Capítulo 16: La huída

Minutos antes… -¡Padre!- Itachi hayo a Fugaku fuera de la sala de estar, verle le encandeló el corazón y no pudo oprimir su devoción estoica hacia su progenie –he estado buscándote… - pese a su insistente presencia, su padre no mostraba la mínima atención, todo pensamiento que le habitara tenía que ver con los ocupantes de la continua habitación. Ante esta usual lejanía el hijo prodigo deleito sus pupilas con la corpulenta silueta de su padre, aún no olvidaba cuanto le aterraba ese cuerpo y se sorprendió al notar, que aquel terror aun le estremecía – Mírate, no has cambiado nada… - No se veían desde que el mayor de sus hijos se enlistara en la hueste y se viera confinado al seminario y pese a tantos años de ausencia Fugaku no daba oído a su reencarnado hijo, ni siquiera le regresaría un saludo.

-Itachi…- súbitamente, justamente en el momento en el que Itachi se disponía a dar marcha atrás a su jerga, su padre le llamo, aún sin mirarle, con los ojos clavados en la entrada a la sala –¿Has dicho que me buscabas?

-Así es señor…

-¿Motivo?

-La cena familiar que han preparado para nuestro arribo padre…

-¿“Nuestro”?

-Exactamente, nuestro arribo…

-Quieres decirme ¿qué has traído a esa pérfida ramera a “mi” casa?

-¿Perdón…?- las palabras emanadas de la boca del líder de la familia Uchiha que se mantenían distantes y confusas, se tornaron frías y rencorosas con un toque de sadismo en los labios.

-No te hagas el ingenuo conmigo Itachi…- el adalid familiar viro finalmente hacia su hijo mayor mostrándole a quemarropa la severidad de su rostro –ese eunuco fornicador a quien osas poner en manta de princesa no es bienvenido en esta casa.

-¿De qué estás hablando? – la letanía que arrastraba el hablar de Itachi acumulaba en su interior la indignación, el coraje y el rencor más puro y vivido que se pudiese experimentar.

-De ese perro pulcro que yace en tu morada, de ese a quien osas desposar. ¡Ningún Uchiha se asirá a semejante adefesio!

-¡No hables así de la persona a quien amo! – La cólera de Itachi alcanzaba las más altas torres del palco, su rabia ante semejante vulgaridad le había hecho olvidar que era a su padre a quien enfrentaba y se oscilo potente cual león hirsuto al proteger su territorio – ¡Deidara me hará padre y no permitiré que te expreses así de quien engendrará a mis hijos…!

Una recia bofetada acalló sus palabras…

-¡Cuida esa lengua jovencito!– Itachi miraba escasamente el erguido rostro de su padre, pues desde su posición, encorvado y con algunos cabellos cubriendo su cara debido al zangoloteo que le desbarató la coleta, le era difícil mantener las ideas sin triscar de la mirada fija en aquel duro rostro. - Hablas de respeto, ¡de amor!... ¿¡Qué puedes sabes tú de amor!?... No, ese impío doncel asqueroso te ha manipulado y ¡tú!, ¡tú has dado crédito a su locura!, mira que presentarlo en sociedad con falsa dignidad… No podía ser peor, ahora conseguirte una esposa digna no será fácil… - Fugaku dio la espalda a su macilento hijo, y solo cuando sintió la rabia emanada de un par de ojos rojos en su espalda, redirigió su impávida mirada por encima del hombro – Y olvídate del bastardo engendro del libertino, ningún hijo de parásito llevará nuestro apellido… Lo quiero fuera de esta casa para el amanecer…











-¿Qué has dicho?- Sasuke estaba paralizado, la voz emitida por el rubio le había estremecido al grado de hacerle separarse de él para encararlo y esperar una respuesta con expresión famélica.

-Lo estuve pensando y… creo que si… quiero irme contigo, a donde sea…- de entre un mar de calamidades se abría una leve brecha de fascinación y alegría que le calentaba la sangre, Sasuke ya no sabía si gritar o brincar como ebrio, no atinaba a saber siquiera si eso apaciguaría el frenesí de su pecho.

-En verdad… ¡me amas! – no había mayor confirmación que esa para él, y pese a ello, las cosas no parecían lo suficientemente claras para el rubio, pues en su mente solo cavilaba la aventura, la diversión y todo cuanto pudiera aprender del prominente capitán Uchiha Sasuke, más allá de ello no había mayor fascinación; amar, se tornaba un sentimiento complicado.

Naruto no dejó que la escasa luz descubriera sus dudas, para lo cual se enroscó a los brazos de Sasuke esperando que su expresión no le delatara. Se sentía desilusionado por no profesar ese amor tan fluvial como Sasuke, por un momento pensó en no poseer habilidad para amar.

Sasuke continuó plegando de prosas y promesas su amor, portando enérgico una sincera sonrisa que se mantuvo incluso cuando Naruto se separó de él para terminar de vestirse, incluso cuando la figura del rubio se poso completamente desnuda a sus ojos (cosa que había presenciado antes al espiarle lavarse en el lago) y no cesó incluso, cuando este se despidió de él para regresar a su añeja morada.











