Capítulo 41: Las alas del rey

“Yo quisiera salvar esa distancia,
Ese abismo fatal que nos divide,
Y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu piel despide.”


Deseos
Salvador Días Mirón



-   ¡Eso significa que!…

-   Sí, podría estar aquí… - contestó Shikamaru al sobresaltado rubio.

-   ¿Quién? – la muchacha, intrigada, no soportó las ganas de cuestionar tan peculiares exclamaciones.

-   ¡Ha! Un amigo. Hemos venido a buscarlo, creíamos que se había marchado en algún navío mercante, pero él partió hace poco menos de un mes.

-   Hace menos de un mes… - la muchacha permaneció pensativa un segundo - ¡Oye Sasame! – gritó de improviso la joven, a lo que contestó su compañera de oficio, quien hasta hace unos segundos había estado trabajando en la cocina y había salido apresurada de la misma.

-   ¡¿Qué…?! – su gesto irritado denotaba el cansancio de su hacer, más al ver los rostros incautos de los jóvenes que se hallaban frente a la barra, su gesto se suavizó tan drásticamente, que parecía mofarse –…se les ofrece? – concluyo diciendo con un intenso rubor en sus mejillas.

-   Estos muchachos preguntan por el último navío mercante que zarpó de este muelle, buscan a un amigo suyo. Tú estás más enterada de lo que pasa en el muelle… - decía a Sasame mientras señalaba a Naruto y a Shikamaru - …su novio es marinero… - agregó diciéndoles secretamente (completamente audible para Samame).

-   ¡Oye, Ino…!

-   Tranquila…

-   Si puede ayudarnos, se lo agradeceremos cuantiosamente. – Dijo Naruto interrumpiendo tan infantil riña que emprendieron las mujeres, el encanto de su voz y su expresión, dejó aturdidas momentáneamente a las muchachas.

-   Si bueno… - la joven dispuesta a cooperar, se tomo unos segundos para relajar su bochorno –…mercante, como tal, el último navío que zarpó, fue el del gremio de pañeros de oriente.

-   ¿¡Sí!? – nuevamente entusiasta, Naruto reafirmaba este hecho.

-   ¿A qué se refiere con “mercante como tal”? – cuestionó Shikamaru.

-   Bueno, a demás de ese, desde la entrada de la temporada de huracanes, han zarpado un par de navíos aliados, uno de ellos transportaba especias, pero no era un navío mercante.

-   Entonces, ¿Qué clase de embarcación era? ¿militar?

-   No, de la corte.

-   ¿La corte? – cuestionó desconcertado el rubio.

-   La corte no hace viajes improvistos, y menos en época de huracanes. – aclaró Shikamaru, más para sí mismo que para los presentes.

-   ¡ho! Pero no de la corte nacional.

-   ¿Entonces?

-   La corte del país de la Tierra, según entiendo, tuvieron percances tras la visita que hizo aquí la familia real de las arenas, así que el navío permaneció aquí hasta después de que iniciara la temporada de huracanes. – Todo parecía tener coherencia ahora, el posible complot contra Sasuke, comenzaba a tener fundamento.

-   ¿¡Qué están haciendo aquí!? – de la nada apareció gritando una mujer, de cabello oscuro y ropas atrevidas tras las muchachas.

-   ¡Anko! – gritaron las jovencillas al verla.

-   ¡A trabajar par de flojas, no les pago por conversar con los clientes!

-   ¡S, s, sí señora! – y las jóvenes corrieron a ocuparse de sus labores.

-   Ustedes, ¿ya les atendieron? – dirigiéndose ahora al príncipe y al estratega.

-   He… si, muchas gracias. – respondió Shikamaru.

-   ¿Y ahora… ¡qué esperan!?  ¡Lárguense a embriagarse como los hombrecitos que son! – Shikamaru y Naruto salieron disparados hacia sus asientos, completamente aterrorizados por la fuerza en la voz de la mujer.

-   ¿Y bien, qué tenemos?

-   Es muy probable que Sasuke partiera en el navío de los Sabaku. – contestó Naruto.

-   Más que probable, yo diría que es lo más seguro. Los Sabaku no tuvieron ninguna clase de percance en palacio y traían consigo una flotilla entera. Si dejaron en el muelle una de sus naves, no fue por especias o paños, estaban esperando un paquete…

-   ¿Estás diciendo que los Sabaku, se encargaron personalmente del destierro de Sasuke? Eso no tiene lógica – sentenció Kiba. Más para Shikamaru, quien a su pesar, estaba por demás enterado de los planes de matrimonio que tenía la reina para Naruto, así como el mismo príncipe, la idea estaba mucho muy lejos de ser descabellada.

-   ¿Qué hacemos ahora? – cuestionó Naruto, nuevamente perdido y desorientado.

-   Tenemos que averiguar la ruta, aunque estoy casi seguro de saber cuál es.

-   ¿De qué hablas?

-   Sin importar que razones tuviera, la reina no se desharía de su mejor soldado estando al borde de una guerra. Si lo que quería era deshacerse de Sasuke, debió haberlo enviado a la zona roja, seguramente espera hacerle pagar su sentencia, en batalla. Nadie, salvo el ejercito que comandaba supo del regreso de Sasuke a palacio, reintegrarlo a sus labores, no debería ser una labor difícil. El asalto a las fuerzas rebeldes será en escasas semanas, y tú lo sabes perfectamente Naruto. En un par de días se dará inicio al carnaval Biju.

-   ¿Eso qué significa? – dijo Kiba.

-   Significa que ya no hay tiempo. Si zarpamos ahora, a penas tendremos tiempo de dar con Sasuke antes de la batalla, eso si es que no nos equivocamos en pensar que se reintegró en el ejercito.

-   ¡No se diga más! ¡Tenemos que partir!

-   Sí, ¿pero en qué? Naruto no puede delatarse ante la armada y reclamar un navío, inmediatamente le regresarían a palacio.

-   Lo único que nos queda, es formar parte de una tripulación pirata.

-   ¿¡El príncipe un pirata, estás bromeando!?

-   ¡Baja la voz!

-   Mezclarnos con los piratas no es una opción. –sentencio severamente Sai.

-   Bueno, pues, no le veo otra solución. Estamos varados aquí. No hay manera de que un grupo tan numeroso como nosotros, un caballo, un perro y un halcón, pueda colarse en un navío, y eso si es que existe una nave que no pertenezca a piratas, dispuesta a zarpar en tan inclementes circunstancias.

