Capítulo 37: Con la daga en el pecho

Ahora, el lecho guarda sólo unos miembros empalidecidos, en los que aún hay belleza,
pero ya no hay un hálito que los alimente y les dé vida.
Murió... Mas en sus labios, que los besos perfuman aún, se muere la risa,
y ronda el nombre de su amor…


“El ángel y el niño” (alterado), Arthur Rimbaud





Se posaba el sol complaciente sobre el horizonte aquella mañana, el aire ligero alentaba los pulmones, la suave y primaveral humedad del amanecer comenzaba a desvanecerse…

Un príncipe despertaba, en un lecho desierto, desconcertado; había dormido en espera de su amor… en espera de la confirmación del correspondido sentimiento, la consumación de su pasión interrumpida. Esperó largas horas, sin mayor prenda que el acostumbrado camisón almidonado, con sus piernas y brazos cruzados sobre la cama… esperó, hasta quedarse dormido.

Al despertarse, no prestó atención a la belleza del día, ni se sorprendió al levantarse mucho antes de que la joven cierva le asistiese, nada le importó, sólo una ausencia en su cama tuvo la suficiente importancia como para mantenerle absorto, no había para sus ojos nada más que un lugar vacío e inmaculado a su costado: después de todo, Sasuke no se presentó…

Con el corazón expectante e increíblemente vacío, se puso de pie, y despistado y sin hacer cambio alguno a su vestir, caminó por los pasillos de palacio; la servidumbre conmocionaba con su apariencia, se le apreciaba sonámbulo, completamente ausente, con la mente extraviada.

-   Naruto-sama, – un incrédulo joven, no pudo resistir la curiosidad, se acercó hacia él y esperando ser audible por el monarca, le cuestionó - mi señor, ¿qué está haciendo?

-   Sasuke… - sus pensamientos se externaron inconsciente, en un segundo se dio cuenta de que le hablaban, miró al muchacho y le dijo: - la habitación de Sasuke.

-   ¿Uchiha-sama? – respondió el joven mozo – Se instaló en las primeras habitaciones de huéspedes del ala izquierda de palacio, la primera a la derecha al terminar el corredor.

-   … - Naruto no pudo dar las gracias al jovencillo, estaba realmente sorprendido con el hecho de que durante todo este tiempo, no se había preguntado en cuál habitación residía el moreno; lo único en lo que podía pensar, era en lo desconsiderado que había sido, buscaba incesantemente razones que justificaran la ausencia del Uchiha, y para cuando llegó a la alcoba, se había cansado de contarlas.

Al entrar en la habitación sin cerrojo, encontró justamente lo que esperaba, una cama vacía, un par de botas a un costado, cajones casi vacios, un par de papeles sobre la cómoda a pies del lecho, un par de trajes en el armario, entre estos el lujosos traje oscuro que el Uchiha resguardaba para ocasiones especiales, un par de camisas y sacos, solo un juego de encajes… el pequeño rubio recalcó entonces en la austeridad del vestir del Uchiha, dada su posición de marqués. Sus pertenencias estaban intactas, la cama había permanecido tendida; el rubio príncipe se sentó sobre de ella, llevó sus rodillas a su pecho, seguía preguntándose las razones de tan peculiar ausencia, debía haber explicación: Sasuke no podía haberse marchado, Naruto estaba seguro de ello, pues a un costado del lecho, sobre el decoroso buró que yacía a su lado, se encontraba una diamantada y pulida espada; la reconoció de inmediato, la había visto antes en una caja de cristal en el estudio del padre de Sasuke, simplemente no podían existir dos iguales; semejante envergadura hecha a mano, y la marca roja de la familia Uchiha, no podían ser igualadas… pero, ¿por qué no estaba ahí Sasuke? ¿De haberse marchado por qué no habría llevado consigo tan importante tesoro familiar? ¿De seguir aquí, por qué no se presentó esa noche? Naruto no sabía que pensar, sin duda el llanto le acudió, estaba triste y confundido al mismo tiempo, más pasados unos minutos de meditación, dio cuenta de que sentado ahí no encontraría la respuesta. Así que regresó a su aposento, se vistió adecuadamente, y un tanto relamido, acudió a presencia de su abuela. En el trayecto preguntó a toda alma que se le cruzara sobre el paradero del Uchiha, más nadie pudo dar seña de él pasada la noche anterior; miró por cada pasillo y caminó lentamente, atento a todo movimiento, en busca del moreno, más fracasó, así que estaba por convencerse de que probablemente se encontraba en algún pasadizo o calabozo oculto, pronto se resolvería a buscarle hasta lo más profundo de los anales de palacio, estaba preocupado, no tener señales de él comenzaba a atormentarle.

