la roca como nuestro aleado.

Él fue, sin duda un gran hombre.>>

Le dijo Iruka al rubio, mientras trataba de alentarlo, con una leve caricia sobre sus necios cabellos.

<< Es cierto que no supimos nada de él en mucho tiempo. Y que muchos en el reino le tacharon de irresponsable e impulsivo. Fue su muerte en plena batalla lo que redimió el nombre de tu familia, y al haber perecido tan joven, el pueblo entero lo enalteció, a grado tal, que le veneran como el mejor de los reyes que haya erigido en el reino. En lo personal, más que verlo como una victoria, por la abolición del estado de guerra, yo creo, que no se compensa, el haber perdido a tu padre, ha sido una de las pérdidas más lamentables e injustificadas que se haya dado en estas tierras.

En fin… la respuesta al enigma, es en realidad muy simple:

Para cuando Minato volvió aquí, a convertirse en rey; Él ya era padre, de ti Naruto. Te llevaba en brazos la primera vez que le vi después de tanto tiempo. Él regresó a mi casa antes que a la suya, y te encargó a ti y a tu madre a mi familia, por supuesto que fueron recibidos gustosamente. Sin embargo, nunca pudimos entender, el porqué tu padre no les presentó a la sociedad, como su esposa e hijo legítimos, que es lo que eran. No nos dio explicaciones, simplemente los dejó con nosotros. Ni siquiera pudimos verlo el día de su coronación.

Imagino que quería protegerlos, y no sabes cómo desearía que hubiese sido así, que al estar con nosotros hubiesen permanecido a salvo, de haber podido protegerles, probablemente… tu madre y… >>

El llanto venció a Iruka, solo el recordar el suceso, le paralizaba.

-   Iruka-sensei… - a Naruto le resultaba casi imposible no sentirse allegado a esa emoción, así que no pudo hacer más que llorar junto a su maestro, mientras intentaba burdamente, de darle ánimos.

<< Perdóname… lo que sucedió aquel día: fue un batallón, que se había filtrado por los anales de la ciudad, y la atacaron desde el corazón para desplomarla. Fue una verdadera masacre, nunca antes había visto tanta sangre… escuchado… tantos gritos… tanta muerte. Mis padres fallecieron ese día… y tu madre murió junto con ellos… sobreviví gracias a que me ocultaron bajó las despostilladas tablas del piso… tu madre me abrazó y me besó antes de ponerte entre mis brazos y… me dijo algo… estoy seguro de que algo me susurró pero no lo recuerdo, no sé siquiera si pude escucharla. Soy un imbécil por no recordarlo… estaba tan asustado… al estar enterrado, solo te arrullaba para que no lloraras… nunca dejabas de llorar después de eso…

Tu padre fue a buscarme al otro día… recuerdo su rostro hinchado, su desesperación y su agonía… lo había perdido todo… igual que yo. Pero al verte, fue como si el sol saliera, sonrió como tonto en medio de tanto sufrimiento. Me abrazó y te estrujó a ti. Parecía un demente al contemplarte; te amaba, sin duda te amaba con locura. El miedo le ceñía la mirada, tenía miedo de perderte. Había perdido a su padre y a su esposa en un par de semanas. Eras todo para él.

Caminamos entre los escombros, hasta llegar al sendero que llevaba a las afueras de la ciudad. Me puso en un caballo y me dijo: - Iruka, no importa lo que pase, no importa lo que me suceda, ni lo que sea de esta tierra. Júrame, que cuidaras de él – Entonces te puso entre mis brazos, y me hizo jurarlo. Me dio indicaciones de lo que debía hacer, a las personas a las que debía buscar y que caminos recorrer y cuáles evitar. Yo le lloré y le supliqué que fuera conmigo, no quería quedarme solo, pero su deber como rey era primero, y de haber abandonado, seguramente no estaríamos aquí.

Me hizo prometerle que te mantendría lejos de la ciudad real, que tendrías una vida justa y austera, y que sin importar que, buscaría tu felicidad antes que cualquier otra cosa, antes incluso, que tu derecho a gobernar y tus obligaciones como soberano de este reino, el mismo por el que tu padre dio su vida.

Lo siguiente que paso, fue que llegué aquí, a la tierra de los Uchiha. Para entonces, tu padre ya había fallecido… recuerdo haber llorado hasta el cansancio en cuanto me enteré. Era solamente un niño, con la tarea más difícil que se le pudo asignar antes a un simple soldado.

Tiempo después, me hice aprendiz de mayordomo, hasta que conseguí el puesto de ayudante en la mansión Uchiha… y fue así como todo comenzó… y culminó en lo que es ahora. En esta conversación que tenemos, tu… convertido en todo un hombre, y yo, que nunca dejaré de seguir las instrucciones de tu padre.

Si alguna vez te lastimé Naruto, si no cumplí con mi papel debidamente… te pido, que me perdones. Puedo jurarte que hice lo más que pude… yo daría mi vida por ti y yo…>>

-   Iruka-sense… - el rubio apenas podía contener el lagrimeo de sus ojos – Gracias… - le abrazó.








En las cercanías de Konoha, aún impregnados por el denso olor a bosque, se encontraban los más fieles y protectores guardas del joven rey.



-   ¿Estás seguro de que este es el camino? – preguntaba Sai a Shikamaru.

-   Sin duda, puedo confiar ciegamente en el olfato de Akamaru, sin mencionar, que era de esperarse que Naruto regresara a Konoha. Ahora solamente debemos interceptarlo. Debe estar en busca de Iruka-san.