Vencidos ante su lógica, la escolta real parecía haberse estancado, incapaces de moverse o de obtener los medios necesarios para llevar a cabo tan intrépida aventura. La escolta entera se dispuso a beber y a comer un bocado, mientras pensaban agudamente en una posible solución. A Naruto casi se le desprende una lágrima al dar un sorbo a la amarga bebida, estaba cayendo en la desesperación, más al tener la inmensidad el tarro de ron frente a su rostro, el rubio monarca pudo visualizar, entrando a la taberna, a su reciente contendor, el muchacho de melena lacia y cejas tupidas a quien había enfrentado recientemente. Sorprendentemente, como si su mirada le llamara, el muchacho le miró apenas se acercaba a la barra del lugar, el joven sonriente, le alzó enérgico un saludo, del que, sin importar el haber perdido en la contienda, el rubio no pudo renegar; alzó en el aire el tarro y sonrió ampliamente, en actitud de informal respeto. Rock Lee se acercó a ellos, impaciente por intercambiar con su oponente unas cuantas palabras.

-   ¡Hola! – les saludo, solo Sai pareció sorprenderse con este hecho – Sirven buena la comida aquí ¿no?

-   No está mal. – contestó Kiba.

-   ¡…! – De repente, Lee se dejó recaer en sus manos su peso casi completamente sobre la mesa, abarcando casi por completo el espacio dedicado a Naruto, la guardia entera saltó, pues por mero instinto, se disponían a retirar de la cercanía de Naruto al desconocido personaje. Rock Lee, había mirado hasta entonces únicamente a Naruto, pero al presenciar la respuesta del resto, no pudo evitar mirarlos desconcertado. La guardia, al dar cuenta de su impertinencia, retomó su postura. – Ha… - le tomó tiempo retomar sus pensamientos, pues en verdad se había sentido amenazado por los cuatro hombres que acompañaban al rubio – Había algo que quería preguntarte, - regresó su atención a Naruto – hasta donde sé, esos movimientos, solo los conoce una persona…

-   ¿Quieres decir…? – le contestó Naruto.

-   Si.

-   ¡…! – Naruto se puso de pie estrepitosamente - ¡La Flor de la juventud…!

-   ¡Sí! – agregó Lee poniéndose de pie tras Naruto. El resto de la guardia permaneció atónito, con los ojos como canicas de la sorpresa.

-   ¡Eres alumno de Gay-sensei!

-   ¡Tú también! ¡Nunca imaginé que el maestro Gay tomara a otro discípulo, pensé que dedicaría su vida de lleno a la corona!

-   Si… bueno… - dijo el rubio un tanto nervioso.

-   Pero cuéntame, ¿cómo está el maestro? ¿No sabes si ya se ha casado, o si consiguió servir a la realeza?

-   Bueno, hasta donde sé, sigue siendo el mismo de siempre, y no se ha casado, pero si llegó a palacio, sirve ahí actualmente.

-   ¿De verdad? Valla, el viejo lo logro. – retomó Naruto su asiento, haciendo lugar a Lee a su lado.

-   Si…

-   Y, ¿de dónde son? No los había visto antes por aquí.

-   De Konoha. – se apresuró a contestar Shikamaru.

-   ¿Konoha? ¿Y qué hacen un puñado de campesinos de la aldea de la hoja por acá?

-   Estamos buscando a un amigo. Creemos que se encuentra en una de las aldeas de la niebla.

-   ¿El país del agua? No está muy lejos de aquí.

-   Sí, pero no tenemos un bote en que ir.

-   Mmm… ya veo. Pues, yo trabajo en un navío, partiremos esta noche hacia el país de la tierra. Podría dejarlos en un bote cerca de la costa norte del país del agua, nos queda de paso.

-   ¿¡En verdad!? – exclamó extasiado el rubio.

-   Si, solo hay un pequeño detalle.

-   ¿Cuál? – pregunto Shikamaru.

-   Deben convencer a mi capitana primero.

-   ¿Tu capitana?

-   Si, es la dama que esta allá. – aclaró Lee mientras señalaba en la barra a una joven que vestía atrevidamente, de cabellos necios y rubios, la misma que había interrumpido la pelea de hace unos momentos.

-   ¿Crees que acceda a llevarnos?

-   ¿Gratuitamente? No, pero estoy seguro de que habrá algo que podrán ofrecerle. – Habiendo dicho esto, Rock Lee se deshizo de su asiento, dio una cálida despedida con un ademán y se reintegró a su grupo, el cual rodeaba al la extraña mujer a la que llamaban Capitana.

-   ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Choji.

-   Bueno, aquí sentados no conseguiremos nada. No perdemos nada intentando. Kiba, Sai, vengan conmigo, Chiji, tu quédate aquí con Naruto.

-   ¿Eh? ¿Por qué siempre me toca esperar?

-   Eres muy imprudente, no haces falta en esto Naruto. – le aclaró Shikamaru.

Los guardias se acercaron al grupo de marinos, que entre remilgos y enérgicas discusiones, comían desaforadamente; era difícil de creer que semejantes hombres permanecían gustosos bajo el mando de una mujer, lo que alertó a los guardias, debían ser cautelosos. Visualizaron a la capitana en medio del tumulto, más cuando intentaron acercarse para poder conversar con ella.

-   ¿Se les perdió algo? – les cuestionó un hombre corpulento y enorme, Shikamaru quedo de frente a su pecho antes de mirar hacia su rostro, era inmenso el sujeto.

-   Queremos… queremos hablar con su capitana.

-   ¿Asunto? – el sujeto se inclinó sobre de él con gesto amenazador.

-   Queríamos hacer negocios…

-   La Capitana no negocia con campesinos. – parecía ser su última palabra, el sujeto se disponía a retomar su asiento para seguir comiendo cuando…

-   ¡Pero nosotros…!

-   ¡…! – impaciente el sujeto se puso de pie bruscamente y tomó a Shikamaru del rostro, su cabeza entera cabía dentro de la palma de su mano - ¡Te dije que…!

-   ¡Suficiente! – se escuchó una femenina y poderosa voz detrás del sujeto. - ¡Suéltalo! ¡Déjalos hablar, ya interrumpieron mi comida! – el sujeto lo soltó, y dejó que pasaran libremente, hasta llegar con la capitana, solo dos pasos más adelante - ¿Qué quieren? – la mujer tenía un semblante serio, viéndola de cerca, era bastante atractiva.

-   Somos de Konoha, estamos buscando a un amigo, creemos que está en alguna de las aldeas de la niebla… - solo hasta que mencionó dichas aldeas, la mujer pareció prestarle atención – sabemos que el país del agua está por su rumbo y queremos negociar.

