Capítulo 26: El príncipe de los gitanos

Pasaron los días y el joven monarca simplemente no se adaptaba a su nueva rutina laboral. Comenzaba su día desde muy temprano, antes incluso de que saliera el sol y de manera ininterrumpida sus profesores le abordaban.

-¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Lo hemos repetido hasta el cansancio! ¡Primero las damas, después los caballeros! ¡Solo debe tomar asiento, extender la servilleta y esperar! – una tarde, en el comedor principal, Naruto recibía lecciones de etiqueta por parte de Ebisu – Se levanta el menique al tomar la copa y le toma así… ¡No se abre la boca entera y se traga de una sola todo el contenido! – Naruto pálido dejo caer su cabeza contra la mesa, estaba  cansado y arto de tanto parloteo sin razón – Lo dejaremos hasta aquí por hoy… - a su maestro le costaba no entrar en pánico. Por otro lado, con solo escuchar que era libre, el rubiales salía corriendo en busca de una escapada a semejante martirio.

[Toc toc toc]

La reina hacia acto de presencia en el suntuoso comedor dejando escuchar sus tacones como carta de presentación.

-¿Todo bien Ebisu…? – el lacayo no contesto, en su lugar dirigió su completa atención a la monarca – Acompáñame, necesito hablarles… - siguió a la reina por un ya conocido camino hasta el estudio de esta, coronado con pinturas grandes por todas las paredes y un tapiz rojo encendido sumamente fino y delicado. En la estancia ya les aguardaban el resto de los profesores interinos del futuro rey. La reina se adelanto y tomo asiento en su ostentosa silla. – Supongo que son obvias las razones de esta reunión. Faltan solo un par de días para la llegada de los cabecillas de estado. Necesito conocer los avances de Naruto… - ante esta exigencia todos los presentes palidecieron, era como si lo que tuviera que decir constituyera una reprimenda lo significativamente severa, como para enmudecerlos y llenarlos de cobardía – Bueno pues, ¡hablen ¿qué están esperando?! – el temor atravesado en sus gargantas los hizo callar y al notar el silencio, la mayoría opto por hablar provocando un escándalo al hacerlo al mismo tiempo, qu
ejas por aquí quejas por allá.

- ¡Es inaudito el muchacho no sabe ni lo más básico… ¡ ¡Es como hablarle a la pared o incluso peor…! ¡Figúrese que le tiene miedo a los caballos ¿Cómo se supone que le enseñe a montarlos si no puede ni acercárseles…?! ¡Parece que se rehúsa a aprender…! – en medio de este canturreo a la reina le resultaba difícil entender a cada uno por igual.

- ¡Cállense! – Enmudecieron de nuevo – ahora… explíquense ¡uno a uno!... ¿Ebisu?

- Majestad,… con todo respeto, dudo que el joven Naruto-sama logre aprender lo necesario antes de que se consume la reunión. Es… distraído. – Tsunade sobo su sien recordando las añejas palabras del Uchiha; “Es tonto,… no le es fácil aprender, y mucho menos enseñarle”. ¿Qué tan bien conoce ese Uchiha a mi nieto?

- ¿Mizuki?

- Lo siento majestad, pero yo pienso igual.

- ¿Shikamaru?

- Ha… bueno – nervioso rascaba su nuca – yo creo que hace lo que puede…

- ¿Sai?

- Naruto-sama es un bruto que no es siquiera capaz de escribir su nombre correctamente. – dicho con frivolidad obteniendo las miradas aplatonadas de todos los presentes, su sinceridad continuaba sorprendiéndoles. La reina no se altero, no esperaba menos de él.

-¿Qué hay de ti, Kurenai? no te veo tan descontenta…

- Bueno, majestad. La razón es simple y a mi misma me ha sorprendido. Pero el joven Naruto-sama domina los índices de diferentes lenguas de la región y de otras partes del mundo. Tengo razones para pensar que ha viajado por los alrededores de pueblos distintos a este. – Tsunade se sorprendió cuantiosa y visiblemente ante esta idea.

- Si me lo permite, alteza… - llamaba Gai a la condesa – A mí también me ha impactado su desempaño. Naruto-sama no solo posee una condición y una vitalidad inauditas, sino que también conoce diferentes estilos de pelea que yo mismo desconozco. Se ha puesto, en este par de días, al tú por tú con mi mejor estudiante… - dentro de todo esto, para la condesa había gato encerrado. Los demás presentes aguardaron incautos ante el silencio de esta…

- Bien, Pueden irse… - la reina, visiblemente consternada, atino únicamente a cubrir su figurado rostro a manera de telón, la tensión en su quijada y sus ojos delataban sus ya aseguradas teorías. Sus vasallos, intrigados, permanecían en la estancia -… ¡¿Qué están esperando?!¡Lárguense! – de improviso, en medio de un arranque la reina remetió contra todos ellos, quienes prácticamente corrieron fuera del despacho. A la salida de estos ya aguardaba una muchacha la oportunidad de encarar a la máxima autoridad de palacio, el trincoteo realizado por los maestros al salir y lo abierta, que en medio de un descuido, habían dejado la puerta dejo completamente visible a la muchachilla.