-Itachi, ¿Qué te ha pasado…?- Ya que se canceló la cena, la exhausta pareja retornó al lecho en rotundo silencio, una vez cerradas las puertas tras de sí Deidara comenzó el interrogatorio, e Itachi la lejanía – La forma en la que le hablaste a tu madre fue demasiado tosca…

Itachi resguardaba sus ideas al no verle, agachando su mirada derrotada e insensible, apenas entro en su alcoba se dejo caer en la cama y escuchaba a medias las palabras de su amante, en aquellos momentos no deseaba más que dejar de escuchar… no sabía como empezar, no deseaba dar riendas a tal conversación, quería embriagarse, tirarse y que le consideraran un bufón delirante, sin juicio y crédito para poder decir lo que debía…

-Itachi… - las sospechas eran obvias, malas noticias le atormentaban y le habían hundido en una terrible regresión repleta de miedo y soledad, Deidara deseaba con toda su fuerza poder acompañar a su amado en aquel trance doloroso, simplemente no se dejaría apartar. Asió de brazos el cuerpo del moreno casi sin esfuerzo, aquel no oponía resistencia, más sus ojos se negaban a encararle -¿Por qué te rehúsas a decirme lo que debo saber?

Directo, como había sido siempre, Deidara tiernamente le obligaba a mirarle y le propinaba un amable gesto que hundió sin remedio el alma de Itachi en un oscuro poso, ¡No quería hablar! ¡Le amaba! ¡Le amaba con la locura que cierne en un adicto en busca de aquel elixir que lo hace sentir vivo! ¡No podría separarse de él, su dios encarnado con sin igual belleza!

No puedo verte triste porque me matas, tu carita de pena mi dulce amor.

La pena le hizo presa del llanto, lagrimas brotaron de sus ojos a cantaros como no lo habían hecho nunca, suspiró y gimió hasta que los espasmos le convulsionaron en brazos de la causa de su mayor alegría y desdicha…

Me duele tanto el llanto que tú derramas, que se llena de angustia mi corazón.

-¡Itachi! ¡Calma por favor! ¡¿Qué sucede amor?! ¡¿Qué puede causarte tanto dolor?! ¡Por favor Itachi! ¡Dímelo! ¡Si es tan malo, permíteme llorar contigo justamente! ¡No me prives este mal! ¡Con gusto le haré mío! ¡Pero por favor, no lo dejes solo para ti…! – El llanto de Itachi era en verdad perturbador, semejante al llanto de un bebe imposibilitado de la palabra, Deidara padeció un agudo dolor estremecedor que le hizo llorar de impotencia…

Yo sufro lo indecible si tú entristeces, no quiero que la duda te haga llorar.

-¡Te amo! ¡Te amo como no amare a nadie más nunca! – en un estallido de emociones revueltas Itachi afianzó el cuerpo entero de Deidara en sus brazos, estrujándole con fuerza y pavor - ¡Nadie! ¡Nadie me separará de ti…!

Hemos jurado amarnos hasta la muerte, y si los muertos aman, después de muertos amarnos más…

-Itachi, ¿De qué hablas? ¿Quién osaría separar lo que ha nacido unido? – las lagrimas y la presión ejercida por Itachi sobre su cuerpo con esfuerzo le dejaban respirar, más en su vientre se cernía un inmenso dolor… un crudo presagio.

Si yo muero primero es tu promesa; sobre de mi cadáver dejar caer

-Mi padre… - un leve susurro en mención del innombrable, la peor de sus pesadillas transformada en una ilusa realidad.

todo el llanto que brote de tu tristeza y que todos se enteren de tu querer.

Deidara cavilaba entre el profundo dolor propinado por el rechazo y el dolor que le causaba traer tanto pesar a su único amor. De ser uno más de la casta, paso a ser quien quebrantara tan “hermoso” seno familiar…

Si tu mueres primero yo te prometo: escribiré la historia de nuestro amor,

-No…- la duda y la incertidumbre fermentaba tras los ojos del desconcertado rubio, que en un acto de rotundo arrepentimiento, ahogaba en la fosa dentro de su pecho todo capricho impulsado por su sincero querer – No hay porque llorar… - entre sus manos asió al dolorido rostro de Itachi y con una esplendida y falsa sonrisa… - Estaré bien…

con toda el alma llena de sentimiento,

-Dei… - la incongruencia desataba sus ideas y la cólera ante semejante negación le explotaba a Itachi en el pecho.

la escribiré con sangre, con tinta sangre del corazón.