-   Jajajajaja… - la mujer soltó una carcajada estridente. Pareció relajar su risa, y miró hilarantemente a los tres guardias – Mi hombre les ha dicho bien, no negocio con campesinos.

-   Vamos, no tenemos mucho dinero, pero seguramente habrá algo que podamos hacer.

-   Podemos trabajar. – agregó Kiba.

-   No creo que haya algo que hagan mejor que los hombres que ven aquí. Mi tripulación está completa. ¡Lárguense! – apenas terminó de hablar, se asomó de entre el grupo, Naruto, trayendo a sus espaldas a Choji, pues al escuchar la risa de la mujer, no pudo soportarlo y se acerco esperando poder convencerla; partir en ese navío era todo lo que le quedaba.

-   ¿Naruto qué haces aquí?, te dije que esperaras. – La capitana le miró, parecía sorprendida al verlo.

-   Naruto… - dijo muy levemente, inaudible - ¿Él también está con ustedes? – preguntó la mujer a Shikamaru.

-   Si… - contentó este algo confundido.

-   Quizá, haya algo que podamos hacer. – dijo la capitana mientras miraba al muchacho.

-   ¿Usted dirá?

-   Si me das ese collar… - le dijo a Naruto señalando hacia su cuello; el colguije que hacía mucho le había regalado Tsunade, aquel que había permanecido a su padre – dejaré que tu y dos de tus amigos aborden mi nave.

-   ¿Solo dos? – preguntó Naruto, parecía molesto y consternado, no quería deshacerse de él. Tomó entre sus manos la piedra del collar y miró a Shikamaru, esperando le ayudara a decidir. Shikamaru le miró y de inmediato contestó a la capitana.

-   O partimos todos, o todos nos quedamos. – parecía muy firme.

-   Debe haber algo más que quiera. – insistió Naruto, al tiempo que se hacía un poco más hacia adelante, quedando a la altura de Shikamaru, a dos pasos de la mujer.

-   Bueno, si me das la espada, pueden venir todos. – dijo señalando a Fummetsu, que colgaba del cinto del rubio. Naruto sostuvo el mango y la miró, era demasiado sacrificio, esa espada fácil podría valer lo de un navío entero. Debía tomar la decisión, o la espada, o Sasuke, y una vez que lo puso en esos términos, le fue más fácil decidir.

-   De acuerdo, pero podre llevar también a mi caballo.

-   ¿Un caballo? – dijo sorprendida la capitana – Para ser un simple campesino, pides demasiado. No creo que valga tanto una espada robada. Los caballos necesitan comida y cuidados especiales, es por eso que no los transportamos.

-   La espada no es robada, y vale más de lo que ofreces. – Naruto había dejado desconcertados a todos, no solo a la capitana, semejante asertividad, nadie se la conocía.

-   Pues no para mi, tendrás que dejarlo, si es que aún quieren partir. No reconsideraré mi oferta. – la mujer desvió su mirada hacia su bebida, la cual le esperaba paciente en la barra, hasta que la cercanía del puño del rubio con su rostro le obligó a virar, sorprendida, pues el joven había retirado de su cuello el colguije y lo mostraba persistente en su puño frente a la mujer.

-   Con esto pagaré los gastos extra del corcel, pero bajo ninguna circunstancia lo dejaré aquí. – Naruto estaba desgarrado, y se notaba, desprenderse de esa espada y más aun, de ese collar, no le resultaban sencillos; intentaba convencerse internamente, de que valía la pena.

-   ¡…! – la mujer sonrió, retiró del puño del rubio la gema, y extendió su mano en espera de la espada. Naruto se la entregó, la mujer la desenfundo y permaneció un par de segundos examinando la perfecta hoja. – Bien,… - agregó mientras enfundaba nuevamente el arma y se la daba a uno de sus hombres que yacía a sus espaldas. – Partiremos esta noche señores.


“La reina alada”, era el nombre del navío, magno, lujoso y funcional, era todo lo que necesitaban.

El resto de la tarde, la guardia se dedicó a colaborar con los preparativos para zarpar, los requerimientos de carga y aseo del bote, tomaron más tiempo del que se había contemplado, pero afortunadamente terminaron a tiempo. Naruto también ayudó en todo lo que le fue posible, ordenó al cabo de una hora cientos de metros de cuerda, lavó él solo casi toda la cubierta, en la que designó un espacio para Chidori, a quien el mismo subió a cubierta, y de quien él mismo se encargaría en todo el trayecto, la capitana permaneció observándole, hasta el anochecer.

Apenas el cielo se tornó oscuro y la luna iluminó los cielos opacando las estrellas, la capitana dio la orden.

-   ¡Desplieguen las velas! ¡Nos vamos de aquí! – la orden fue dada, y los hombres se montaron como monos del mástil, desplegando las inmensas velas, motores blancos de “La reina alada”. A penas la nave comenzó a moverse, la capitana se dirigió a su primer oficial – Fija el curso.

-   Como ordene capitana. – el primero a bordo tomó el mando, y la capitana se paró erguida frente a cubierta, siendo visible para toda la tripulación.

-   ¡Nos espera un trayecto turbulento! – les dijo - ¡Que los dioses del océano nos sonrían y nos permitan volver a casa!

-   ¡Heeeeeee! – gritaron al unísono todos los hombres, salvo la guardia, que carecía del conocimiento de las costumbres marinas.

La capitana descendió a cubierta, dirigiéndose específicamente hacia Naruto, que yacía sentado a estribor de la nave, junto a Chidori.

-   ¿Estás cansado? – le preguntó apenas estuvo cerca de él.

-   Un poco, si.

-   ¿Tienes hambre?

-   … - Eso no era necesario preguntarlo, el rostro del rubio le delataba.

-   Acompáñame. – le ordenó, y el rubio la siguió intrigado, más que temeroso. La capitana lo guió hasta su camerino, el espacio más lujoso, amplio y confortante de la nave, destinado a ella. Apenas entraron en él, y el olor de exquisitos platillos recién servidos, inundaron el olfato del rubio, al grado de que creyó poder elevarse en el aire con la simple caricia del aroma en sus narices. – Siéntate. – le dijo, señalando hacia la mesa, que estaba increíblemente bien puesta, repleta de comida fresca y deliciosa.

-   Yo… no sé si pueda. – el rubio se sintió intimidado por tan peculiar petición.