-   Oba-chan… - Tsunade se encaminaba al comedor secundario para merendar.

-   Naruto…

-   ¿Has visto a Sasuke? – Preguntó un tanto distraído el rubio – Le he buscado por todas partes, pero no lo encuentro…

-   Él se marcho anoche… - Tsunade estaba aterrada, sabía que debía encarar a su nieto, pero no esperaba hacerlo tan temprano por la mañana, esperaba poder evitarlo hasta tarde.

-   ¿Se marcho? ¿A dónde? ¿Fue a visitar a sus padres? ¿Está en el pueblo? – el rubio cuestionaba ansioso, y la reina se encontraba muda, incapaz de contestar.

-   No él, él solo se fue… - no podía mentirle, a esta altura, se encontraba segura de que el rubio seguiría al Uchiha incluso al punto más alejado del mundo, no podía dar ni una sola de aquellas alternativas.

-   ¿Se fue…? – al vacío dentro del joven príncipe se ahondaba dolorosamente, de momento pensó que Sasuke había huido, se había arrepentido, le había dejado… - Me abandonó… - las lagrimas no tardaron, y aparecieron prominentes sobre los azules ojos – Esto no puede ser, él no pudo marcharse, todas sus cosas están aquí.

-   Naruto… - Tsunade había sido imprudente, ciertamente las pertenencias del Uchiha continuaban en palacio, más nunca imaginó que Naruto le buscaría tan ansiosamente, ¿a qué había llegado su relación? ¿cómo podía dolerse tanto ante un hecho tan insignificante? – Ven conmigo, necesitamos hablar… - Tsunade tomó de hombro a su dolido nieto - ¡Retírense! – ordenó a sus damas de compañía, quienes agacharon la mirada, y se marcharon hacia todas direcciones. Encaminó al pequeño hasta los aposentos principales, a cuyas puertas esperaba el primero oficial Kakashi; Tsunade se sintió aliviada al verle, pues no quería enfrentar esto sola, el Hatake sin duda sería un gran apoyo.

-   ¿Qué sucede? – al estar en los aposentos de la reina, Naruto fue un tanto más consciente de la situación, algo no andaba bien.

-   Naruto… - Tsunade se tomó un tiempo para continuar – Sasuke,… Sasuke, bueno él… - la monarca agachó la mirada imposibilitada del habla, no podía continuar la oración a sabiendas del dolor de su nieto - … él no volverá… - miró entonces al rubio, que permanecía atónito, no parecía entender - …nuca.

-   ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué intentas decir…?

-   Traición, Naruto… Uchiha Sasuke nos traicionó… - Naruto quedó helado, ¿de qué carajos hablaba?

-   ¿Por qué dices eso? – estaba completamente fuera de contexto, pasó en un segundo de un rechazo amoroso a una traición real, ¿de qué se trataba?

-   Sasuke, junto con otros miembros de la rebeldía, iban a amotinarse en nuestra contra, planeaban derrocarme… y a ti mi niño, a ti iban a darte muerte.

-   ¡…! – debían estar bromeando, de donde sacaban semejantes ideas, era ilógico, completamente fuera de proporción, Sasuke estaba dispuesto a dar su vida por el reino que un día regiría Naruto y ahora esto… - ¡No es posible! ¡Es mentira! – tanto Tsunade como Kakashi se impresionaron ante las reacciones del príncipe, con sus ojos desbordando de sus cuencas, y sus manos persistentes sobre su cabellera y oídos, no estaba dispuesto a escuchar semejante atrocidad.

