Capítulo 36: El destierro... segunda parte


Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

 

El baile de los ahorcados
(Bal des pendus)
 Arthur Rimbaud

    


-    O Sasuke viene aquí, o el que se va; soy yo…

Incapaz de oponerse a las demandas de su nieto, Tsunade permaneció estática con la conmoción viva en el rostro.

-    ¿Te has vuelto loco? – cuestionó instintivamente y con poca fuerza.

-    ¡Tú decides! – dichas estas palabras el joven príncipe salió presuroso del pequeño salón, entre apenado por la forma en la que por primera vez se dirigía a su abuela, y temeroso de acobardarse ante estas arriesgadas e incongruentes decisiones. Más sus deseos sobrepasaban lo mucho que el remordimiento oprimía su corazón.

-    … - partió dejando a la vista, su amplia espalda, del corsario que vigilaba la entrada de la estancia, quien al escuchar aquella discusión y verle partir tan temerariamente, únicamente pudo recalcar en un sólido pensamiento: “Con que es así”.






Pasadas las semanas, al cabo de otro mes, adentrada la esperada primavera, un par de corsarios arribaban, impacientes, en palacio. Recibidos tras las inmensas murallas que le rodeaban, le penetraron presurosos guiados por sus pies, recorriendo sin reparo los inmensos y esplendorosos jardines. Sasuke, quién molesto, no había separado, en todo el trayecto, de la envergadura de su arma su puño, se adelantaba perseverante a los intentos impulsivos de Sai por seguirle el paso, hasta los aposentos de tan particular personaje, mismo que había disuelto sin reparo todo resto de indulgencia, y al que enfrentaría sin el menor disimulo, estaba arto, por demás fastidiado de la enfermedad que aquel rubio príncipe propagaba en su mente. En unas cuantas semanas había cruzado medio mundo sin la más mínima oportunidad de descanso, montando hasta que le fue imposible reconocer el dolor de cualquier extremidad de su cuerpo, con alimento apenas suficiente para soportar la jornada y semejante al únicamente digerible para un perro,
sin la oportunidad de asearse o de dormir decorosamente, teniendo únicamente un balde y una jerga para fregar su cuerpo y su escaso abrigo para acorrucar su sueño; Naruto se había convertido en el impulsor de todo mal pensamiento, en la causa de toda calamidad, cuya única prueba de semejante culpabilidad, era ese siego querer que el moreno le profesaba, ese amor que encandilaba inconsciente su odio, quien alimentaba el desapego y hundía al joven Uchiha en una vaga nostalgia.

Al encontrarse en las puertas de palacio, imposibilitado de evadirlos al ser seguido a un paso por Sai, los recién llegados corsarios fueron interrogados por guardias comunes y forzados a esperar en el recibidor a la orden de la reina. Más derrotado por su enardecido coraje, Sasuke se abrió paso hasta dichos aposentos, con una determinación tal, que ni la más grande masa de siervos de la corona podría haberle detenido.

-    ¡Señor no puede hacer eso!

-    ¡Señor! ¡Le pido que se detenga! – los hombres, indefensos ante el apellido y porte de Sasuke, no pudieron hacer más que seguirle y tratar, abruptamente, de detenerlo.

-    ¡Señor, usted no puede entrar ahí! – finalmente al estar frente a los aposentos, la presuntamente imparable caminata de Uchiha fue detenida, pues los soldados, quienes custodiaban la entrada, desenvainaron sus armas anteponiéndolas una contra la otra frente a Sasuke, el filo de las espadas cruzadas llegaba a la altura de su frente, más después de hacer una pausa, en la que dejó ver a través de su mirada; su ciega determinación, la cual heló la sangre de los jóvenes mozos, quienes vacilaron ante tan perturbadores y rojos ojos…

-    ¡Apártense! – El Uchiha retomó su andar sin conservas, haciendo que los custodios bajaran sus armas indefensos, dominados por una fuerza más allá de su comprensión.

[Chas]

Sasuke dejó que se escuchara el resonante choque de las ornamentadas puertas contra los muros, dejando a todos los presentes helados, incluidos, a Naruto, quien recién terminaba de atar los cordones de su alborotada y por demás elegante vestimenta.

-    Sasu… - pudo apenas pronunciar, y por su parte el aludido, había quedado indefenso y completamente en blanco; todo cuanto había pensado en recriminarle se había escapado de su mente, ahora no lo recordaba…

-    ¡Señor, usted no puede estar aquí! – ya recobrados, los soldados procedían a forzar la retirada del marqués, mas el príncipe intervino.

-    ¡Déjale!, está bien. – tranquilamente dio la orden, como era costumbre, y los guardas, resignados, agacharon la cabeza y retrocedieron los escasos pasos que habían dado dentro de aquella alcoba, cerrando las puertas en el último de estos.