-   Estoy pidiéndote que seas mi compañía en la cena ¿Es demasiado pedir?

-   No.

-   Entonces, toma asiento, por favor.

-   Mi señora. – de un costado del camarote, salió un marino, que vestía un mandil blanco, seguramente el cocinero – hice todo como me lo ordenó.

-   Esta perfecto, gracias. Ya puedes retirarte. – La capitana dio lugar al hombre, abriéndole paso, para que pudiera salir. Mientras tanto, Naruto había comenzado a tomar haciendo.

Una vez que estuvo en la mesa, la mujer le sirvió vino tinto en una copa de plata y puso a su alcance todo lo comestible en la mesa.

-   Anda, come, sin preocupaciones. – le dijo sonriente, lo que estremeció al príncipe, por un momento no supo que pensar de semejante personaje.

-   Gracias. – y sin más, se dispuso a comer. Todo era como lo esperaba, delicioso.

Apenas el rubio comenzó a comer, la mujer se relajó, e incluso dejó salir un suspiro.

-   Tengo algo para ti. – le dijo atrayendo su atención, mientras sacaba algo de una cómoda dispuesta justo frente al rubio. – Toma, esto es tuyo. – le dijo poniendo a su alcance la espada y el collar que hacía unos momentos le había entregado, acto que dejó pasmado al rubio y consiguió que dejara de masticar lo que comía, podría decirse que casi se atraganta.

-   ¿Qué… pero…? – la capitana le hizo un gesto de alto con su mano, para impedir que siguiera.

-   Déjame explicarte. – la mujer tomó asiento, colocó la espada y el collar sobre la mesa y se sirvió igualmente una copa de vino – Quizás no me recuerdes. Mi nombre es Temari… - hizo una breve pausa – Sabaku no Temari.

-   ¡…! – el rubio pareció dar cuenta de algo importante, pero en realidad, solo se asfixiaba con su mal masticado bocado. – cof cof – tosió un par de veces, hasta que tomó de la copa el vino y liberó su garganta – Tienes el mismo apellido que Gaara. – le contestó sonrientemente.

-   Soy su hermana. – añadió un tanto decepcionada de la poca perspicacia del rubio, esta vez, el vino se le regresó estando a punto de desbordar de sus narices.

-   ¡¿Su hermana?!

-   Así es. – le dijo despectivamente, la torpeza del rubio acaparaba todo su encanto - Yo estuve presente, cuando te nombraron soberano del país del fuego, y cuando… bueno, fui uno de los que atacó a tu abuela.

-   Ya veo… - el rubio dejó la comida a un lado, parecía haber terminado de entender la situación - Si estuviste ahí, ¿qué haces aquí entonces? Pensé que habían regresado a su tierra.

-   Sí, bueno. Yo me lastimé durante la batalla; tuve que guardar reposo un tiempo. Por eso es que aún sigo aquí. – Temari se inclinó levemente sobre su asiento y continuó – yo estoy muy apenada por lo sucedido. Te pido disculpas y espero que sepas, que estaré a tu disposición siempre que lo necesites.

-   Entonces… ¿por qué me pediste la espada y el collar, si tenías intenciones de ayudarme?

-   Bueno, no quería delatarte. Veo por las ropas que vistes, que no es precisamente un viaje político el que emprendes. ¿Puedo preguntar?; ¿Qué hace el único heredero de la corona del país del fuego vestido como campesino y mendigando para ir a la aldea de la niebla?

-   Bueno eso… eso es una larga historia.

-   Supongo que no estoy en la mejor posición para cuestionarte – Sirvió un poco más de vino en la copa de Naruto – Uno de tus hombres dijo que van en busca de un amigo. ¿Es eso cierto?

-   … - Naruto no dijo nada, solamente respondió inclinando la sien.

-   Espero que no se metan en problemas. Esas aldeas son territorio rebelde ahora. Es un lugar especialmente peligroso para ti.

-   Lo sé. – continuó comiendo el rubio, con un poco más de recelo.

-   Ahora entiendo el disfraz. – le dijo con una picara sonrisa en el rostro – Pero de cualquier forma, no puedo tener a un príncipe pavoneándose como un mendigo en mi nave. – se puso de pié, nuevamente hacia la cómoda, y sacó de uno de los cajones inferiores un par de prendas tan sedosas que brillaban. – Por favor… - le dijo al acercarle las prendas – usa esto mientras seas mi invitado y permíteme darte hospedaje en estos aposentos. Sé que no son de lo mejor, pero…

-   No, es demasiado. No debería molestarse Temari-san, solo quiero pasar sin causar molestias a nadie. – dijo el rubio mientras extendía las manos para tomar las prendas.

-   No es ninguna molestia, ¿Cómo podría molestarme ser cortés con mi futuro...? - Temari pareció quedarse muda de repente.

-   ¿Su futuro…? – continuó el rubio.

-   Perdóname, he sido imprudente.

-   ¿Usted sabe…  - continuó con una expresión afligida en el rostro – sabe de la propuesta de matrimonio?

-   Si… mi Gaara lo comentó. – Naruto permaneció con expresión perdida – Me habló de la propuesta que le hizo tu abuela… - “¿Qué?... ¿Entonces… Tsunade lo propuso… y no al revés?”, esto era demasiado para el rubio – Y sinceramente… - continuo Temari – me sorprendió que aceptara.

-   ¿Eh? – fue entonces que atrajo nuevamente la atención del rubio.

-   Hacía muchos años que no había algo que le interesara a mi hermano, a parte de la venganza. Si acepto este compromiso, es porque en verdad te quiere… - de momento, la conversación se tornó extremadamente intima. El rubio tomó bien las prendas entre sus manos, las observó un momento, sin duda eran dignas del futuro rey de las arenas, debían haber pertenecido a Gaara.

-   Yo… - se le había ido el apetito, y al contemplar las ropas, la espada sobre la mesa y su collar, sintió que el corazón se le quebraba, se estaba dividiendo en pedacitos. Un sincero deseo de corresponder a Gaara le inundo, pero la espada estaba ahí, para recordarle a quien pertenecía su corazón y el collar, para recordarle a quienes pertenecía su vida. - …yo… en verdad… no…

-   No tienes por qué decirme nada a mí.

-   ¿Eh?

-   Sé que puede parecer raro, que dos hombres se comprometan. Pero en mi país, las cosas son un tanto diferentes; la poligamia no es un delito, y un rey, puede tener tantas esposas como desee. Tampoco es extraño que dos hombres hagan su vida juntos, siendo el rey, solo basta con que una de sus esposas sea mujer o un doncel capaz de darle descendencia. En mi país, el rey decide con quien desposarse y no hay poder humano que lo impida ¿sabes?, pero en tu caso, por ser quien eres: tienes la oportunidad de elegir.