-¿Qué sucede…? – por más que lo quiso, no pudo ignorar la suplicante mirada de la joven.

- En la entrada, hay un hombre que le busca, su majestad… - se notaba cierta vergüenza en su vos.

-¿De quién se trata…?

- Uchiha-sama…

- ¿Fugaku…? - ¿Y ese qué quiere ahora?

- No su alteza, Sasuke… Sasuke Uchiha-sama… – esto sí que era una sorpresa.

-¿Por qué no le has hecho pasar?

- Bueno, majestad, vera…

Pasados unos segundos, la muchacha no había podido explicar con coherencia las razones para negarle al futuro marqués acceso a palacio, la vergüenza ante la única forma que encontraba la joven de describirlo, le obligaba a volver el rostro y palidecer instantáneamente. Al final la propia reina opto por presentarse ante su invitado y comprobar cuales eran estos peculiares motivos, y efectivamente, se vio envuelta en un término que una muchachilla no podía evitar citar sin ofender o sentirse agredida; pues el panorama del joven marqués era desolador, desalineado y sucio e inauditamente, pese a la suciedad de sus ropas y la malicia de su gesto, se atrevió a presentarse ante la reina sin remordimiento ni pena.

-¿Uchiha? – la condesa no pudo disimular su sorpresa.

-Majestad… - el joven mozo vestía humildes ropas semejantes a las de los esclavos, su hedor y lo famélico de su rostro denotaban muchas cosas, entre estas, el hambre y la prisa, que desconcertantemente, le había obligado a ir hacia palacio sin hacer parada siquiera para asearse. Esta indecencia era inaudita, pero igualmente peculiar viniendo de un Uchiha. De inmediato Tsunade se sintió interesada…

-¿Qué le ha traído por aquí? – no pudo evitar decir esto con un tono sátiro y elocuente.

-¿Sigue en pie la propuesta que me ha hecho…? – ¡Esto no era posible! ¿Quién se había creído ese vasallo para contestarle así a una reina? Tsunade se sintió exasperar por un segundo, el gesto del moreno era tan fastidioso que inspiraba el asco ante su arrogancia, sin embargo, la felicidad que le daba su disposición para educar al heredero de la corona, le permitió pasar por alto esta insensatez.

-Las puertas de palacio estarán siempre abiertas para todo aquel que desee el bien del futuro rey.

-Puede estar segura, majestad, de que no existe nadie más interesado que yo… - el tono de voz del Uchiha continuaba siendo petulante, desconcertando a la reina, haciéndole dudar de sus intenciones.

-¿Qué es lo que quieres Uchiha? Hace unos días te negabas rotundamente a colaborar con los progresos de mi nieto, y ahora eres el más interesado…

-Con todo respeto, majestad. No hay hombre más valiente que el que admite sus errores. Rehusarme fue una equivocación y la prueba de ello no es otra más que mi vulgar presencia, que se postra ante sus ojos. – Hizole una reverencia – Os suplico que tenga compasión de mí, vístame, cálceme y por el amor a lo más sagrado que es su nieto, aliménteme. Que yo hare de él un inigualable guerrero, uno imposible de olvidar…

La propuesta no solo era tentadora, era extremadamente impropia del Uchiha, cosa que no dejo pasar y la cual le hacía sentir aún más intrigada, sin embargo, pese a esta discordancia, la reina no pudo rechazar tan suculenta oferta. De inmediato ordenó le proporcionaran lo más básico, ente esto ropas finas y una habitación poco ostentosa.

El Uchiha cobro, con extrema facilidad y en escaso tiempo, su típico porte, galante y ostentoso, una buena comida, ropas dignas y un baño tibio le habían devuelto a la vida cortesana sin apagarle la turbia sonrisa que engalanaba su rostro a su llegada a palacio. Era como si algo en el pecho le extasiara, un desafin incoherente y embriagante.





A la noche, justo antes de la cena…

-¡Naruto-sama…!

-¿Sí?

-Me alaga que se disponga a ir con tanta prisa a mi clase… - Kurenai había encontrado a su joven pupilo en la estancia, corriendo rumbo a la puerta principal.