-   ¡Naruto! – pero Tsunade, severa, le arrebató las manos de la cabeza y le forzó a escuchar - ¡Date cuenta hijo! ¡Todo esto es una farsa! ¿Qué no lo entiendes? – Naruto apenas si podía entender lo que decía - ¡Ha sido el mismo Itachi Uchiha quien ha quemado tu antiguo hogar! – Naruto, tembloroso se echo un paso hacia atrás… no podía creerlo.

-   Pero Sasuke… él…

-   ¿No advertiste su trato especial?

-   ¡…!

-   Desde un principio, siendo amable con un siervo… riéndose de ti…

-   ¡Ha! – Naruto no pudo soportarlo, salió corriendo de la alcoba para caer apenas diez pasos fuera de esta, y devolver el contenido de su vacio estómago… se levantó como pudo, asiéndose al muro… algo no cuadraba, debía ser mentira, eso simplemente no podía ser cierto, no podía ¡No podía! …

Con sus rodillas temblorosas y su mirada nublada por el llanto, el pequeño corrió a tropezones por todo el palacio, hasta los jardines y detrás de ellos hasta la caballeriza, deteniéndose fuera al escuchar el rechinar de los corceles, aún le aterraban, más solo una cosa podría confirmar las palabras de Tsunade, y ahí estaba, Chidori, el audaz corcel de Sasuke, resguardado bajo el dominio de palacio…

Sasuke había sido desterrado… era un traidor, un mentiroso que había jugado con él, que había llevado a tal extremo sus emociones… ¿cómo había podido fingir tanta pasión? Todo el amor que le cernía, no era más que una cruda y vil mentira… El dolor venció a Naruto, tirándole sádicamente sobre el empajado suelo de los establos, haciéndole llorar hasta que sus ojos se secaron…

El pequeño príncipe se dejó inundar con sus dolidas lagrimas, restregándose entre la podredumbre, tratando de sosegar los dolorosos espasmos que el llanto le provocaban, retorciéndose para mitigar el dolor de su pecho, el cansancio exhaustivo que le inundo le dejó sin ganas de levantarse, de momento no tenía ganas de nada… se dejó vencer recostado, mirando al cielo, mientras las pocas lagrimas que aún le quedaban se escurrían por su rostro.

-   Sasuke… ¿por qué…? – él dolor que el joven delfín experimentó ese día, permanecería en la mente de todos quienes le vieron deambular, de sus guardas y amigos, que apenas resignados, escuchaban a sus cercanías, ligeramente los quejidos de su rey… sus suplicas, sus involuntarias convulsiones… - Sasuke…






Uchiha Sasuke fue desterrado una noche de primavera. Para el amanecer ya era transportado hacia el puerto más cercano, a muchas horas de distancia a caballo, días enteros en la austera carreta en la que le llevaban, de madera húmeda y cuarteada, sin comodidades ni decoraciones inútiles, dos puertas y ventanillas diminutas restringidas con barrotes. Afortunadamente, la confinación de la carreta era lo suficientemente segura, como para darle al reo la posibilidad de prescindir de grilletes, lo que Sasuke menos necesitaba, era un par de cintos de hierro oxidado alrededor de sus muñecas. En el camino, mientras soportaba a duras penas el andar del carro sobre el desnivelado terreno, pensaba en su padre; a medio día sin falta, habría sido entregado un comunicado al jefe de la familia Uchiha, en donde se le pusiera al tanto de la situación de sus, ahora desterrados hijos, y se le alertara de la posibilidad de ir a prisión, y ser uno más de los reos políticos que se pudren en confinamientos escabrosos. Sasuke trató de imaginar la deformación del rostro de su padre al enterarse, y el llanto incesante de su abnegada madre, sería sin duda una escena desgarradora; pensaba y se cuestionaba arduamente, si es que valía la pena, pasar por todo esto, no parecía valerlo; más improvistamente, como una luz parpadeante, llegaba a su mente la imagen de Naruto, ese candente encuentro del día anterior, su sonrisa, su sabor, olor y calor, continuaban aún palpitantes sobre sus manos, saboreables sobre sus labios y persistentes como una droga sobre sus narices; era increíble, por momentos la risa sínica le pintaba el rostro al recordarlo, o al menos lo haría hasta que el hambre y la soledad eclipsaran todo buen pensamiento, y le encaminaran hacia la locura.