-   ¿Sí?

-   Si… No quiero que pienses que estoy tratando de presionarte – le dijó acercándose a él y tomando su mano - …soy amable contigo, porque me nace serlo, y no lo negaré; me gustaría que aceptaras, y desposaras a mi hermano. Yo, no sé qué es lo que tienes, ni entiendo bien que fue lo que le hiciste, pero de alguna forma, tocaste algo en él, que le cambió. Por primera vez en muchos años, no es muerte lo único que le rodea. Pero, quiero que sepas, que sin importar lo que decidas; yo te voy a estar siempre agradecida por lo que has hecho por él.

-   Pero… yo no he hecho nada… - trataba de librarse de aquella conversación y dejar de pensar en si quiera la posibilidad de seguir el camino que habían forjado para él.

-   Eso es lo que tú crees. Te ruego que aceptes mi hospitalidad, dame la oportunidad de servir a un noble.

-   ¿Un noble?

-   Si, un príncipe.

-   … - el rubio se ruborizó un poco – pero, si eres hermana de Gaara, tú también eres princesa.

-   Ha, sobre eso; verás, yo no soy del todo princesa.

-   ¿Cómo?

-   Mi padre, como la mayoría de los hombres de mi país, tuvo más de una esposa, una de ellas, era la princesa Karura, madre de Gaara y hermana del rey sucesor Yashamaru, su gemelo. Cuando este falleció, mi padre asumió el trono. Mi hermano mayor, Kankuro y yo, tenemos madres distintas, es por eso que no soy del todo princesa.

-   Por eso no se parecen.

-   Si…

-   Ya veo… - el rubio se quedó en silencio unos segundos – Es por eso que Gaara no quiere ser rey.

-   ¿Eh?

-   Si, Gaara no es el mayor, normalmente el mayor de los hijos debe asumir el cargo, pero en este caso, es él obligatoriamente.

-   Sí, bueno… es algo así.

-   ¿Por qué?

-   ¿Por qué, qué? – regresó la pregunta la capitana, un tanto desconcertada.

-   ¿Por qué Gaara no quiere ser rey?

-   ¿Eh? ¿Qué te hace creer que no quiere serlo?

-   Lo dicen sus ojos. Fue lo primero que noté cuando le vi. – dijo el rubio con la misma simplicidad con la que había estado hablando hasta entonces. Temari se quedó sorprendida ante este acertado cometario.

-   Si bueno… hace años, cuando era más pequeño, ocurrió un accidente, en él, el rey Yashamaru murió. Y muchos han culpado a mi hermano desde entonces.

-   ¿Por qué?

-   Bueno… las circunstancias, todo parecía indicar que el accidente fue provocado, y mi hermanito era el único presente, fue quien le vio morir. Desde entonces, él nunca… - el tema parecía ser muy difícil para Temari.

-   Entiendo.

-   ¿…?

-   Si te es tan dolorosa hablar de ello; ¿Por qué hacerlo? – el rubio había dejado perpleja a Temari… quizás ese chico era más listo de lo que parecía.

Al fin de la noche, el rubio aceptó las prendas, y comenzó a usarlas desde entonces. El viaje en “La reina alada” fue más ameno de lo que la guardia y el príncipe imaginaron. Temari enseñaba día a día todo lo que sabía de navegación y astrología al rubio, también le contaba interesantes historias de los héroes de su tierra y dio al rubio una nueva perspectiva respecto a la guerra. Las batallas que se hacían entre ambos reinos, se habían debido al incesante deseo de expansión de los pueblos, tanto uno con él otros, tenían sus ideales, sus metas, sus propios sueños. Temari tenía una forma muy neutral de ver las cosas, así como un sentido maternal por su patria y por el futuro heredero de la misma, cada día reafirmaba en Naruto esa confianza, ante la posibilidad de entablar una amistad, antes que un amor atrincherado. En una de las muchas noches que cenaron juntos, incluso le dijo, que con historias como las suyas, ni siquiera un matrimonio podría calmar las trecheras; “siempre es mejor el amor”, le decía… pelear por él, y morir defendiéndole.

El resto de la guardia se había dedicado a las labores marinas durante todo el trayecto, pero disfrutaban como todos, de las noches pacíficas, de los bailes, los brindis y el infinito repertorio de canciones de los marinos. Incluso Shikamaru, quien en medio de su desdén por la autoridad fijada por Temari, fingía no divertirse, lo había pasado en grande, pues se había descubierto más tolerante y trabajador de lo que a sí mismo se consideraba, incluso se levantaba antes del alba, teniendo la oportunidad de charlar con la mañanera capitana todas las mañanas. Y Sai, a quien apenas Temari le vió habilidades dibujísticas, le encomendó realizar un retrato de Naruto para su hermano, mismo que realizó magistralmente con papiro viejo, agua salada, goma y hollín. El viaje podría resumirse, en el pequeño seno de un sueño que estaba por marchitarse.

-   ¿Estás seguro de esto? – Preguntaba Temari a Naruto, la mañana en la que se visualizó a lo lejos el país del agua, y sobre sus costas, la aldea de la niebla - ¿Podrías recapacitarlo?

-   No hay nada que pensar Temari-san. La decisión está tomada.

-   Sigo sin entender… ¿Quién o qué puede ser tan importante, como para que te arriesgues de esta manera? ¿Estás seguro de que vale la pena?

-   Si. – Temari le miró sorprendida, la decisión del rubio, quien contemplaba embriagado de felicidad la costa, era demoledora.

-   Supongo que no podre detenerte. – le contestó con una ceja crispada, le complacía esta determinación, pero no podía evitar consternarse o sentirse desvalida.

Desviándose del curso, el navío encalló en el muelle como él último favor hacía Naruto.

-   Dale mis saludos a tu hermano. – Dijo Naruto a Temari al tiempo que se preparaba para descender, llevando a su lado a tan esplendido corcel, había retomado sus viejas ropas, y con el collar de su padre en el cuello y a Fummetsu en su cinto, se disponía a partir, dejando en el boten, nada más que el recuerdo de su presencia.

-   Cuídate mucho.

-   Así haré Temari-san. Gracias por todo. – dijo esto al tiempo de saltarle en un cálido abraso, para después descender de cubierta sin mirar atrás.