-Ha… bueno yo, necesitaba aire y, y luego iba a ir a…

-Calma, calma, majestad. Usted es mi señor y puede hacer cuanto le plazca. Pero le agradecería que me dijera lo tanto que aborrece mi clase. – la mujer era una maestra en la psicología inversa, pues, instantáneamente el monarca se sintió culpable.

-Yo en verdad quería tomar su clase Kurenai-sensei.

-¡¿En verdad?! ¡No sabe el gusto que me da escucharlo, su alteza! – ahora sí, el ingenuo jovencillo había caído - ¡Siendo así! ¡Empecemos! ¿Le parece? – al incauto amo se le había torcido el rostro.

-Si,… claro, empecemos… - (llora por dentro).

-Bien, de ahora en adelante tomaremos las clases aquí.

-¿Aquí? ¿En el salón?

-Si, su majestad, la reina, me ha pedido que le imparta un nuevo aprendizaje. Que es labor de Ebisu mostrarle, sin embargo, todos coincidimos en que era más apropiado que yo lo instruyera… - la forma de hablar de tan verás dama, (que vestía a pantalones, cosa en extremo impropia de una mujer de sociedad, sin mencionar su desdeñoso cabello e impetuoso maquillaje) aturdió al jovencillo haciéndolo ruborizar.

A las espaldas de la desfaldada dama ya aguardaban un trió de músicos de ocasión, vestidos de manera informal y con su instrumental afinado y listo para desembocar un mar de acordes complejos y acompasados.

-¿De qué se trata?

-Se trata… - la mujer se acercó “peligrosamente” al monarca - … del baile. – el rubio se desconcertó aún más – Vera, majestad. El día de la asamblea, se realizará, como es debido, un baile. En él, los invitados, que son un manojo de estirados, le juzgarán, así como lo harán con el resto de sus actos. Alteza, las aptitudes que demuestre al bailar le serán de gran utilidad al presentarse ante tanto burgués fetichista…

-Entiendo…

-Bien, ¡comencemos!

 



En el despacho… la reina serbia una copa de su típico vino… dio un trago y…

-Sabía que al dejar las puertas abiertas, vendrías… pero nunca imaginé que tan pronto...

-No es propio de una situación como esta, dejar las puertas abiertas…

-Era la forma en la que él te decía que eras bienvenido… ¿no es así? – continuaba dando la espalda a este extraño personaje, que oculto en las sombras le llamaba.

-Si… lo era.

-¿Por qué volviste? ¿Por qué ahora?

-Tenemos que hablar… de Naruto. – viró entonces la monarca para encarar a este viejo conocido.

-De ahora en adelante… ¡Creo poder hacerme cargo de mi nieto, yo sola!

-Eso no lo dudo… pero existen cosas que debes saber… Las razones por las que Minato,… las razones por las que…

-¡¿Por qué?! ¡Jiraya, te lo ruego, dímelo! ¡Dime porqué mi hijo me ha negado a mi nieto! ¡¿Qué fue lo que hice mal?!

-Tsunade… calma, tú no has hecho nada malo… ha sido el destino el que nos ha colocado en este infortunado enredo. Todo cuanto ignoras, te lo diré, pero necesito que escuches, que escuches hasta la última palabra y no interrumpas… - hacía mucho tiempo que el carácter de Tsunade no era condicionado – de lo contrario… seré yo quien calle, y esta vez para siempre. – la mutante mirada de Tsunade que se turnaba entre suplicante y sebera, acertó entonces con una expresión decadente acompañada de la consternación digna de lo desconocido. Necesitaba saberlo, ansiaba conocer la verdad de la que había sido privada, aquella que tanto dolor le había infundido.

La reina, derrotada y dispuesta, tomo asiento cual sumiso presente y escucho de inicio a fin aquel relato, aquella versión de los sucesos que desconocía. A cada palabra inédita hubo que morder sus labios para no gritar, para no interrumpir o estallar en llanto, la brutalidad de este relato así como su tangible realidad, le asfixiaban de a poco, sus gimoteos se dejaron escuchar en la estancia como no habían hecho desde hacía mucho… cuando por fin este martirio termino:

-Esa es la razón… Minato temió no poder controlarlo; estaba asustado y… bueno, el resto de la historia la conoces de sobra… - el estado de la reina era en sumo desorientado, jamás imaginó escuchar lo que en sus oídos se posaba, lo que había entrado y habría preferido no saber. Aquello que ahora no podría olvidar.

-Fue por eso… que le llevaste lejos.

