Capítulo 9: La promesa que te hice... tercera parte.

Desconcertado y abrumado aún por la conmoción de los recientes acontecimientos, Itachi recobraba la conciencia en medio de la incertidumbre total, no reconocía su asiento o su estado, era inconsciente hasta de su propio cuerpo. Lo primero que notó, fue un olor petulante, dulzoso e insoportable, extremadamente fuerte como los quesos frescos o los fármacos, que una vez olfateados, se busca olerles más. Lo segundo que notó, fue su estado, su temperatura era baja, podía sentir frías gotas resbalar por su frente, su respiración pausada y sus latidos tan débiles. Ser consciente de su corazón le hizo encandilarse hacia el mejor de los pensamientos “estoy vivo”. Finalmente, casi sobrio, recobro su vista, pues la nube que se había formado en sus ojos se había disipado y ante ellos, Deidara, con una gran y desconcertante sonrisa.


Haciendo uso de uno de sus cabellos y el ampón de un rifle como una improvisada aguja, Deidara había suturado la herida, le había lavado y tratado con una mezcla de hierbas como analgésico, las cuales desprendían aquel olor embriagante.


- Creí que jamás despertarías – Deidara se puso de pie y marcho lo suficientemente lejos como para que el Uchiha le viese de cuerpo entero, tal visión aterrorizó a Itachi más de lo que habría deseado, más de lo que habría imaginado – no te muevas o la herida se abrirá – Deidara vestía un traje militar perteneciente a los Anbu aunque con leves desfiguros – tendrás que esforzarte por estar quieto – llevaba en sus manos un saco roído y al parecer de su pertenencia, buscaba con insistencia dentro de él, hasta dar con un frasco diminuto que contenía una sustancia verdosa. Colgaba de su pecho una espada y de su espalda un arco. Con total indiferencia ante el convaleciente capitán que le miraba inaudito, atizaba la punta de cada fleca dentro del frasco, al parecer le era muy divertido, pues su sonrisa no podía ser más santurrona – Bien…- volteo a mirarle una vez terminó con las flechas y las colgó a su espalda – más te vale hagas lo que te digo, o morirás desangrado – esa mirada, fría, seria, amenazadora e hiriente ¿Deidara le amenazaba? – Me voy…

- No… - Itachi se sintió invadido de miedo al verle salir de la carpa, no había quien le detuviera, e instintivamente se irguió rompiendo todo sostén de su herida y obteniendo un agudo dolor que le tiró en cama impotente – no… no te vayas.




El campamento estaba en calma, la contingencia había sido tal, que incluso los prisioneros y esclavos, colaboraban en cuanto podían con la sanación y el sustento de los soldados. Por lo tanto, al ser relativamente “liberado”, Deidara había podido recuperar sus pertenencias y en gran parte, gracias a ello, sanar al capitán.



Deidara aguardaba en el bosque, con suma paciencia y concentración, mantenía los ojos serrados y los oídos atentos al menor susurro.


-¡Te tengo! – con gran destreza, se hizo de su arco y en un parpadeo atravesó el cráneo de un conejo, su presa y sustento. Feliz por su hazaña recogió su premio, más un tumulto apenas perceptible le desencajó de su alegría - ¿Pero qué...? – Dei colocó su premio en su cinto y montó con gran facilidad en un árbol, al subir lo suficiente, pudo distinguir a lo lejos a una marea de asesinos que surcaba el bosque demente e intolerante, azotando los arboles y arrollando los helechos - ¿Qué estarán buscan…? – entonces distinguió, a uno de entre todos los soldados, portadores del escudo del sonido ¡Enemigos!
Sin pensarlo siguiera, saltó del árbol cayendo casi sin conmoción y se hizo a zancadas hacia el campamento, corría despavorido >



Itachi no cabía en su dolor, más, tenía que buscarle, tenía que evitar que se fuera, habían pasado ya unas horas y no cesaba en su intento de vestirse y salir en su búsqueda, hasta que…

- ¡Maldita sea, Itachi! ¡Te dije que no te movieras! – Deidara brotó de la nada y molesto, comenzó a arroparle, Itachi le miraba asombrado, mirada que fácilmente podía confundirse con un susto inadmisible. Dei le sostenía casi totalmente, pues Itachi apenas si podía sostenerse en pie. Una vez le hubo puesto el saco y un denso abrigo.

- ¡¿Pero qué demonios..?! - en un rápido movimiento, Dei le montó en su espalda y le acomodaba a cuestas para un largo viaje - ¿¡Qué mierda crees que haces…!?