-   Adiós. – dijo Shikamaru a Temari mientras el resto de la guardia descendía tras Naruto.

-   Adiós… Cuida de él.

-   Lo haré – contestó mirando de lleno al rubio.

-   Y cuídate.

-   Lo intentare. – terminó diciéndole con una sincera sonrisa. Finalmente, el estratega también descendió.

Al desembarcar, la incertidumbre se hizo presente, el ambiente desolado del muelle y lo gris del poblado, les hicieron poner los pies sobre tierra, menuda realidad.

-   Bien Sai. Tú conoces el camino. – por fortuna, y sin haberlo meditado antes, llevaban entre ellos, a un soldado que conocía de sobra la ubicación del regimiento, lo que les permitió ayarlo rápidamente. No hubo mayores percances en el trayecto, la selva húmeda se había dispuesto para ellos, marcando claramente el camino que debían seguir, pero al llegar al regimiento…

-   ¿Sai? ¿Shikamru? ¿Qué están haciendo aquí? – al encontrarse dentro del territorio resguardado para el regimiento, inmediatamente fueron interceptados y tras identificarse, fueron llevados hasta el comandante: Neji Hyūga.

-   Venimos buscando a Sasuke. Dime que está aquí. – se adelantó a decir Shikamaru.

-   ¿Sasuke? No lo hemos visto desde que lo destituyeron. Sai, tu llevaste a cabo la orden. ¿Qué fue lo que sucedió?

-   ¡Maldita sea! – exclamo fuertemente Kiba.

-   ¡Nos equivocamos, él no está aquí! – gritó Naruto, con las lagrimas al borde de sus párpados.

-   Naruto… tranquilízate. – Kiba intentó calmarlo, pero al tocarlo, recibió un fuerte manotazo.

-   ¡Todo lo que pasamos fue en vano! ¡Él quizás esté pudriéndose en una prisión y me dices que me tranquilice! ¿¡Qué demonios te has creído…!?

[¡Crash!] Naruto estaba cayendo en la desesperación, y la impertinencia de su lengua y su volumen no hacían más que confirmar lo desahuciado de su estadp, por lo que Shikamaru reaccionó, golpeándole en la mejilla lo suficientemente fuerte como para silenciarlo.

-   ¡Mirate! Esto no es más que otro percance y ya estas enloqueciendo. Si no conservas la calma y la postura en un momento como este, ¿Cómo pretendes hacerlo cuando debas tomar una decisión importante?

-   Yo… - el rubio dolido, no podía hacer más que dejar que las lagrimas involuntarias, brotaran de sus ojos. Podía sentirlas emanar de una fuente desconocida y barrerse por su rostro sínicamente.

-   Comprendo lo que estás pasando, y no necesitas más pretextos para tu desesperación, pero comportándote así no llegaras a ninguna parte. – el rubio bajó la mirada desahuciado, su postura denotaba el pesar de sus emociones.

-   Shikamaru… yo… yo… - El estratega no pudo soportar la ruptura de su señor, por lo que le abrazó intentado, desesperadamente de sosegar ese dolor, por poco que pudiera hacer, debía intentarlo.

-   Perdóname Naruto, he sido yo quien te ha fallado… - podía sentir los cabellos traviesos del rubio sobre su mejilla, sus puntas le rosaban la mandíbula, las lagrimas del rubio le empapaban el cuello y el sentir tan vulnerable, a alguien tan inmensamente fuerte como Naruto, le hacía temer a semejante emoción, si un amor así había sido capaz de ablandarlo a él y a Sasuke, ¿qué sería de los demás de padecerlo? - …me equivoqué.

-   Deben explicarme, que ha sucedido. – fue lo único que pudo articular Neji al contemplar la escena.

Al cabo de unos minutos, Naruto se tranquilizó y comenzó a arrojar rocas por un risco para distraerse, mientras el resto de la guardia, ponía al tanto al comandante del regimiento de todo lo acontecido.

-   Ya veo. – Decía Neji una vez que la explicación que Kiba hizo favor de darle, terminó – No me esperaba algo así de Naruto, pero con solo verle, es claro que ha cambiado.

-   Si…

-   ¿Por qué razón se aferra tanto a Sasuke?

-   Bueno, su maestro, el más fiel de sus soldados le traicionó, ¿te parece poco? – le contestó Shikamaru.

-   Puesto así, supongo que era de esperarse. El joven amo denota su necedad.

-   No tienes idea.

-   Entonces. ¿Qué tan seguros están de la traición de Sasuke? – les preguntó Neji.

-   Pues a mí me suena a broma. – contestó Kiba.

-   ¿Por qué lo preguntas? – le cuestionó Shikamaru.

-   He escuchado cosas… rumores.

-   ¿Sobre qué?

-   Dicen que hay un Uchiha sirviendo a Akatsuki.

-   ¿Qué? – exclamo Choji.

-   ¿Quién? Los únicos Uchiha que hay, son Sasuke, sus padres y su hermano, toda la demás estirpe pereció en la guerra. – completó Kiba.

-   Itachi… - dijo levemente Shikamaru.

-   ¿Itachi Uchiha? ¡Eso es imposible! – exclamó Kiba.

-   Es solo un rumor, no he podido constatarlo, pero si lo pienso; tiene mucho que no se sabe nada de él, y su familia siempre ha estado a la espera de hacerse de la corona. En la línea de sucesión, después de los Namikaze, están los Uchiha, seguidos por la familia Sarutobi y los Hyūga… van a decir que soy paranoico, pero tras tantos años de gobierno de una condesa que no pertenece a ninguna de las familias, y la ascensión de un desaparecido heredero de los Namikaze, una conspiración de parte de los Uchiha no suena tan descabellada. Si se lo proponen, podrían incluso, dar pie a una guerra civil.