-Necesitaba estar preparado. Tuvo la oportunidad de verlo todo en primera mano, sé que suena cruel, pero fue así como lo quiso su padre. Todo cuanto Naruto ha vivido, ha sido intencional, él está hecho para ser mejor rey de lo que fue su padre, mejor de lo que lo fue su abuelo…

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Mírale a los ojos Tsunade. Míralo y dime que no está listo…

-Aún tiene mucho que aprender…

-Formalismos, ¡no más!. ¡¿Qué acaso no lo entiendes?! ¡Ese muchacho lleva en sí la fe de diferentes regiones de este mundo! ¡Tiene un espíritu que no se compara con el de ningún otro! ¡Está en su sangre, este es su papel…!

-Pero… si el consejo le descubre, si se enteran de que he consentido semejante atropello a las normas de la sociedad, podrían incluso matarlo.

-¡Tsunade! Nada de eso pasara. No a Naruto…

Una última palmada, una mirada, una sonrisa y una reverencia, fue todo lo que quedo de este tan esperado encuentro. Y el ermitaño se marcho, tal como había entrado, oculto entre las sombras, siendo no más que un susurro para todo guardia, acepto para uno…

-A pesar de ser tan viejo, continua siendo hábil… supongo que es normal viniendo del maestro de mi señor…

-Kakashi, has vuelto… - A la salida del despecho, aguardaba el misterioso soldado, principal elemento de la guardia real - ¿Has concluido tu encomienda?

-Así es su alteza, la he llevado a cabo al pie de la letra.

-Muy bien… aún hay mucho en que trabajar… - la reina pretendía continuar dando especificaciones de nuevas labores, sin embargo, una rimbombante melodía atrajo por completo su atención. Se preguntó de qué se trataba hasta dar con el recuerdo de lo encomendado a Kurenai, Naruto debe estar ensallando, se dijo, e inconscientemente sus pies le guiaron hasta el salón principal. Al verle, su mente realizó un recorrido entre todo aquello de lo que recién era testigo, imaginó a su nieto en todas esas situaciones y no pudo más que dejar fluir un par de lagrimas debido a su consternación, a la felicidad que le daba tenerle ahora a su lado y a lo confusas y complicadas que se tornarían las cosas de ahora en adelante. Sin embargo, Tsunade se  mantenía en una postura; Debo hacer lo mejor para Naruto, reprochándose siempre, hasta el cansancio, la pérdida de su hijo, e intentaría compensarlo, buscando sin cesar la felicidad de su nieto, sin importar lo que implicase.

Naruto bailaba en el centro de la pista, con una de sus manos en la cintura de su recién nombrada maestra de danza, y la otra tomados de la mano, moviendo sus pies de manera acompasada. En el rostro de Naruto una sonrisa amplia, de esas que le caracterizan por ser tan grandes que amenazan con desbordar de su rostro. Verle bailar era como verle en su elemento, como un pez en el agua, contento, carismático y entregado.

Tsunade y su fiel escudero, quien le había seguido, le contemplaban fascinados, pues su soltura era digna de un bailarin de antaño y el carisma y la suavidad de sus movimientos, lo eran de la realeza, sin duda una exitosa combinación.

-Naruto-sama es un gran bailarín.

-Debe serlo. Después de todo, lo trae en la sangre.

-Cierto, por poco olvido que tiene sangre gitana...

Al fondo de la sala, a espaldas de una de las paredes que conforman el palacio, yacía un oculto espectador de aquel ensayo proliferante.

-Ja… así que bailas bien dobe… Ya veremos cómo te bates… mañana.
 

4 comentarios :

Anónimo dijo...

QUE LE PASA A SASUKE??????????? ESTÁ DESQUICIADO O ALGO ASÍ???????? NO ENTIENDO!! jajaajaj pobre Naruto es cierto hay que son imposibles para él bien lo sabia yo...pero cuando a cuestiones físicas trataba...creo que es el mejor...xD en serio estoy bastante intrigada con ésta historia de Jiraiya..por qué no lo podemos saber!!! acaso nos desquiciará tanto como a Sasuke? por Dios Santo! y como dijiste? es gitano...principe de los gitanos? ahhh cuentanos ya la historia por favor!!!!!!!!!
Nadywing

Hotaru tomoe dijo...

la mama de naru era gitana ? XD OH MI DIOS YA QUIERO SABER TODA LA HISTORIA , aunque algo ya se me formula

Hotaru tomoe dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sora Tapia dijo...

Pon fin el hijo prodigo regresa XD, al fin Sasuke vuelve para estar con Naruto
Pobres de los maestros de Naruto jajaja!!!
Quiero saber el gran misterio del pasado de Naruto

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