             



Al día siguiente en palacio, todo siguió siendo igual, las atosigantes multitudes de cortesanos que le ocupaban seguían presentes, los ciervos andaban atentos de un lado a otro, y la guardia numerosa y perseverante, recorría los jardines en sus constantes recorridos. Todo parecía ser exactamente igual, salvo una pequeña diferencia: las puertas de la segunda habitación de palacio permanecieron cerradas… A la orden de la reina, ni una sola alma se atrevió a molestar al rubio delfín que permaneció expectante durante todo el día, recostado en la cama, y vistiendo un sucio camisón… Se había negado a tomar un baño, negaba al mundo el escuchar su estrepitosa voz, y consternaba a la multitud al dar la espalda a todo alimento, no probo bocado en todo el día.

El sol alumbraba el nuevo día y descendía dando lugar a la noche, penetraba cálido hasta lo más profundo de las habitaciones del príncipe, más para este, la luz permanecía siempre igual, sin importar la hora… siempre parecía oscuro.

Naruto permaneció inerte durante días, sin aliento para pronunciar palabra, ni energía suficiente como para comer; solo quedaban en su rostro unas profundas ojeras por el sueño y el rojo ardor de sus ojos, era como si siguiera intentando llorar, más ya no podía hacerlo, ya no más…

-   Naruto-sama… - una joven mucama, triste, hablaba al delfín, que yacía recostado sobre la cama - … hoy tampoco ha tocado su comida. Si sigue así enfermara. – la joven moza tomó la charola, con los alimentos íntegros y fríos sobre ella. Caminó hasta el lecho y se mantuvo contemplando al rubio, que parecía ignorarla - ¿Sabe lo que pensé el día que le conocí? – Naruto había sido, desde del comienzo de su estadía en palacio, muy abierto y familiar con la servidumbre, estrago de su anterior oficio, más daba la confianza a todos sus criados, de dirigirse hacia él, como lo harían hacia un amigo – Pensé: “A esta persona jamás se le acabará el brillo” – el gesto de la joven era sonriente, y en un parpadeó se tornó abrumado, con el llanto reposando bajo sus cejas -… y ahora, le veo tan opaco, mi señor. – la voz quebrada de la joven atrajo la atención de Naruto. Ten-ten comenzó a llorar, cubrió con su mano libre su nariz, avergonzada por su acción – Discúlpeme. – se disponía a marcharse, más fue detenida por la mano débil y pálida del delfín.

-   Deja la charola… - le dijo apenas audible, su voz desgastada enterneció aún más a la muchacha

-   ¿Va a comer mi señor? – Naruto asintió con la sien, la moza, apresurada, colocó la charola en el regazo de su señor, y le ayudó a sentarse. Sentía un calor abrazador cubrirle el pecho, el joven príncipe se había conmovido ante sus palabras - ¿Desea algo especial mi señor? – aún seguía conmovida hasta el llanto, más no podía desperdiciar la oportunidad para hacer comer cuantiosamente al rubio delfín.

-   Lo que sea estará bien… - la muchacha salió disparada, abrió estrepitosamente las puertas, y Naruto pudo escucharla decir:

-   ¡Rápido, nuestro señor está hambriento! – El rubiales dejó escapar una leve sonrisa, esa muchacha estaba verdaderamente alegre, con algo tan simple. Le había hecho recordarse a sí mismo, el día en el que preocupado se había arriesgado para atender al Uchiha, a Sasuke quien le necesitaba y le humillo… por un momento parecía haberlo olvidado, ¿pero cómo sería capaz de olvidar?... Se hundió en sus pensamientos nuevamente, no sentía el hambre cernirle, ni cansancio devastarlo, solo podía sentir el dolor en su pecho, ese veneno persistente que le mataría de a poco.