La guardia permaneció en silencio, mientras Shikamaru pensaba agudamente en las posibilidades… Si la conspiración era cierta, las razones para el destierro de Sasuke eran más que inminentes, y siendo así… ¿A dónde le llevarían? ¿Existiría la posibilidad de que Itachi rescatara a Sasuke y de que ahora se encontrara trabajando para la rebeldía?, la sola idea le petrificó, algo como eso no podía ser posible, él le conocía, conocía a Sasuke, o al menos, intentaba convencerse de ello. Ahora tenía una nueva decisión que tomar, o arriesgarse y buscar a Sasuke en el territorio enemigo, o buscarle en otras fronteras inútilmente, hasta que el desconsuelo del corazón de Naruto haya cesado, y se hayan ido de él el deseo y las fuerzas para continuar en una búsqueda sin sentido. Como en todo, no eran sus sentimientos ni su vida la que estaba en riesgo, por lo que le pareció indigno tomar esa decisión. Se acercó al risco, sin decir nada más a sus compañeros, y así como se hayaban las dudas en sus pensamientos, las externó al rubio y le pidió que decidiera, sin importar lo que eligiera, le seguiría, de dio por seguro que le seguiría como un perro, pero…

-   Si uno de nosotros muere ahí… si varios lo hacemos, o si incluso tú pereces Naruto, no habrá marcha atrás. Habremos perdido todo… por esto. – Naruto le escuchaba atentamente, todo lo salido de sus labios le parecía irreal, se mantenía atónito, intentando, dentro de lo que sus posibilidades le daban, de hacer lo mejor para todos y no lo que su pecho le gritaba incesante - ¿Qué harás…?

-   Yo… aprecio lo que haces por mí. Y quizás después de eso, no sea el rey que mereces… quizás nunca sea el líder que todos ustedes merecen… - dijo señalando al grupo de hombres que aguardaba a la distancia a sus espaldas - pero, si desisto ahora, no creeré que quizás nunca lo seré… estaré seguro de ello.

-   … - Shikamaru le miró, sin palabras, le sostuvo de los hombros y miró fijamente a sus ojos, asentando con la sien, le dedicó una sonrisa y dijo: - Esta bien. – Dio media vuelta hacia el resto de la guardia y les ordenó: - ¡Nos vamos!



La guardia volvió a integrarse, todos continuaron tras Naruto, dispuestos a seguirle incondicionalmente abandonaron el regimiento, para adentrarse en territorio enemigo. Pasaron un par de días más, alejados de toda comodidad, disponiendo su sueño sobre el suelo, acercándose cada vez más al territorio enemigo, a la espera de ser sorprendidos por rebeldes dispuestos a terminar con sus vidas. Anduvieron por las aldeas, sobreviviendo, caminando a veces demasiado rápido, y en otras ocasiones, siendo tan lentos, pues el cansancio les vencía las piernas, y en una de esas ocasiones…


-   ¡Ho! ¡Genial! – exclamó fuertemente Kiba, al tiempo que se detenía.

-   ¿Qué sucede Kiba? – le preguntó Shikamaru. Acababan de cruzar por una aldea, en donde pocos saludos habían recibido y ni siquiera las miradas curiosas les dedicaron un segundo, era un territorio peligroso, se podía ver por lo atrincherado de las puertas y ventanas de las viviendas, detenerse no parecía una buena idea.

-   ¡Mi bota! ¡Se agujeró mi puta bota! – le dijo a gritos mostrándole su bota - ¡Hermano, se me colaran todas las piedras!

-   Jajajajajaja. – el rubio príncipe, al verlo, sin importar qué, no pudo resistir la hilaridad de la situación.

-   ¿Qué? ¡No le veo la gracia Naruto! – le gritaba Kiba completamente rojo de la vergüenza.

-   Jajajajajajajaja… - pero no consiguió más que alimentar la risa del rubio.

-   ¡Suficiente! – se lanzó sobre él intentando silenciarlo - ¡Dame una de tus botas! ¡Dame! ¡Dame! – se hallaban el Kiba y Naruto forcejeando como niños cuando…

-   Shikamaru. – Llamó Sai al estratega, cuando el aludido lo miró, se percató de que miraba hacia la derecha persistentemente.

-   Ya veo, Sai. – sostuvo de su envergadura su espada - ¡Kiba! ¡Cubre a Naruto! – gritó sorpresivamente, alertando a los que risueños forcejeaban y dando la entrada a los rebeldes que aguardaban tras los arbustos, quienes salieron disparados armados con improvisados escudos, armaduras, hachas, cuchillos y maderos, los cuales portaban en lo alto.

Una intrincada pelea se desbocó, Naruto desenvainó su espada y la empuño por primera vez, contra improvisados guerreros, que no eran rivales para ellos.

-   ¡No lastimen a nadie! – les ordenó en medio del calor de la contienda el príncipe a todos sus soldados.

-   ¿Estás bromeando? – le gritó en respuesta Kiba.

-   ¡Ya dije! ¡No-lastimen-a-nadie! – de improviso un hombre se dejó ir sobre Naruto, fue tan inesperado que el rubio casi atraviesa al hombre con Fummetsu, lo cual le aterro, la espada parecía deseosa de sangre. La enfundo nuevamente, y comenzó a pelear con ellos a puños, arrebataba de tan inexpertas manos las armas sin problemas y un golpe o dos eran más que suficientes para contenerlos, de esta forma, su guardia le siguió, quedando en menos de un minutos, todos desarmados, y peleando uno a uno con los rebeldes, usando simplemente sus puños.

Casi se sentían victoriosos, al ver caer uno tras otro a los hombres desarmados hasta que tras un par de rebeldes, saltó a la contienda un hombre enmascarado, que vestía una capa negra de nubes rojas, el cual se fue directamente contra Choji, el primero en su camino, le noqueó de una patada al rostro, después Sai, a quien burlo en todos sus intentos de ofensiva, y terminó por sentar de un golpe directo al hígado, Sai se tiro al suelo tras el impacto, incapaz de respirar. Shikamaru al contemplar semejante acto, se acercó a Naruto rápidamente, sacó su espada y junto con Kiba creó un perímetro entre Naruto y los rebeldes, quienes les rodearon.

-   ¿Pero que tenemos aquí? – el hombre enmascarado, cuya máscara naranja con una sola abertura para el ojo derecho, hacía conmocionar a Shikamaru y despertaba la curiosidad en Naruto, quien apenas daba cuenta de su presencia, se antepuso al grupo de rebeldes, quienes le abrieron paso conforme se acercaba a la guardia del príncipe - ¿Campesinos? – les miró detenidamente, dando vueltas alrededor de ellos, mientras era seguido por la punta de la espada de Shikamaru – No, no son simples campesinos. – mientras viraba en torno a ellos, lo que colgaba del cinto del rubio atrajo de sobremanera su atención, haciendo que se detuviera. - ¡Wow! Es linda el arma que tienes ahí ¿Puedo verla? – para cuando terminó de preguntar, ya se encontraba a un soplo de distancia su nariz de la del rubio, Shikamaru se había desconcertado, jamás había visto a alguien moverse tan rápido, el tipo le dejó estupefacto, pues en esa fracción de segundo, se había apoderado ya de su arma y presionaba con ella contra su garganta. Naruto no pudo moverse, se había congelado, mientras el hombre enmascarado, tomaba por sí mismo el arma de la funda. - Fummetsu… - le escuchó decir levemente al contemplar la espada, y después le miró fijamente, con su único ojo, tan rojo y penetrante… esa mirada la había visto antes, intentara recordar en donde… pero no pudo, aturdido por tan aterrador sentimiento. Un segundo después, el hombre se alejó dos pasos del rubio y ordenó potentemente: - ¡Ya saben que hacer! ¡Llévenselos! ¡Aseguren al caballo, al halcón y al perro también!