-    … - Sasuke estaba impresionado, carcomido por la facilidad con la que se ablandaba frente al rubio, misma que no podía continuar. - ¿Por qué me has traído de vuelta? – evitaba con dificultad dirigirle la mirada, pues se sabía mudo al contemplar la engalanada imagen del joven príncipe, con semejantes prendas finas y entalladas, los encajes ostentosos y el rojos cinturón que le afianzaba a su espada, era fácil recaer en tan singular belleza, era particularmente sencillo perderse en tan interminable encanto.

-    Entiendo tu molestia… - Naruto era diferente, sin duda había cambiado, la forma en la que se expresaba, ese sutil timbre de su voz, magistral, le habían alejado de aquel recuerdo del niño siervo y torpe siempre dispuesto a los deseos del Uchiha; Sasuke se sorprendió a sí mismo al añorarle - … pero no eres lo que necesito al frente de tan importante regimiento.

-    ¿A no? – completamente convencido de que toda emoción que en algún momento les unió, había desaparecido, el Uchiha tomó valor para encararle sin temor de perder ante sus emociones.

-    No – hizo una pretenciosa pausa, en la que parecía divagar entre las múltiples razones que le sustentaban -… Necesito a alguien verdaderamente comprometido con la corona.

-    … - Sasuke no pretendía mostrar paciencia a su señor, sino todo lo contrario, su justificada ira efervesía cuantiosa bajo su garganta, misma que no tardaría en emerger proveniente de un potente volcán en llamas.

-    Tu solamente peleas por tu gloria, - prosiguió justificándose el rubio, con una actitud semejante a la de no necesitar justificación – no te interesas realmente por el imperio. – este comentario terminó por desbocar el feroz torrente de odio que hasta el momento el marqués había contenido.

-    ¡He dado la vida entera por este reino! ¡No he peleado por la gloria de nadie más que la tuya! – en medio de gritos, el marqués se había acercado a poco más de un paso del monarca, lo cual intimidó al rubio y le obligó a retroceder. - ¡Y ahora me culpas de no dar suficiente! ¡¿Qué más quieres de mí?! – Había tomado por sorpresa a Naruto; él solo había intentado alimentar una amena y divertida discusión, y en su lugar, había recibido una aturdidora demanda.

-    ¡No puedes ofrecerme nada… que no tenga! – Naruto intentaba escapar a la colérica demanda del Uchiha, de igual manera como había sido siempre, más todo el dolor que había amoldado a Sasuke en estos últimos tiempos, le había forzado a no conformarse, a no aceptar un “no” como respuesta.

-    ¡Un día te ofrecí mi corazón! – Naruto quedo boqui abierto, con el alma aprisionada y un suspiro persistente bajo su pecho, indefenso al lento avanzar del Uchiha - ¡Te ofrecí mi cuerpo y alma a cambio de nada! ¡Pero me rechazaste! – a un soplo de distancia del príncipe, Sasuke sostuvo sus mejillas para forzarle a encararle, para dejar caer sobre él todo el dolor de su contenida mirada, aprisionándole con fuerza entre sus manos, recargando sobre su frente la suya y suplicando porque experimentara un poco del dolor que le cernía - ¡Así que no me digas que no he dado suficiente!