Ten-ten regresó a la habitación unos minutos más tarde, venía acompañada de un puñado de mozas que llevaban consigo charolas desbordantes en bocadillos, pasteles, dulces, frutas y todo tipo de manjares. Naruto quedó mudo ante ellas, todas sonrientes y brillantes, ansiosas, observándole, y él, con el cubierto en la mano, zarandeando desinteresado su comida. Naruto le dedicó una sonrisa nerviosa a Ten-ten, pues ella parecía exigirle que comiera con la mirada, todas ellas eran en verdad severas, así que el rubio eligió centrarse en ellas, y hundió el tenedor en el asado que tenía sobre su regazo, se lo llevó a la boca y el puñado de jovencitas que le observaban suspiraron al unísono; Naruto se tensó todo ante esa reacción, en verdad había alarmado a todos los habitantes de palacio. Siguió comiendo mientras pensaba que todo su comportamiento era injusto, actuaba como un niño mimado, y no resolvería nada con ello, y si bien, comer no mitigaba su dolor, si generaba un puñado de sonrisas en las señoritas, y en todo aquel, que inquieto e intrigado, se asomaba por las puertas abiertas de la alcoba, para ver comer al desairado delfín.

Una vez que hubo comido, el rubio, más repuesto, se dejó consentir, permitiendo que las bañistas le lavaran el cabello y le arroparan al salir de la tina. Las mucamas le vistieron, peinaron y calzaron a su gusto, escabulléndose entre todos los atuendos y discutiendo una con la otra por elegir la más adecuada vestimenta, teniendo al rubio, largos minutos en paños menores, quien se divertía con las ruborizadas mejillas y las incautas miradas de las jóvenes ante su persona; al final, le vistieron con un atuendo azul rey de encajes dorados y blancos, con abotonadura de oro y una grande y decorada solapa, acompañado de unas medias blancas, y zapatillas en pico con adornos de plumas y cristalinas decoraciones, mismos que bajo ninguna circunstancia el rubio habría pensado usar, más ahora los portaba.

-   ¿Están seguras de que esto es necesario? - Se sentía como un payaso, con los agudos tacones de su calzado, la empolvada peluca, el sombrero blanco de pluma ancha y el exagerado maquillaje; tenía las mejillas rojas como tomates y la cara blanca como la nieve.

-   Desde luego, alteza. De esta manera luce como todo un caballero.

Naruto no parecía muy convencido al verse al espejo, así que volteó hacia las mozas a sus espaldas, les dedicó una gran sonrisa, y rápidamente reaccionó sosteniendo el sombrero con una mano, mientras arrancaba de su sien la peluca, zafaba de sus pies las zapatillas y eliminaba de su rostro todo pigmento de color con la solapa de su pulcrito atuendo.

-   ¡…! – las muchachas suspiraron decepcionadas. Más Naruto les sonrió con restos de maquillaje alrededor de las mejillas.

-   Me quedo con el sombrero. – les dijo mostrándoles la prenda para después ponérsela, y sin más, salir de la alcoba.

-   Haaaaa… - dejando a su paso un suspiro quejoso por parte de las desairadas jovencitas.

Había pasado el suficiente tiempo ya, desde la partida de Sasuke, como para que Naruto buscara una aclaración de todo lo sucedido, este nuevo aire de energía perduraría hasta que supiera, sin censuras, toda la verdad; quería ser conocedor de hasta el más mínimo detalle. Así que se encaminó hasta el estudio de su abuela, sin necesidad de reponer su calzado, con las medias al ras del piso y sin el resonar característico de los tacones contra el duro suelo.

-   ¡Naruto-sama! – la servidumbre conmocionaba al verle, en parte por su reanimada aparición, seguida del altisonante atuendo que portaba, peculiar en él; sus pies descalzos, el enorme sombrero y los costados del rostro blancos como la leche.

-   ¿En dónde está la reina? – preguntó a un atónito cortesano que paseaba por los pasillos.

-   Me parece que en el estudio, mi señor. – el mozo apenas pudo conservar la compostura ante la extravagancia del delfín, cosa que Naruto ignoraba, y al contrarío, parecía divertirle.

Sigiloso se aproximó hasta el estudio, esperaba poder sorprender a su abuela al brotar revitalizado de uno de los pasadizos…

-   No, su majestad. – más al estar a un muro del estudio, se dio cuenta de que Tsunade tenía compañía, pues escuchaba la voz de Kakashi claramente desde el otro extremo. 

-   Bien… Supongo, que será lo mejor.