-   Será una molestia para los pueblerinos el tener a semejante perro metiendo las narices por doquier en busca del príncipe. Si no les molesta, para continuar con la búsqueda, de ahora en adelante, usaremos a Giga.

-   ¡Oye! – reclamó Kiba.

-   Tranquilo Kiba, él tiene razón. Hasta ahora, y contra todo pronóstico, Naruto ha sabido bloquear todos nuestros intentos, le enseñamos bien. Perdimos su rastro incontables veces tras el cruce del rio. Usar un halcón ahora, es la mejor medida que podemos tomar.

-   De acuerdo.









-   ¿Seguro que debes marcharte tan pronto? – decía Iruka al rubio, que montaba ya sobre Chidori, al tiempo que le daba un pequeño paquete con comida para un par de días.

-   Sí, me siguen con bastante persistencia. Si no me marcho ahora, darán conmigo en un minuto. – El rubio había contado ya, con detalle, todo lo sucedido desde su llegada a palacio. Le aclaró incluso sus sentimientos hacia Sasuke, y lo raras que parecían las circunstancias. No sería la primera vez que la verdad era alterada por la corona para su conveniencia.

-   Debes tener mucho cuidado, y, por favor, no te sobrepases.

-   Descuida Iruka-sensei, lo tengo cubierto.

-   Naruto. – le dijo en tono suave – Sé que no soy tu padre, y no puedo prohibirte ni recriminarte nada… no es un secreto que no apruebo este viaje… me preocupo por ti, y el camino que has decidido cruzar es muy peligroso… solo me queda pedirte… que hagas lo que sea necesario… y te pido, que seas muy feliz. Encuentra a Sasuke, y demuéstrale lo mucho que lo amas.

-   Iruka-sensei… - Naruto nunca había escuchado hablar así a su mentor, ni había visto ese gesto en su rostro - ¡Lo haré! - Decidido, el rubio se marchó a todo galope, sobre la negra bestia del Uchiha.












Regresaba el ave a los brazos de su amo.

[Giia]

-   ¿Aún nada? – preguntaba Shikamaru.

-   No, debe estar dentro de alguna posada, u oculto en algún lugar.

-   ¿Qué hay del caballo? ¿Tu pajarraco no puede ubicarlo?

-   No, Giga no tiene registros de los corceles, solo de las personas.

-   ¡Semejante pájaro inútil!

-   ¡Basta Kiba! – Shikamaru descendió de su caballo – Debemos seguir a pie dentro del pueblo, si alguien ve algo extraño, infórmenme, habrá que preguntar por él a los pueblerinos, con la pinta que tiene, seguramente no paso desapercibido.

-   Sí, señor.









Naruto se dirigió a la costa, sin hacer paradas, salvo las necesarias para descansar y comer, anduvo sin salirse del camino, hasta que la noche le asaltó, y agotados, tanto él como el poderoso animal que le llevaba, se desviaron hacia el bosque, para recostarse bajo un frondoso roble. Naruto se arropó con su capa y se recostó en las pansas de Chidori, tenía mucho tiempo desde la última vez que durmió a la intemperie, lo que le trajo innumerables recuerdos y una paz indescriptible.

-   Sasuke…



Cuando amaneció, el sol daba directamente a sus ojos, lo que le hizo despertar, aún acorrucado sobre el animal, que aguardaba paciente en su sueño. Más al abrir sus ojos, y mirar directo hacia el sol, un deyabú… nuevamente la silueta de un ave de rapiña que rodeaba la circunferencia del sol… de solo verle recordó el día en el que había conocido a Sai… y entonces:

-   ¡Sai! – lo recordó, ese era el Giga, el halcón de su guardián. Naruto se puso de pie aprisa, dispuesto a continuar su camino, hizo levantar del suelo a Chidori, el descanso había terminado, y justo cuando iba a retomar su montura.

-   No irá a ningún lado, su majestad. – Shikamaru, Kiba, Choji y Sai, salieron de entre los arbustos, acorralándolo, todos con la mano sobre la funda de sus espadas.

-   Shikamaru… muchachos.

-   Naruto-sama. Tenemos órdenes de escoltarlo de regreso a palacio. – Agregó Sai.

Naruto permaneció pensativo, aún con la correa de Chidori en la mano, le sostuvo con fuerza, y contestó bravamente a los guardias.

-   No. No regresaré.

-   Naruto, - Shikamaru intentaba dialogar con él – no es opcional, sabes que no debes abandonar el palacio, no es seguro para ti.

-   Pueden venir si quieren, pero no regresare.

-   ¿Por qué? – Shikamaru comenzaba a exasperarse.

-   … - Naruto no pudo contestar.

-   El juego terminó, regresarás a palacio, así debamos llevarte a la fuerza. – Shikamaru dio un par de pasos hacia el rubio, más quedó congelado en un segundo, por la fiera mirada del rubio. Naruto había desenfundado a Fummetsu y ahora apuntaba directo al corazón del consejero de guerra.

-   No intentes detenerme.
 

2 comentarios :

Hotaru tomoe dijo...

kiaaaaaaaaaaa mi dios naruto es todo un hombre AHH VE POR TU HOMBRE NARU AJJAJAJA <3 W <3 AMO A NARU.CHAN Y SU ACTITUD , tsunade volvio a cometer otra vez el mismo error :( pobre iruka

Sora Tapia dijo...

OMG!! Ya empieza lo bueno, por fin la verdad fue revelada, al fin conoce la verdad, me hizo entristecer la vida de Naruto y Kushina, Iruka tan lindo siempre cuidando de Naruto sin importar que.
Ahora que hara Shikamaru, el mejor que nadie sabe cual es la razón de Naruto.

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