Los enardecidos y rojos ojos de Sasuke socavaban dentro del corazón del joven príncipe, quien no pudo remediar su conmoción al ver como aquellos ojos se lagrimaban, al sentir la fuerza de aquellas pálidas manos y ver enrojecer aquel tenue rostro, que buscaba desesperadamente contener el llanto, ¿tanto le había hecho sufrir? Naruto se odió a sí mismo al contemplar la respuesta, no se explicaba como semejante emoción podía atormentar a tal grado a un ser tan altivo y prominente como Sasuke. Su gesto se ennobleció conmovido por esta revelación; de momento el rubio sintió una calidez aturdidora y más grata que todo cuanto hubiese experimentado antes, e impulsivamente, con los ojos brillantes por las lagrimas, retiró de sus mejillas las manos ajenas y poso estrepitoso sus labios sobre la húmeda boca del marqués, en apenas un segundo sus brazos envolvían enérgicos el cuello de Sasuke, oprimiéndole al tiempo que le obligaban a enfrentarse a esta desconcertante realidad. Guiado por un reflejo, el moreno apartó del abrazo al rubio, incapaz de concebir lo que pasaba, sin lo capacidad aún de asimilar todos los pormenores que aquel encuentro encerraba. Más ciego de deseo, estremecido por las latentes vibraciones que aquel contacto le habían propinado, se dejó ir contra el rubio con toda la impaciencia y lujuria con la que únicamente había podido soñar. Le tomó de las vestiduras del saco a la altura de sus hombros, y le arrinconó poderoso, contra el muro más cercano, le impulso fuertemente, estrellándole contra este, sin la menor consideración, restregó severamente sus cabellos y procedió a devorarle de a poco, ahogando toda queja en un beso. Le besaba hambriento, abriendo paso a su lengua para profanar todo espacio dentro de aquella boca, parecía querer tragar la lengua ajena al succionarla con gran voracidad, desesperando paulatinamente al no poder ahondar más tan delicioso contacto. Mordisqueaba complacido los carnosos labios del príncipe, animado por sus leves quejidos, al tiempo que paseaba por las caderas sus manos, completamente enardecido, cada bello parecía crispársele de emoción al tocar sobre la ropa cada firme musculo, cada borde, cada contorno, era sumamente exquisito. Sasuke percibía fácilmente la firmeza del agarre de Naruto, la forma en la que sus manos contornaban su cuello o intentaban guiar el beso sosteniendo sus mejillas, la torpeza inexperta de su lengua y el temblor correspondiente al nervio y la excitación. No había forma de que esta situación fuese más perfecta; el simple olor de Naruto le embriagaba, su perdurable inocencia y lo mucho que había crecido, terminaron por convencerle de que no se trataba de un sueño más. Hacía más de un año de su primer encuentro, hacia tanto de su último beso. Naruto era ahora un hombre completo, que le igualaba en estatura y cuyo cuerpo, sin duda, había comenzado a embarnecer. Encajaban a la perfección, sus bocas, sus narices, frentes y barbillas parecían estar hechas para soportar largas caricias, para restregarse unos contra otros complacidos. Extasiados continuaron besándose sin intensión de cesar, los labios se enardecieron con rapidez, sus respiraciones se agitaron y los latidos de su corazón marchaban poderosos al mismo compás, detenían su beso esporádicamente para mirarse, para convencerse de la presencia del otro, para contener nuevamente el aire y hundir sus lenguas como fuego, una contra la otra en una danza interminablemente placentera, al grado tal de que no soportarían medio minuto sin tener en sus bocas su sabor, aquel sabor amargamente adictivo de sus salivas, la humedad de sus cavidades y la suavidad del rose de sus labios.
Incapaz de contener emoción semejante, el Uchiha se aparto de la boca del príncipe únicamente para hacerse presente de manera sin igual, sostuvo las caderas del rubio alzándole, este correspondió el gesto enroscando sus piernas alrededor de las caderas de Sasuke. El moreno se hundió nuevamente en el beso contra la boca de Naruto, este lo sostuvo con firmeza, halando de él para hundirse más el uno contra el otro, parecían querer profanarse hasta lo más profundo, devorarse hasta que desapareciera todo sitio palpable, deshecho en caricias y besos. Este contacto tan profundo, les estremecía, con un estruendo tal que enroscaba los bellos de todo su cuerpo y producía en sus espaldas un estridente escalofrío. Guiado por estas sensaciones abrazadoras, Sasuke deshizo el beso para pasear sus narices sobre el cuello del rubio, dedicó un par de segundos para olerle, para que aquel dulce aroma de sus cabellos y su piel le embriagaran, para arrullarse con la calidez de su cuerpo, la conciencia de su peso sobre sus brazos, el inminente calor que procedía de entre sus piernas, el sube y baja de su pecho al respirar, sus suspiros… era una fantasía indescriptible hecha realidad, de momento el saberse consiente de Naruto le conmocionó, no podía créelo, estaba inmerso, conmovido, deseoso de llorar, quería dejar en ese hombro todo el dolor, todo mal pensamiento y dejar que las placenteras sensaciones de su cuerpo remplazaran todo mal porvenir.

Naruto se resguardo, calmoso, en el hombro de Sasuke, reclamándole, restregando cuanto podía su cabeza contra su cuello, hundiendo sus uñas en la espalda ajena, asegurándose de que el contacto no se disipara; estaba tan arrepentido, tan resentido consigo mismo por el tiempo perdido en discusiones insensatas, por cada día que pasaron alejados el uno del otro, por todo resentimiento que en algún momento pudieron sentir; esto era lo que más les pesaba, haber sentido odio, amándose tanto.

Sasuke regresó su mirada a Naruto, rechazándole de su hombro, con un leve impulso, para que le mirara; roso su fina nariz contra la del rubio, completamente embriagado y poseído por su reciente resolución; no importaba lo que significara esta unión, aún si daban la espalda al mundo por un beso profano, todo estaría bien, pues entre sus manos tenía la felicidad personificada, un ser infinitamente hermoso, el único que podía hacerle feliz… sin importar nada más. El moreno dio un sube beso sobre los labios del príncipe, quien más calmado y escéptico, recibió esta caricia sin aferrarse, permitiéndose sentir la delicadeza del rose, haciendo del movimiento mudo y húmedo de sus labios, una forma de comunicarse, sintiendo en ellos el palpitar de sus corazones.