- ¡Forajidos! A costillas del rio, los he visto arribar hacia acá… - Deidara corría a cuanto podía hacia el bosque, en dirección opuesta al rio.

- ¡Pero quién te has creído para traerme a cuestas! ¡No puedo dejar a mi gente! – Deidara no había pensado en eso, en medio de su egoísmo por salvar sólo a Itachi, había olvidado por completo al resto del fuerte, se detuvo en seco razonando sus actos y considerando en dar la vuelta hasta que un grito desgarrador proveniente del cuartel le despejo…

- Ya es tarde… - retomó su camino tan persistente, que Itachi se sorprendió de sobra, no podía creerlo, ese muchacho, le dominaba y abandonaba a toda esa gente, ¿por él? o ¿por sí mismo?



Dei anduvo incesante hasta llegar a una grieta, un vasto acantilado terroso, por el cual se apresuró a descender cuidadosamente, aún con Itachi a sus espaldas semiconsciente, pues la hemorragia había arrebatado ya todas sus fuerzas. Los largos cabellos de Itachi deambulaban traviesos por el cuello de Deidara, quien no hallaba forma de librarse de semejante cosquilleo, más un pensamiento le inundo al ser consciente de tal cabellera el rubor ante sus declaraciones fue tal, que por poco cae al acantilado.



- De… Deidara… - Itachi despertaba, en medio de una total emancipación contextual, pues se hallaba dentro de una oscura y húmeda caverna – Dei… ¡Deidara! – su desesperación no tardo un minuto en desatarse, la idea de ser abandonado a sus suerte no era la peor de las creencias, sin embargo, ser abandonado por Deidara, era el peor de sus temores.

- ¡Hi! Hi, hi, por Dios tranquilízate un poco, harás que mi nombre se gaste de tanto usarlo – Deidara no lo admitía, pero le agradaba escuchar su nombre de aquella voz.

- No eres nadie para abandonarme aquí. Ponte en mi lugar, despertar en un sitio desconocido y deshabitado enloquecería a cualquiera.

- Ahora resulta que ¡yo debo ponerme en tus zapatos! ¡Dios! cuan cierto es lo que dicen de los Uchiha, ¡su ego es inmenso!

- Quizá tu observación seria más precisa, si añadieras que “es tan grande ya que es lo único que tienen”- Deidara se vio envuelto en un sinfín de interrogantes, un único comentario de Itachi, tan cruel y realista, había bastado para hacerlo sentirse una porquería. Durante todo este tiempo de convivencia forzada, habían aprendido a vivir tan cerca el uno del otro, que no les extrañaría añorarse hasta el hastío en su ausencia, Deidara adjudicaba a esto su necesidad por proteger a Itachi y más aún, a esa extraña necedad de estar cerca de él.

- Debes tener hambre… - sin respuesta, solo una mirada gélida – he preparado algo para que te recuperes… - Deidara se apartó de la greca en la que se encontraban escondidos entre las sombras de aquel acantilado, a su regreso, traía consigo sobre una amplia hoja de corteza, restos de conejo cosidos a candente fuego – no es de lo mejor en cuanto a gastronomía, pero servirá para mitigar tu hambre – Itachi tomo la corteza y comenzó a devorar su contenido – me hubiese gustado que comieras algunos frutos, pero en todo el lugar no halle ni una sola avellana, supongo que no podía esperar toparme con un manzano, jajaja – la risa de Deidara le desconcertó perceptiblemente, jamás le había escuchado reír no se explicaba “¿Cómo es que esta tan tranquilo? ¿Por qué tantas atenciones conmigo?” no supo explicarlo, pero el calor más agradable que haya experimentado nunca, inundo su pecho haciéndole enrojecer, aparentemente sin motivo alguno. Sus ojos se centraron en la distraída mirada de Deidara hacia el vacio, en sus carnosos labios semiabiertos y sonrientes, recorrió con sus ojos aquel cuerpo de pies a cabeza, sin saber que había sido descubierto infraganti y mostrando la expresión más fofa que haya plasmado nunca.

- No dejas de ser un pervertido,… idiota, si sigues mirándome así, tendré que sacarte los ojos – Itachi atónito recordó entonces con quién trataba, nada más y nada menos, que el ser más aguerrido que hubiese conocido, alguien a quien ahora tenía que temer y respetar.