-Ye he hecho más de lo que jamás soñé… te juro, que me has hecho más feliz de lo que merezco. Pero… no destruiré tu vida, ¡No me permitiré arruinar tu vida solo por este tonto cariño…! – Deidara estaba decidido a acatar cualquier orden por más que le calara – Me iré cuán lejos sea necesario, podremos vivir así. Nos mandaremos cartas con seudónimos y en lenguas muertas de modo que solo nosotros lo entendamos, será como esos amores prohibidos de los cuentos…

Hemos jurado amarnos hasta la muerte,

-¡Calla!- La punzada en su pecho no le hacia las cosas más fáciles, solo le permitía hablar a gritos, solo así podía derribar esa pasmosa y dolorida pared que le impedía decir todo cuanto sentía – No te irás… jamás permitiré que te alejes de mí. Me matarías solo con ello… - Itachi rosó con sus dedos los húmedos y rojizos labios de su amante, a la vez que sus pensamientos le apremiaban y el constante tambaleo de dolor cedía ante la renovada energía de valentía -¿Me amas?- no necesitó respuesta a esa pregunta… -Vámonos entonces… Alejemos de nosotros tan horribles sentimientos y vivamos lejos de todo cuanto me ha hecho sufrir… por favor, esta vez no me repliques, toma mis brazos y sostenme fuertemente, y… por favor, no me sueltes….

y si los muertos aman, después de muertos amarnos más…









A escasos metros, el más joven del hogar despertaba de su disimulado sueño debido a un seco pero persistente sonido proveniente de las caballerizas. La oscuridad de la madrugada le abrumo, trató cuanto pudo de divisar los establos desde los ventanales de su alcoba, más fue imposible… algo no andaba bien. Se puso a tientas sus ropas y colocó en sus pies como pudo un par de botas, tomó de la cómoda un viejo florete y corrió a ciegas por la mansión hasta las caballerías.

Hacia segundos que los caballos habían cesado el relinche, y Sasuke pudo ver entre la hierba seca, al cuidador del establo inconsciente. Ahora, seguro de una intromisión, se irguió potente portando de frente el florete, mas la sorpresa le obligó a retroceder, del establo broto como marea un carruaje guiado por cuatro corceles pardos. El carruaje pasó frente a Sasuke sin prestarle atención, lo cual le permitió sostenerse del mástil trasero de la carroza.

La mayor sorpresa se la llevó al ver como el carruaje hacia alto total frente a la puerta trasera de la mansión “¿Qué demonios?”, tras ello vio descender al conductor, un hombre de oscuros y largos cabellos, vestido con una capa negra de nubes rojas y un sombrero amplio y piramidal de paja…

-¡Alto!- descendiendo con glacial rapidez Sasuke asió la punta del florete al cuello del cuatrero –Has cometido un grave error al robar a la persona equivocada…

-¿Cómo robas lo que es tuyo?

-¡Itachi!

-No es un buen momento Sasuke…

-¡Deidara!- de la puerta trasera, vestido de la misma forma, el rubio doncel daba a la fuga con su amante, llevando con él un par de maletas que inmediatamente tomó Itachi, mientras le ayudaba a subir a la galera, sin prestar atención a Sasuke… -¿¡Qué pasa!? ¿¡Por qué se van!? ¡Acaban de regresar! ¡Itachi!- Sasuke, angustiado, cuestionaba todo cuanto le cruzara por la mente, e Itachi le ignoraba magistralmente. Cansado de cuestionar sin respuesta Sasuke trató de evitar que Itachi tomara las riendas del carruaje, recibiendo por ello un seco empuje - ¡Itachi! ¿¡Qué sucede…!?

-Nos vamos… supongo que esta es; la despedida… - Mil cosas pasaron por la mente del joven azabache, su hermano se iba, le abandonaba, desertaba de toda responsabilidad dejándolo desamparado y al final… una idea “Naruto”, se vieron frustradas todas sus expectativas, su felicidad dependía ingenuamente de su hermano y no daba cuenta de ello hasta ahora… -cuídate Sasuke, protege a mamá por mi y…

-¡No! ¡No puedes irte! – la desesperación le cernió los ojos, no podía dejarlo ir, no quería tomar su lugar, pese a haberlo deseado siembre, ahora era lo que menos quería, una pena, un difuso calvario -¡No debes irte! ¡Deidara! ¡Deidara sal del carruaje! ¡Él no puede viajar Itachi! ¡Piensa en tu hijo! ¡Piensa en el bebe que lleva dentro…!

-Eso hago… - Itachi acomodó su sombrero y dio lenta marcha a los caballos.

-¡No! ¡Por favor no…!

-Lo siento Sasuke… si me quedo… le mataré… ¡Ha!- una última mirada sangrienta y penitente y los caballos iniciaron su frenética marcha aventando al galope a Sasuke, dejándole pagano en el terroso suelo…

-¡¡Itachi!! ¡Itachi…!
 

1 comentario :

Sora Tapia dijo...

Que dramatico capitulo. Digno de pelicula la huida. Pobre Sasuke ni Itachi ni Naruto le dicen la verdad u____u
Maldito fugaku ¬¬*, quien no iba a querer a alguien tan lindo como Deidara.

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