Absortos en sus emociones y ajenos al universo, se dejaron llevar. Sasuke continuó, llevando entre brazos al rubio hasta el lecho que les aguardaba a un costado, dejándose caer sobre éste incapaz de contenerse, sus rodillas le fallaron y su espalda se hundió contra la suave cama; la caída fue tan repentina, que la sorpresa apresó en risas a Naruto, pues debido a la aberrante unión de sus bocas, terminaron por golpear sus frentes, separándose tras el impacto…

-    Jejeje… - Después de tanto, volvía a contemplar su sonrisa. Naruto había caído de rodillas, sentado sobre el regazo del Uchiha.

-    … - Sasuke sostenía las piernas del rubio que le rodeaban, estaba inconsciente ante la bella imagen del príncipe, esplendoroso, cálido y sonriente, de momento un palpitar ardiente proveniente de su entrepierna, le sobresaltó, lo caliente y pesado del cuerpo del rubio sobre su pelvis, esa ingenua e inocente sonrisa; Sasuke se haló de las piernas de Naruto para que su rostro, dispuesto, alcanzara al del rubio, quería seguir hundido en el placer, quería zacear el ardor de su hombría y arder dentro del calor de Naruto, le deseaba.  Sasuke acercó lo suficiente su boca, sosteniéndose con su abdomen e incitando con la mirada al joven rubio, que apenas comprendía esta acción; había dejado de reír y apasionado contempló la lujuriosa y desbocada mirada del Uchiha, Sasuke aguardó persistente, hasta que el rubio correspondió el beso, y dejó que su peso dominara sobre Sasuke, expandiendo su cuerpo a la par que el de Sasuke, besándole y acariciándole, paso de los labios a las mejillas y de ellas al cuello, besando cada centímetro de piel a su paso, paciente y completamente absorto en las sensaciones, en el sentir y el ardor que provocaba sobre sus manos el cuerpo de Sasuke.

Impulsivamente, el Uchiha comenzó a desatar los cordones que amoldaban a Naruto sus prendas, deshizo los nudos de un tirón, a lo que el rubio respondió rompiendo el beso y suspendiendo toda caricia, más mantenía sus brazos alrededor del cuello del moreno.

-    ¿Sasuke? - podía no parecerlo, pero sentir sus ropas blandas, asusto de sobremanera al rubio rey. El Uchiha encaró sus ojos y contempló en ellos la incertidumbre, la castidad del pequeño príncipe le enardecía aún más, así que tomó la cintura del rubio y le haló hacia un costado, recortándole con la espalda en el lecho, sorprendiéndolo al mantenerlo bajo su peso. Naruto no hizo más que mirarle confundido, pues Sasuke había tomado sus manos por encima de su cabeza y le sometía ahora, completamente indefenso sobre el lecho. - ¿Qué…?

Sasuke no quería lastimarlo, sin embargo, si no le tomaba en ese preciso momento, quizás no lo haría nunca. Sostuvo las manos del rubio fuertemente, y descendió su rostro hasta estar a la altura del rubio, le enmudeció con un beso; esperaba poder guiar sin palabras al pequeño príncipe, en este acto de amor, cuyo proceso era desconocido y desconcertante para Naruto; sin duda se asustaría, así que debía ser gentil, debía hundirle en el placer y esperar que aceptara cada ardiente y lívida caricia.

El Uchiha besó a conciencia al rubio, permitiéndole experimentar, abriendo su boca a placer del rubio, para que este saciara su curiosidad, se dejó inspeccionar y correspondió cada beso sin el menor esfuerzo; estaban conectados. Al final de un extenso beso, cuyo patrón era semejante al de una gran bocanada de aire seguido de múltiples suspiros y un leve chisguete entre sus labios para finalizar, Sasuke paso a besar el cuello del rubio, mismo que este puso a su disposición, sorprendido por la sensación que le producía este contacto, era como un estruendo eléctrico recorriéndole, que culminaba en su entrepierna, provocando en esta zona un sutil palpitar que comenzaba a inquietarlo. Sasuke continuó besándole, besó sus mejillas, su nariz, su frente, y ahora succionaba de su cuello ansioso por escuchar un gemido…