El tiempo como solía sucederles, pasaba rápido, en escasos minutos Itachi se había transportado a un mundo paralelo, en donde todo eran risas, bromas y relatos, en donde no era comandante de nadie, en donde nadie había muerto o moriría. Aquello que formaba parte de su tangible realidad, todo lo que le causaba dolor, todo lo que había hecho hasta ese entonces, eran “nada”. Solo por estar con Deidara sus más temibles pesadillas se esfumaban, toda su tristeza se ausentaba solo para sonreírle a él, a la única persona que causaba un hormigueo en su estomago, la única persona que solucionaba todo con su presencia, la única persona sin la que ya no podría vivir.


A la mañana siguiente, Itachi despertó nuevamente sólo en la caverna, ni rastro de Deidara, comenzaba a acostumbrarse a no verle al despertar, pensaba, hasta que un crujido le informó de la ubicación del rubio. Ahora un poco más repuesto, casi sin rastro de la tormentosa fiebre de la que había sido presa, con una herida curada casi en su totalidad ya cubierta por una suave cicatriz, se dispuso a acompañar al rubio en la jornada, o por lo menos, ver que hacia sin pretender estorbar. Se acercó a él a sus espaldas, Deidara se hallaba sentado en un tronco frente al fuego, jugando aparentemente con una navaja, el cráneo del conejo (de la cena anterior) y un montón de hierbas o plantas. Al escuchar los pasos de Itachi, le miró por encima del hombro y con una sonrisa mañanera, le saludó.

- Bueeenos días – pasó a darle nuevamente la espalda.

- Buen día.

- ¿Ya te sientes mejor? – Itachi yacía a su lado por lo cual volteo a mirarle un segundo para volver a su labor.

- Sí, mucho mejor – terminó por sentarse sobre el rocoso suelo a un lado de Deidara, pese a estar mejor, estar de pie tanto tiempo le resultaba agotador.

- Me alegro… - pese a los intentos de Itachi por llamar la atención, Deidara parecía más atraído por el cráneo de conejo.

- ¿Qué haces? – lo intentó, pero no pudo con la curiosidad.

- ¿Hmm? – Dei se sorprendió por la pregunta, pero la sonrisa no tardo en brotarle al rostro – veras yo… - tornó sin previo aviso a un tono serio… - ¡Soy un artista! – justo hubo dicho esto, mostro airoso el cráneo tallado del conejo acompañado de la más radiante de sus sonrisas.

- ¿? – Itachi no sabía “mucho” de arte, así que en su rostro se posiciono una cordial indiferencia.

- Mmm… Veras yo, soy escultor – Itachi prestaba atención a su discurso – puedo hacer una escultura con casi cualquier cosa, aunque prefiero la arcilla – Deidara posiciono en el suelo el cráneo esculpido del conejo, para que estuviese totalmente al alcance de Itachi, más este solo lo contemplo absorto - ¿No te gusta? – el rostro de Deidara se mostraba tan decepcionado, que Itachi se apresuro a contestar animoso, no sabía porque, pero se sentía obligado a alagarle.

- ¡No!... digo, si me gusta – Deidara no pareció conforme y su rostro se torno peor – es decir, es… muy expresivo y… su, su significado – en verdad no sabía que decir. Para cuando termino de buscar algo que decir, se percato de que Deidara poseía un semblante depresivo y sombrío, temió que le matara o algo, por una “mala critica” – De…Deidara?...

- Jajajajajajajaja!!!

- ¿Eh? – la risa repentina y desbocada de Deidara le confundió… mucho.

- Jajajajaja… ¿quieres matarme de risa? – Itachi se hallaba hundido en “confusilandia” – no tienes porque hacerte el gracioso y no le busques cabellos a un calvo, este cráneo no significa nada, solo jugaba tallándolo hasta que preguntaste – la sonrisa que le mostro entonces Deidara, fue de esas de las que tanto le gustarían, con tanta confianza, que parecería digno del mundo, a Itachi esa sonrisa le volvió loco desde esa mañana y para el resto de sus días.

- Entonces… ¿no eres artista? – por alguna razón, que parecían conocer, pero que les era incomprensible y misteriosa, ambos querían saber más del otro, ambos deseaban, sinceramente, conocerse.

- ¡Hooo, pero por supuesto que lo soy!

- Y ¿Qué es lo que haces?

- Soy escultor, obviamente.

- Y ¿Eres famoso?