-   Sin duda, alteza. – escuchaba a su abuela y al soldado charlar; no estaba seguro de la cantidad de gente que se encontraba en el estudio, así que aguardó; esperaba poder sorprender a su abuela sola, o en compañía únicamente de su protegida, Shizune.

-   ¿Y Naruto, cómo está?

-   Mucho mejor, me han informado de que merendó decorosamente esta mañana.

-   ¿Es verdad? – Tsunade sonaba contenta, y Naruto estaba ahora enfadado, pues aparecer ya no sería una gran sorpresa – Me alegro, estaba preocupada.

-   No debería haberlo estado: solo fue un arrebato, Naruto-sama, es joven e impulsivo, esta clase de actos son naturales a su edad. – el rubio prestó mayor atención a esta conversación, los comentarios de Kakashi habían comenzado a irritarle.

-   Lo sé, pero, sinceramente; todo este asunto de los Uchiha, Sasuke y el duque, me tiene muy alterada. Ya no sé si es lo correcto, el desterrar a Sasuke puede convertirse en mi último gran error, ¿lo entiendes verdad?

-   Desde luego alteza. Pero por ahora, eso no es lo más importante; debe resolver la propuesta de nupcias con el reino de la arena, una alianza sólida con Sabaku no Gaara, podría garantizar su permanencia en el trono.

-   Lo sé Kakashi, no es necesario recordármelo; créeme que lo pienso a diario.

-   Dígame, mi señora, ¿en qué ha pensado?

-   … - Tsunade se tomó un tiempo para contestar – pienso; que Naruto es muy joven aún para contraer matrimonio…

-   ¡Qué! – ¿Nupcias? ¿matrimonio? ¿Gaara? ¿De qué demonios estaban hablando allí dentro?

-   ¿Considera prudente esperar? – continuó Kakashi.

-   No. – Esto debía ser una broma, primero hacían desaparecer a Sasuke debido a una “supuesta” traición, y ahora, pretendían forzarle a desposarse con el demonio de las arenas… Esto no podía estar pasando. Miles de ideas cruzaron por la mente del joven delfín; recordó en segundos a Iruka, a las palabras que le escucho decir: “¿Para qué? ¿Para privarle de su libertad?” Naruto se sintió aprisionado, nuevamente no sabía que creer, cuál era la verdad absoluta, la qué su corazón mandaba, o la descrita a palabras de la reina… Amaba a su abuela, en verdad la quería, en tan poco tiempo había formado con ella un denso y rico vinculo, que detestaría romper; pero antes de eso, se encontraban Iruka y Sasuke, ellos eran su verdad antes de ser el Delfín del país del Fuego, y ahora que lo era, no se sentía seguro de en quién creer, todo parecía estar calculado, cada gesto, cada pensamiento y acción que le apremiaran, parecía haber sido meditada por alguien más tiempo atrás; esta idea aterró al rubio; estaba asustado y dolido. La verdad, en su mundo, había dejado de existir.

Regresó a su alcoba, con el sigilo y silencio de su desganado andar, recorrió de regreso exactamente los mismos pasillos; esta vez, no cruzo palabras o miradas con nadie. Una vez en su aposento, se sentó sobre el extendido lecho, dispuesto a rendirse una vez más, sin embargo un pensamiento brillante le invadió, necesitaba respuestas, y rendirse no era una opción, no ahora; él debía ser capaz de decidir su propio destino; si no era capaz de ello, mucho menos lo sería, de decidir el rumbo del reino más grande y poderoso sobre la tierra.
 

2 comentarios :

Hotaru tomoe dijo...

kiaaaaaaaaaaa vamos naru lucha por el teme , no te cases con gaa-chan aqui hay gato encerrado XD
XC ten-ten me cae bien espero y le diga la verdad a naru ;(

Sora Tapia dijo...

Pobre Naruto, la partida de Sasuke lo dejo en depresion, vamos Naruto tu debes elegir como vivir tu vida
Porque Sasuke se atribuyo la culpa, su papá cree que el hacia todo por su plan, pero Sasuke jamas quiso seguirlo, porque no dijo el plan de su padre y apoyaba a la corona?? debe de hablar con Itachi, que coraje!

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