-    Ha!... – música para sus oídos, el cuerpo de Naruto se ablandaba bajo su pechó, y ansioso de  más dejó caer todo su peso sobre el cuerpo de Naruto - ¡Haa! – sorpresivamente, sus penes, ya despiertos se encontraron, y al estrellarse estruendosamente provocaron en ambos un estremecimiento mayor a todo lo anterior. Sasuke no podía contenerlo más, se separó nuevamente para arrebatar el saco y el chaleco del cuerpo del rubio, los botones de este último salieron disparados por la fuerza; después de romper el chaleco, le arrebató las encajadas enaguas de la garganta y al fin pudo contemplar gran parte de su pecho desnudo. Se abalanzó nuevamente hambriento sobre él, capturando sus labios como un cazador aficionado, deslizando ansiosamente sus manos sobre el pecho del rubio, desfajándole para perpetrar la última prenda que le separaba de su piel, ya debajo, roso satisfactoriamente el dorso entero del príncipe, recalcando en los pezones - ¡Ha! – que sensibles, arrebataban más gemidos de la garganta del pequeño. -
¡Sasuke! – Naruto apenas podía contener su impresión, algo como eso no lo había experimentado nunca, su cuerpo entero temblaba y los impulsos que un solo rose del Uchiha le provocaban le hacían contorsionarse gustoso, era sencillamente fascinante, más pese a ello, mantenerse calmado ante tanta intensidad le era muy complicado, no sabía cómo reaccionar a todo aquello, ni sabía si estaba bien o mal, lo único que le quedaba era el deseo de mantener a Sasuke cerca, no le soltaba en ningún momento, temeroso de alejarle.

Sasuke persistía besando el cuello del rubio, le recorría lentamente, de oreja a oreja, por sobre la manzana de Adán y lamiendo hasta la clavícula, acariciaba ambos pezones con ambas manos y casi llegaba al orgasmo al sentir las sacudidas del rubio y escuchar los pasmosos gemidos de placer.

-    ¡Ha! – Pasó de la clavícula al pecho, enteramente, rasgando la holgada prenda que le separaba del resto del dorso, propinándole un par de mordidas en la parte alta de sus pectorales, besando hasta llegar a la altura de los rosados y tiernos pezones, para llevarlos a su boca y succionarles como a un manjar - ¡Ha! ¡Sasuke! – El rubio, sobresaltado, se abrazó a la alborotada cabellera del Uchiha, al tiempo que se contorsionaba, involuntariamente,  por los placenteros espasmos que la lengua del marqués le propinaba.

Más, insaciable, Sasuke dirigió sus manos, de las caderas del rubio al semidespierto apéndice que aguardaba bajo los sedosos pantalones. Más al recibir el contacto, el rubio se contorsionó estrepitosamente, haciendo con su espalda un arco, separando así de sus pezones a Sasuke, quien no pudo hacer más que observar, completamente extasiado, las reacciones del rubio. Sasuke insistió en la caricia, sintiendo bajo su mano, como se engrosaba el inexperto miembro de un rey. Completamente embelesado, forzó al rubio a retomar la compostura, besándole y acariciando su entrepierna, paseando su mano por toda la extensión del pene hasta los testículos.

-    ¡Haaaaa! – la caricia, persistente, forzó a Naruto a rechazar el beso, dejando un rastro de saliva del moreno sobre la comisura de sus labios. EL príncipe alejó de su rostro a Sasuke con toda la extensión de sus brazos, apenas podía soportar el ardor de su entrepierna, el cuerpo entero le temblaba, podía sentir sus piernas chocar impulsivas contra las caderas del moreno. - ¡Ha! ¿Sasuke? – Naruto miró al moreno, suplicante, esperando que se detuviera. - ¡Haa! – más una punzada de éxtasis le hizo encorvarse nuevamente y cerrar los ojos con fuerza ¡no podía resistirlo! - ¡Haaa! Sasuke… - el tono de su voz, la suplica en sus gemidos, era intoxicante… Sasuke retiró sus manos de la hombría de Naruto, tomando de nuevo las manos de este para reducir la lejanía, acercó sus caderas lentamente, dejando que el rubio sintiera la prominencia de su miembro erecto empalmarse con el suyo. La palpitación de sus miembros se tornaba dolorosa, así que Sasuke comenzó a rosar con su apéndice el de Naruto para mitigar el dolor.

-    Tranquilo… - retomó el beso cálidamente, a lo que Naruto reaccionó con voracidad; estas sensaciones le dominaban, reaccionaba compulsivamente, dejando que su cuerpo se moviera por sí mismo, únicamente aferrándose a Sasuke, en un beso, en un abrazo, en un estremecedor vaivén... en lo que fuera.

-    Sasuke… - continuaron el candente beso, sus labios les ardían y se encontraban complemente enrojecidos, más no parecían saciarse de friccionarlos unos contra otros, de morderlos, mientras el resto de sus cuerpos debatían por su comodidad, Naruto se movía tratando de evitar que el pene de Sasuke y el suyo se rosaran si quiera, para lo cual realizaba un sinfín de maniobras, halándose sobre el lecho, alejando su ingle y curvando sus caderas. Sasuke, por otro lado, le sostenía fuertemente, para evitar que escapase, y trataba de mantener al rubio a su disposición, intentaba seguir el paso de sus caderas, más el pequeño rubio le esquivaba hábilmente, esta danza los embriagaba y satisfacía, un juego que tenía como premio un roce apenas perceptible, pero infinitamente placentero, mientras sostenían el interminable mar de besos.

Estaban tan metidos en sus caricias, tan absortos en el placer de sus cuerpos y el frenesí de sus almas, que perdieron la noción de entorno.