- Haaa… bueno… famoso, famoso, pues… - se mostraba nervioso, bastante y eso le simpatizó mucho a Itachi – veras, mi arte no le agrada mucho a la gente, dicen que es atrevida y que no tiene gracia, pero, es lo que a mí me gusta y no pienso dejarlo solo porque no le gustó a algunos po… bueno a muchos… bueno a todos, como si me importara su opinión – a leguas se notaba que le importaba y que le entristecía, Itachi por primera vez en su vida, sintió honestas ganas de reír, pero las reprimió, pues era mejor callar a ser golpeado por un artista frustrado.

- Y ¿Qué es lo que no les gusta? – seguiría preguntando hasta saciarse, esperaba nunca hacerlo, solo para seguir escuchándole.

- ¿Hm? – la sonrisa más grande que pudo mostrar se posicionó en su rostro y con afane alegría se hundió en su saquillo que yacía en su costado hasta encontrar una bolsilla de piel, de la cual saco un puñado de masilla blanca, arcilla escultórica – esta es arcilla común, se endurece al secar – Itachi miraba atentamente con la interrogante en el rostro. Deidara prosiguió sacando del saquillo una bolsita negra atada con un cordón – lo normal es hacer esculturas con la arcilla – tomo una pisca del contenido terroso de su bolsilla y la hundió en la arcilla – pero yo… ¡ham! – metió la mezcla en su boca y comenzó a masticarla con cierta rítmica. Itachi abrió sus ojos como platos de la impresión, esperaba todo, menos que se la tragara. Al final se asqueo un poco al verle escupir la bola blanca de arcilla – voy más allá de lo normal – entonces con sus manos empezó a dar forma hábil y rápidamente a la arcilla – estos polvos se llaman “polvos mágicos” los conseguí durante un viaje a oriente y no pude resistirme a mezclarlos – para cuando hubo dicho esto, mostro a Itachi su figurilla ya terminada, una especie de paloma delgada y alargada, no supo en qué momento desprendió su vista de las manos de Deidara a sus ojos que perdió por completo la noción de cómo hizo tal figurilla tan rápidamente.

- ¡Impresionante!

- ¿De qué hablas? Esta no es la mejor parte – una vez dicho esto, se levanto de su asiento con rapidez y arrojo la avecilla tan lejos sobre el cielo como pudo.

- ¡Ha! – en un segundo el avecilla que pareciese abrirse camino en los cielos se disolvió envuelta en una brutal explosión, inconcebible, roja, candente y rápida, en menos de un instante solo cenizas yacían en sus cabezas. Itachi se conmociono tanto, que olvido respirar.

- Dicen que el arte debe perdurar… pero yo creo que debería de ser más humano, nunca se sabe, que tan rápido acabara. Parece tan corta, eso es lo que la hace hermosa, eso es mi escultura, solo un susurro… - Deidara se había perdido tanto en su discurso, que no había advertido la retirada mirada de Itachi, seguía conmocionado por la explosión, nunca había visto algo así.

- Es… es increíble – debido al fulgor de la explosión, Itachi se había puesto de pie y ahora Deidara le miraba muy de cerca y realmente impresionado, a Itachi, realmente le había gustado su concepción del arte.

- Vamos que ahora no es broma, no te burles.

- No me estoy mofando – Itachi paso a mirarle ahora – es impresionante, de verdad me gusta. – Itachi sentía, por alguna razón, que aquella explosión tan repentina, era como su vida misma, siempre sin saber que esperar, siempre esperando el clímax, el final, el desemboque de su vida. Deidara ahora sentía, que posiblemente Itachi era la única persona que le entendía, se sintió realmente cómodo a su lado, que no le importo demostrarlo con un par de lagrimas de alegría.

- Deidara ¿estás bien?

- No te me acerques idiota, o tendré que golpearte – no lo entendían, pero parecían entenderse, aún sin palabras.
 

3 comentarios :

☠ღMimiღ☠ dijo...

Genial me encanta este Fic SasuNaru y este Blog esclusivo para esta historia, esta muy emocionante, gracias por compartirla.

Anónimo dijo...

no puedo decir otra cosa que muchas gracias...la pareja ItaDei es una de mis favoritas aunque no sea cannon..no me importa...y en ésta historia en especial me llenan de una ternura indescriptible...no me canso de ellos para nada...pero, empiezo a extrañar a Sasuke y a Naruto...menos mal que tengo muchos caps por delante...me gustaría saber si ya está finalizado éste fic...
Nadywing

Sora Tapia dijo...

El ItaDei ya empieza a surgir, como me encanta el caracter de Deidara. Ahora que pasara con ellos ya que su batallon ya fue historia XD
saludos^^

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