Los hombres intentaron seguir al pie sus instrucciones, sostuvieron rápidamente a la guardia entera, incluyendo a Naruto, pues Shikamaru, temeroso de que le hicieran daño, le hiso señas para que no se resistirá. Les ataron y amordazaron, sostuvieron también a Chidori, quien no opuso resistencia, pues su amo interino se encontraba a su lado, prisionero. Paso lo mismo con Akamaru, fiel se sometió junto con su amo, pero con Giga fue un tanto diferente, pues una vez iniciada la pelea, salió volando, sin intenciones de tocar tierra, hasta que les hicieron prisioneros, desapareció a la vista.

Mientras tanto, el hombre enmascarado, recalcaba su vista sobre la espada, la cual le había hipnotizado desde el momento en el que la arrebató al rubio. Naruto solo podía verlo, hirviendo en coraje y esperando únicamente el momento para liberar sus manos y arrebatársela. Esa espada era de Sasuke y no podía soportar la forma en la que la observaba.

Los rebeldes, guiados por el hombre de la máscara, llevaron a la guardia hasta un campamento erigido alrededor de una enorme cabaña, que estaba en lo absoluto lejos del lugar en el que los atrancaron, oculta entre el nublado bosque. Una vez llegaron a él, los rebeldes aventaron a los prisioneros al terroso suelo, entre ellos Naruto, quien al apenas caer, se sentó erguido, manteniendo fija su mirada sobre el sujeto de la máscara, y forcejeando sin cesar con sus ataduras.

-   ¡Ju Ju! Debes tener muchas agallas para mirarme así. – le dijo este hombre mientras se le acercaba, y una vez que estuvo justo frente a él, a un pelo de que rosaran sus narices, quitó de la boca del rubio la mordaza, tras lo que este soltó una bocanada inmensa de aire - ¿De dónde sacaste la espada? – le preguntó, aún llevaba consigo a Fummetsu, parecía no poder parar de contemplarla, salvo ahora, que cuestionaba al rubio, amenazándole con la oscura mirada de su único ojo visible.

-   De ningún lado, ¡es mía! – le grito.

-   ¡Mentira! ¡Esta espada ha pertenecido a la dinastía Uchiha durante siglos! ¡De ninguna manera puede ser tuya!

-   ¡Pues es mía! – continuó gritando, la forma en la que contestó esta vez, fue tan hilarante y berrinchuda, que el enmascarado no pudo hacer más que burlarse, se puso de pie y se alejó un tanto del rubio.

-   Ya hablaras… - agregó mientras se pavoneaba de un lado a otro hacia la cabaña.

-   ¡Hey! – le gritó el rubio, por lo que este volteó - ¡¿A dónde crees que vas?! ¡Ya te dije; que eso es mío! ¡Devuélvelo!

-   Jejejeje… - el sujeto continuó riéndose y retomó su camino, hasta que de pronto…

-   ¡Te dije, que lo devolvieras! – el rubio se soltó de su atadura, y se puso de pie en un instante, dispuesto a ir tras el enmascarado, hasta que el mango de del hacha de uno de los rebeldes le detuvo con un golpe directo al rostro. Al ver el arrebato del rubio, los rebeldes se abalanzaron sobre él, pues por el impacto había caído de bruces contra el piso…

-   ¡Hey! – se escucho una voz llamar a los rebeldes a lo lejos, acompañado de una pequeña roca, que había impactado directamente en la cabeza de uno de los rebeldes, interrumpiéndolos en su hacer, y atrayendo la atención de todos, incluyendo al enmascarado y a Naruto. - ¡…!

-   Sasuke…
 

9 comentarios :

Kiyu_Unmei dijo...

DOMO ARIGATO!!! Nooo, me lo pudiste cortar ahi, es ke no pensas en mi siquis. Aunque una de la mejores partes en cuando Naru defiende sus sentimientos por Sasuke ante Temari, fue re lindo!!! Espero no tardes en actualizar.

Anónimo dijo...

Realmente espero que si sea sasuke ya quiero que se reencuentren.

Leairiux dijo...

No... no pienso en tu "siquis", jajajaja. Gracias por comentar el fanfic, me alegra que te guste.

Leairiux dijo...

Ya lo veras.... ya lo veras ¬¬...
Gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

y ahora como duermo??? ;; D:

hahhahaha vamos naruto!! tu puedes
necesito love love love xD

buen capitulo :)

Anónimo dijo...

yo si lei el capi que sigue en amor-yaoi casi de 3 meses esta historia es genial, la narracion al principio me dio un poco de flojera lo admito pero decidi darle un oportunidad y si que vale la pena leerla espero pronto poder empezar con lo nuevo depues de tanto tiempo, de verdad, tienes lo que una aficionada a la lectura y no solo fic como yo busca una trama que te atrape en cada capitulo.

Anónimo dijo...

increible capitulo¡¡¡ por fin encontró a Sasuke¡¡¡ YEI¡¡¡ ahora falta ver que va a pasar entre ambos ¡¡¡ me carcomen las ansias increible fic ¡¡¡ de los mejores que he leido y el más largo :) ¡¡¡ Me encantaría que ese par hiciera cosas como casarse solo para que Tsunade se calle :) pobre Gaara ... espero que Naruto por fin pueda ser claro con Sasuke la ultima vez que intento ser claro con el los interrumpieron en pleno acto :S.... pero en fin esperaré ansiosa la conti¡¡¡ suerte¡¡¡
por cierto no había podido subir review porque se me complico con las palabras para que aceptara subir me tomo agarrarle

Anónimo dijo...

Yaaaaaaaa! sube la actualizacioooooooon por lo que mas quieraaaaaas!!!!!

Sora Tapia dijo...

Oh My God!!
Al fin lo encontraron, al fin encontraron a Sasuke
Sin duda Temari se dio cuenta del porque Gaara acepto, sigo diciendo que ella no lo hubiera rechazado XD
Ahora que lo encontraron que pasara, me dara un infarto con tanta angustia

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