[Tok- tok... Tok-tok]

Alguien llamaba a la puerta, tocando persistentemente al otro lado, se encontraba Shizune; dispuesta a entrar en un minuto más, si continuaba sin respuesta del príncipe.

Más en un instante, el sonido del golpeteo sobre la puerta se adentro en los oídos de los despabilados amantes, congelándolos en el acto, trayéndolos de golpe a la realidad. Sasuke detuvo todo movimiento, y miró a Naruto desconcertado, perecía esperar una respuesta. El rubio miró hacia la puerta y contestó:

-    ¡¿Sí?!

-    ¡Naruto-sama, Ebisu-sensei le espera…!- Ciertamente, lo había olvidado, Naruto partía a su encuentro antes de encarar al Uchiha, su pasión había dispuesto del peor momento para desbocarse, a pleno medio día - ¡¿Se encuentra usted bien?!

-    Sí. Estaba durmiendo, ahora voy. ¡Retírate! – la morena permaneció inquieta tras la puerta, esta actitud del rubio era desconcertante y Sasuke podía sentirle cavilar al otro lado de las puertas. Debía marcharse, pero cuando regresó la mirada al rubio, este ya encaminaba sus labios para continuar aquel embriagante ósculo. El moreno entregó sus labios nuevamente, era imposible detenerse, la sensación de sus cuerpos en ese momento era demasiado placentera, cómoda al grado de no querer alejarse de esa calidez, más la permanente mano de la moza Shizune sobre la manija de la puerta y la falta de seguro en esta, le obligaron a romper tan exquisito contacto.

-    Debo irme… - Sasuke retiro los brazos de Naruto de su cuello…

-    No… - más este se resistía a soltarle. Irguiéndose completamente para alcanzar sus labios y continuar las caricias, esto no debía terminar.

-    Volveré… - otro insistente beso del rubio lo enmudeció – vendré por la noche…

-    Sasuke… - el moreno se alejaba de él exitosamente, dejando como único contacto el de su aliento.

-    Espérame… esta noche. – dio un beso fugas al suplicante rubio – Espérame aquí, vendré… - deshizo por completo el abrazo del rubio y caminó hacia el muro que ocultaba bajo su cenefa aquel mentado pasadizo, sin alejar su mirada del ensimismado rubio.

Apenas abandonó Sasuke la alcoba, la persistente moza continuó con su inquietante llamado.

-    ¡Naruto-sama… Naruto-sama…!

-    … - Más el príncipe no contestó, sentado en la cama, observando la cenefa de aquel muro, completamente inmerso en lo recientemente ocurrido, desconcertado con el estremecimiento de su cuerpo y el ardor de su hombría.

[Chas]

La morena, inquieta abrió sin aprobación las puertas de la alcoba. Shizune quedó abrumada al contemplar la imagen del rubio, desalineado, con sus vestimentas hechas tirones y las mejillas encendidas como brazas ardientes.

-    Naruto-sama ¿se encuentra bien? – fiebre, parecía ser el pronóstico más acertado.

-    Estoy bien Shizune-san. Dame unos minutos por favor… - el rubio se alertó ante la idea de que la morena pudiese visualizar su erección, por lo que flexionó una de sus piernas sobre la cama, ocultando su pecho y su ingle tras ella.

-    Pero, mi señor, se ve algo enfermo, permítame… - la moza se acercó un paso más, a lo que el rubio replicó fuertemente.

-    ¡Shizune-san! ¡Por favor, necesito unos minutos! Quisiera terminar de vestirme, si no le molesta.

-    Mmm… - la muchacha no pareció convencida de ceder, más resignada, dio marcha atrás a sus pasos – Desde luego, su majestad. Por favor, permítame atenderle cuando termine.

-    Desde luego…



       

Sasuke salió del pasadizo rápidamente, impulsado por el éxtasis del reciente encuentro, que poco fue lo que advirtió al salir del pasadizo, pues,  una joven mucama había sido testigo de su extraño emerger de entre las paredes.


                 

-    ¿Es todo?

-    Si su alteza… - Se encontraba Sai en el estudio real, dando cuentas de su informe en persona, a la reina.

-    ¿Registraste sus pertenencias?

-    Sí, majestad, más no encontré nada.

-    ¿Ningún rastro de la carta?

-    No, mi señora, me temo que se deshizo de ella. No he podido interceptarla a tiempo.

-    Está bien, debía contactarlos de cualquier forma, intervenir la nota habría entorpecido todo.

-    ¿De qué manera procederemos ahora?

-    Espera a que se instale, que no sospeche nada y…

[Tok-Tok] Interrumpieron llamando a la puerta.

-    ¡Tsunade-sama!

-    ¿Shizune? ¡Pasa! – la morena se adentro en el estudio, agitada - ¿Qué sucede?

-    Se trata de Naruto-sama, su majestad…

-    ¿Qué le pasa?

-    … - Shizune permaneció en silencio, un tanto abochornada e indispuesta, no parecía poder decirlo frente a los soldados.

-    ¡Retírense! – Tsunade miró hacia todas direcciones dando la orden a sus soldados, después se dirigió a Sai - ¡Aguarda fuera! – el pálido joven dedico una reverencia y se retiró rápidamente. Tsunade miró en sus espaldas a Kakashi le dijo - ¡Tú quédate aquí! – después regresó con Shizune, y una vez que todos salieron – Ahora dime ¿cuál es el problema?

-    Me temo, mi señora, que el más grande de mis miedos se ha hecho realidad, yo intenté decírselo…

-    ¡Ya! ¡Habla mujer!

-    Me han dicho, hacia unos momentos, que Sasuke-sama se introdujo sin permiso en los aposentos del príncipe.

-    ¿Y?

-    Que he llamado insistentemente, y nadie contestó. Entré, y Sasuke-sama no estaba, y Naruto-sama… - Shizune parecía no saber cómo expresarse.

-    ¡¿Naruto qué?! ¡Shizune!

-    Copular.

-    ¿Qué?

-    Fornicar… Majestad, Naruto-sama parecía haber…

-    ¡¿Qué demonios estás diciendo?!

-    Lo evidente, mi señora. Lo lamento sinceramente, pero es notable que algo existe entre ellos y esto…

-    ¡Esto es inaudito! ¡Cómo puedes decir algo semejante!

-    Tsunade-sama, el príncipe es un joven viril, al igual que Sasuke-sama, es lógico que…

-    ¡No es posible! ¡No levantes falsos Shizune, podría costarte la vida!

-    Pero, mi señora.

-    ¿Acaso tienes pruebas?

-    No… - Shizune pareció rendirse, más el caballero a las espaldas de la reina, continuo tan infame discusión.

-    Su alteza, - Tsunade le miró – me temo que concuerdo con Shizune-san.

-    ¿Acaso se han vuelto locos?

-    Majestad, no se mienta a usted misma, pues es tan consiente como nosotros del apego de Naruto hacia Sasuke.

-    Son amigos solamente.

-    Quizá, haya alguien que pueda probar lo contrario…

-    ¿Quién?

Kakashi abandonó el estudio en busca de una joven mucama, a quien encontró en el cuarto de lavado, almidonando uno de los magistrales atuendos del príncipe. Solo necesito un “Acompáñame” para que la joven dejara sus labores y le siguiera hasta el estudio de la impaciente reina.

-    ¿Una mucama? – cuestionó alterada la reina.

-    Su majestad – la muchacha hizo una reverencia exponiendo sus faldas con la punta de sus dedos y flexionando sus rodillas como una mariposa. Estaba sobresaltada por estar en presencia de la reina.

-    ¿De qué se trata Kakashi?

-    Ten-Ten – llamó el corsario a la joven.

-    Dígame…

-    ¿Podrías decirnos, si has visto al príncipe en compañía del marqués Uchiha Sasuke?

-    Por supuesto, les he visto entrenando en el campo y conversando amenamente…

-    Me refería, a verlos solos, en los aposentos del príncipe. Tú eres la encargada de la habitación ¿es correcto?

-    Sí, señor, lo soy… - la joven se hundió de hombros, parecía poseer información bochornosa o indiscreta, está actitud afirmó indirectamente, todas las sospechas de los presentes.

-    ¿Les has visto? – continuó Tsunade el interrogatorio.

-    Sí, mi señora, les he visto.

-    ¿Qué era lo que hacían?

-    Ham… - parecían ser detalles difíciles de compartir – Una mañana que asistía a Naruto-sama, para despertar. Cuando abrí las puestas, yo, vi a Sasuke-sama vistiéndose.

-    ¿Vistiéndose? – Tsunade continúo.

-    Sí, su majestad, era evidente que había dormido junto a Naruto-sama, cuando llegué, el se ponía las botas y el saco. Después se marcho, y me pidió que no despertara a Naruto-sama, me dijo que había entrenado hasta tarde.

-    ¿Es todo? – La reina se relajó cuantiosamente, hasta ahora, todo tenía explicación - ¿No has observado nada más?

-    No… ham, bueno, uno de los camisones de Naruto-sama desapareció y… - la doncella profundizaba en sus memorias, cuando de momento, un recuerdo le hizo respingar sorprendida - ¡También, también he visto a Sasuke-sama salir de un muro!

-    ¿De un muro?

-    Un pasadizo…

-    Sí, en el pasillo, a un costado de la biblioteca, junto a la habitación de Naruto-sama.

-    ¿Cuándo has visto eso? – esta información era alarmante, si Sasuke conocía los pasadizos…

-    Hace unos momentos, mi señora, justo me dirigía al curto de lavado…

Tsunade quedó helada, si esto se había dado, entonces, los presentimientos de Shizune podían… podían…

-    ¿Alteza? – preocupado, Kakashi se acercó a la reina, parecía que se desplomaría a falta de aire.

-    ¡Tráelo aquí!

-    ¡Pero, majestad, Naruto-sama podría interferir!

-    … - la reina no hizo más que consternarse más ante la idea. – Shizune tiene razón. Espera a que Naruto regrese a sus aposentos, y entonces, tráelo aquí.






Para los amantes, el día pasó más lento que cualquier otro. Naruto había permanecido inconsolable desde la partida de Sasuke, su incapacidad para calmar la brama de su entrepierna, se le hizo el día pesado y difícil. Prestar atención a sus deberes resultaba más complicado de lo habitual, Naruto no hacía más que desear que llegara la noche. Miraba hacía su alrededor cada cinco minutos, esperando ver al Uchiha pasar por alguno de los pasillos, pero contrariamente, Sasuke se dedicó a instalarse en su asignada habitación en palacio, a asearse y comer adecuadamente, y dedicó el resto de la tarde al cuidado de Fuumetsu y Chidori, la embriagues de su corazón le habían dado ánimo para mantener impecables cada uno de los aspectos de su estancia en palacio.





Esa noche, frente al trono real, en la segunda sala de guerra de palacio, el marqués Uchiha Sasuke, yacía esposado y de rodillas a pies del pedestal.

-    Si lo aceptas; serás desterrado, perderás tu título de nobleza, no se te permitirá tomar ni una sola de tus pertenencias, no se dará razón de ti a tus familiares y amigos, y de descubrírsete nuevamente en esta tierra, se te dará muerte. - Sasuke había sido interceptado por una caravana, cuando se dirigía hacia los aposentos de Naruto. Ahora era enjuiciado severamente, por la reina. - ¿Has entendido todo lo que he dicho?

-    Si – El Uchiha estaba desecho, pues justo en el momento en que no podía concebir poder humano que le apartada de tan esperado y correspondido sentimiento, se le sentenciaba, el peor de los castigos.

-    Estoy siendo clemente contigo, por el servicio que has prestado a este reino; no sufrirás la vergüenza púbica, tu apellido y familia permanecerán intactos.

-     … - Sasuke ni siquiera miraba a la reina, mantenía la cabeza gacha, estaba completamente derrotado, ya no podía existir mayor martirio.

-    ¡Uchiha Sasuke! ¡¿Aceptas los cargos?!

-    Si…
 

3 comentarios :

Anónimo dijo...

por mi vida a QUE DESGRACIADA TSUNADE SAMA es!...fue así como perdió a su hijo y ahora perderá a su nieto!!!! carambas cuanto pretendés hacerme sufrir?????????? por favor!!! como es éste sube y baja en mis emociones...estoy desconsolada...y que todo por una simple alianza...???? que desgracia! quiero morir del llanto!!!!!!!!!!!!!

Por cierto no se como decir ésto...ciertamente tenés cierta impropiedades en tu léxico y uno de los más marcados es corsario...que no es ninguna palabra linda ni llena de gloria...es sinónimo de filibustero, pirata...por otra parte tenés muchas combinaciones interesantes pero ninguna me sido tan hilarante como ésta "El Uchiha retomó su andar sin conservas" hahahahah imaginate mi situación estaba yo toda tensa con el relato del impetuoso camino de Sasuke hasta los aposentos reales y que me salgas que Sasuke iba sin conservas jajajajaajaj morí de la risa...simplemente no pude evitarlo...(disculpame, espero te diviertas tanto como yo al leerlo, no es por burla ni nada es solo un acto sincero de confianza) bueno la palabra más adecuada es o la frase mejor dicho es "sin reservas"
Nadywing

Leairiux dijo...

Jajajajaja tienes razón, hajajajja, bueno, no es por excusarme, pero generalmente escribo en un estado comatoso de sueño en que sinceramente no carburo, lo que aquí significa que no pienso bien. Y pues tienes razón, ni cuenta di de eso y leyéndolo ahora se me antojaron unas conservas de guayaba. Jajajajaja... y sobre la propiedad, pues que conste que no tengo intenciones de ser un autor reconocido, a mi parecer escribo con las patas o como dios me da a mal entender por lo que nunca me he preocupado, así que he de serte sincero no soy exigente en torno a este fic, espero que sepas perdonármelo o que te diviertas nada mas así como tu servilleta.

Sora Tapia dijo...

NO!!!! Cuando por fin se habian reconciliado y cuando al fin podrian iniciar una relacion los descubren!!! no!!!
Ten-ten porque no te quedaste callada!!, maldita Shizune ¬¬*
Espero Naruto se entere de que se llevaron a Sasuke sino se sentira traicionado

Publicar un comentario en la entrada

Deja tus comentarios aqui: