Capítulo 25: La mejor pieza

-Tal como me ha ordenado, majestad… - en una de las salas de palacio.

-¿Estás seguro?

-Tanto como lo es mi lealtad hacia usted, mi señora.

-¿Cómo es posible que no encontraras al traidor?

-Lo mismo me he cuestionado, sin embargo, he de jurarle que investigue a fondo a cada uno de sus invitados. Me asegure de que el mensaje no fuese copiado y le he convertido en cenizas tal como ordeno. De lo contrario, disculpe mi incompetencia alteza, con gusto responderé ante usted con mi vida.

-Confió en ti… - la reina que había dado la espalda al soldado durante toda la plática volteo al fin la mirada hacia él – pero tendrás que decirme ¿Cómo es que has realizado mi encargo en tan poco tiempo? ¿Cuál es el truco?

-No existe tal cosa, majestad. Simplemente se anda día y noche, cambiando de corcel cada vez y perdiendo no más de el tiempo preciso para las necesidades más básicas. El resto es tarea de Giga.

-Eres un fiel soldado – se acerco al muchacho que yacía de rodillas a unos pasos de ella – te lo compensaré.





-Debes de ser muy bueno ocultándote, de lo contrario Shikamaru no tendría tantos problemas. – Momentos más tarde, la reina se presentaba en el comedor principal de palacio.

-Es fácil en un lugar tan grande… - El rubio, impacientemente, tal como lo era su carácter, de manera descortés había comenzado a comer en ausencia de su abuela.

La reina se sentó al comedor, e inmediatamente le sirvieron vino y la entrada. Pero antes de probar bocado alguno, la rubia monarca hizo una pausa, contemplo por un segundo a su mal educado heredero, quien comía como no había visto comer a nadie antes, y le dijo:

-Naruto…

-¿Mm? – este levantó el rostro con las mejillas a reventar de bocados.

-Han venido algunas personas a las que quisiera presentarte. – el joven pareció palidecer en un momento, sin embargo trago en seco y contesto.

-¡Claro! No hay problema.

-Bien… - Tsunade dio por terminada la conversación.





-¿Se te ofrece algo más? – la tormenta había terminado, la falta de familiaridad con el clima húmedo le hacía casi imposible a Sasuke saber cuál era la hora del día, no había un solo rayo de luz y no contaba con una brújula que le guiara. Se sentía cansado e insatisfecho, en lo único en que pensaba, era en encontrar un lugar en el cual dormir.

-Estoy bien así… - la muchacha con la que había estado conversando continuaba asechándolo como un ave hambrienta en busca de carroña.

-Si necesitas cualquier otra cosa, por favor, avísame. Conozco lugares en los que te brindaran el servicio que necesites. Si yo te llevo no tienes porque pagar nada… - la actitud maternal de la joven comenzaba a fastidiarlo.

-¿Y si es el calor de una mujer? – El mismo Uchiha desconocía lo que pensaba. Por un lado estaba su hermano, por otro el rubio que había partido su corazón, en el fondo la impotencia que esta desolación le causaba. Quería sentirse libre de nuevo, incitando a una chica, abriendo sus piernas y refugiarse en su calor. Era lo que quería y que tampoco podía tener…

-Bueno… - la chica se ruborizó al instante, tartamudeando intentando reunir fuerzas para contestar.

-Déjalo… Tengo que irme. – en cuanto se dio cuenta de que obtendría una respuesta positiva, decidió salir del lugar. No quería lidiar con más mujeres, sin mencionar la vergüenza en la que se vería envuelto al no poder cumplirle. Pues estaba seguro de que de no ser el rubio quien compartiera su cama, no podría siquiera dormir sin sentirse asqueado.

La joven le miro impetuosa mientras el moreno sacaba de un pequeño saco un par de monedas y las colocaba en la mesa.

-Gracias por todo… - se encamino a la entrada y…

-¡Espera! – el aullido de la muchacha le obligó a mirarla por encima del hombro – En verdad puedo llevarte a un buen lugar… - la joven rubia tomo la monedas de la mesa y corrió hacia él – ni siquiera tienes que pagarme. – el nerviosismo innato en su rostro desconcertó al Uchiha. Esa mirada era justamente la que tanto había ansiado contemplar en Naruto. No había duda en su mirar, solo pasión, una necesidad arrolladora, deseo y lujuria desbordando a cantaros por sus infames cristalinos.

-… - en silencio balanceó su cabeza negativamente y extendió su palma a manera de “alto” – Déjalo… no es necesario.

-Pero… - la decepción de la joven era ampliamente perceptible.

-No insistas! – una orden verás como lo eran todas las que daba, capaz de acallar cualquier remilgo.

Una vez se hizo el silencio, salió del lugar. Caminó entre los puertos con su caballo a sus espaldas, buscando un lugar para dormir. Pasados unos minutos visualizó a lo lejos una posada cuya envoltura demandaba mayor decencia que cualquier otro establecimiento, y una vez decidido se encaminó hacia ella. Cual va siendo su sorpresa, justo a medio camino, al escuchar una voz en extremo extraña y familiar. ¿De quién es esa voz?, no era un dialogo lejano lo que escuchaba, era más bien un canturreo envuelto en carcajadas quisquillosas, cuya fuente no tardo en encontrar. A su lado, a unos escasos diez metros de distancia, se encontraba aquel extraño viejo del lago. Era inaudito volverle a ver, y peor aún, las ansias que carcomían al azabache por interrogarle, ansias que en cuestión de un segundo encaminaron sus pies hacia la barra, en la que el sujeto cuchicheaba con un par de mujeres desalineadas (seguramente gamberras).

-¡Oye… tú! – Podría decirse que desconocía su nombre, pues la única forma en le había oído nombrar, era en el apodo dado por el príncipe; “Hero-senin”, apodo que de solo recordar hizo temblar al azabache (casi se cae de risa).

Sin embargo, el viejo de cabellera blanca y vestimenta arcoíris le ignoró y dada la situación; la imprudencia de Sasuke y lo entretenido que estaba el tipo con las mujerzuelas, al moreno no le quedó otra opción más que insistir. Tomó de su cinto un cuchillo (la única arma que poseía tras haberse deshecho de su espada) y en un gesto invisible le arrojó justo frente al sujeto. Este, que hacia un instante reía, se había quedado paralizado, y las mujeres con las que charlaba habían salido corriendo y gritando verdaderamente asustadas. El viejo ermitaño hizo un excéntrico berrinche a moco tendido rogando a las mujeres que no se fueran, continuaba ignorando a Sasuke magistralmente. El Uchiha, impaciente, no soportó más la indiferencia del viejo y se paro frente a él a escasa distancia, imponiendo su altura ante el sujeto que permanecía sentado, solo así el ermitaño le dirigió la mirada, sin rastro de asombro o espanto.

-Necesito hablar contigo… - no esperaba tener que decir más.

-Hablaras por ti, porque yo no tengo nada que decirte. – eso era todo lo que el viejo pensaba decir - ¡He chicas, vuelvan! – y sonreía nuevamente de manera enfermiza a las mujeres que de a poco se acercaban hacia él. El Uchiha colerizó y con agilidad y fuerza desenterró el cuchillo que hacia un momento había clavado en la pared y le colocó sobre el cuello del hombre, presionando lo suficiente como para que sintiera el filo.

-¡He dicho; necesito hablar contigo! – Sasuke no solo era siniestro e intimidante, sino que estaba realmente loco o desquiciado.

-Tu sí que sabes cómo pedir las cosas he… - el anciano continuo bromeando, provocando que el Uchiha hundiera aún más el arma blanca en su garganta – Está bien, está bien… caminemos.

Ambos, desconocidos, caminaron unos minutos por la costa con Chidori como escolta. Llegado a un punto en el que se encontraron lejos del puerto, el hombre de blancos cabellos se detuvo en seco, siendo seguido por Sasuke que en seguida le miro con severidad.

-Espero entiendas que tu actitud descabellada no asusta ni a un perro. La ira y un cuchillo no son buenos aliados en un combate, de no haber estado en un sitio publico te habría matado, Sasuke Uchiha. – este hombre sabía más de él de lo que imaginaba ¿Quién demonios es este sujeto? – Sé porque estás aquí y conozco de sobra cada una de las preguntas que deseas hacerme… - Sasuke, impactado le miro aún con mayor recelo – sin embargo, antes de contestar a cualquiera de ellas, debo ser yo quien te cuestione.

-¿Con que fin contestaría a una sola de tus interrogantes?

-Si contestas correctamente a esta única pregunta, resolveré cada una de tus dudas sobre Naruto… - desconoce la razón, pero Sasuke se ruborizo al escuchar dicha afirmación, esta situación le resultaba verdaderamente tentadora y excitante. - ¿Entonces…?

-Adelante hazla…

-¿Qué serías capaz de hacer por él?





-Adelante alteza… - Naruto, habiendo terminado sus alimentos, se presentó en el salón principal de palacio, tan como Tsunade le había pedido.

-¿Oba-chan? – en esta estancia ya le aguardaban un conjunto de hombres y una mujer, además de la reina.

-Anda Naruto, pasa.

-Buenas tardes… - debido a su falta de conocimiento sobre su adecuado comportamiento, ingenuamente hizo una reverencia ante los presentes, quienes anonadados (algunos) por el deslumbrante parecido del muchacho con Minato Namikase, poco fue lo que pudieron percibir de su falta de modales, pues era todo un honor ser reverenciado por un monarca, y este joven repartía alabanzas indistintamente.

-Naruto, quiero presentarte a estos hombres dignos de mi confianza. Ellos serán tus maestros, quienes te instruirán en todo cuanto debes saber para llevar a cabo tu papel como soberano de esta nación. – era mucha información barajada desmesuradamente rápido dentro de la mente del rubio monarca – Dentro de unos días se presentarán aquí todos tus súbditos… - ahora sí, casi se arranca los cabellos y sale corriendo – ese día debo presentarte como quién eres, mi nieto, heredero de este su reino, de este su futuro. Por esta razón les he traído aquí. Ya verás que en poco tiempo dominarás todas estas materias…

-¿Me darán clases de…?

-Permíteme presentártelos; - Tsunade tomó del hombro a su joven sucesor, encaminándole por la estancia hacia cada uno de los presentes, con forme los nombraba, estos, con cordialidad  inclinaban sus cabezas –  él es Ebisu, su familia ha servido a la nuestra durante generaciones, te enseñara a comportarte adecuadamente en diferentes situaciones. – genial clases de etiqueta ¡diag! – Ella es Kurenai Yuhi, te enseñara los distintos lenguajes que debes dominar. Él es Asuma, te enseñara a ser firme y honesto como todo un soberano. Mizuki te enseñara ciencias políticas, muy importante. Choji te enseñara a reconocer las cosas buenas y malas del medio ambiente, Shikamaru te mostrara como ser un gran estratega, Kiba te mostrará la fauna de los alrededores, Shino te hará hábil en herbolaria,  Sai te mostrara como escribir correctamente, es vital que domines la escritura, también te enseñara a leer los textos antiguos, es importante que lo domines, Neji te enseñara cuanto conoce de anatomía y Gai será quien te acondicione físicamente. –  a acepción de la clase de acondicionamiento físico, todas estas labores parecían un martirio para el rubio –  Quienes serán tus maestros de esgrima y el uso de recursos e historia, lamentablemente no se encuentran, pero espero que vuelvan pronto. Por el momento, lo más indicado es que comiences con tu entrenamiento.

-¿Tomaré clases de esto todos los días?

-Todos y cada uno de ellos, así como cada hora del día. Sé que es exigirte demasiado, pero no tenemos tiempo que perder, ya tenemos más de diez años de atraso.

-…

-Sé que estás abrumado en este momento, sé que no lo hemos hablado y no te he dado el tiempo necesario para adaptarte a esta nueva forma de vida. Sin embargo, sé que comprendes que es tu deber, y tengo la seguridad de que lo lograras, eres hijo de tu padre y no dudaré ni por un segundo en que lo harás bien. Mucho mejor que tu padre. – a la mitad del discurso al pobre rubio se le taparon los oídos. Nunca nadie había esperado tanto de él, estaba entre orgulloso y aterrado. Necesitaba ayuda y ahora ninguno de sus amigos podía ser solo eso, un amigo.

El silencio de reflexión del rubio sirvió de parte aguas para que los presentes se retiraran, al día siguiente comenzarían las jornadas a primera hora, por el momento lo único que deseaban era instalarse en palacio, tal como había solicitado la reina a raíz de esta necesidad.

-Naruto… - Tsunade no permitió por más tiempo la flaqueza de su nieto – quiero que lo pienses con calma y descanses. Mañana será un largo día. – el rubio dio media vuelta rumbo a su habitación y… - Naruto,… - el muchacho la miro por encima del hombro -  hay algo de lo que quiero hablarte después de la cena.

-Claro… - cuando Tsunade le decía “después de la cena”, tanto uno como el otro entendían aquel significado oculto. Entre la habitación principal y la secundaria existía un camino estrecho y secreto, que ahora sólo ellos dos conocían. En un principio, guiada por la inquietud Tsunade se había escabullido hasta el aposento de su nieto, necesitaba saber que estaba bien, inclusive llego a medirle el pulso o contar las pausas en su respiración, como si se tratase de un recién nacido. Solo se necesitaron un par de días para que Naruto comenzara a imitarla y fuese él quien visitase su aposento. Durante estas noches conversaban sobre diversas cosas y jugaban, habían jugado ya mil juegos y narrado cientos de historias.

El príncipe, al adentrarse en sus pulcros aposentos, cayó desplomado en su lecho. Al caer se descubrió de su pecho un collar esmeralda y de su bolcillo una negra pieza de ajedrez. Elementos que inconscientemente sostuvo entre sus manos y contemplo durante minutos.

-¿Qué voy a hacer ahora?
 

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Esgrima Sasuke..pero historia...Kakashi? mmm a ver...la mejor pieza...me pregunto que habrá sido todo eso del lago...en aquella ocasión tuve la sensación de que Naruto sabía de sus origenes o algo así sin embargo, obviamente no...qué fue lo que pasó con Jiraiya en aquella ocasión...
Nadywing

Sandy Namikaze dijo...

Ummm y ahora que hara Sasuke?
cumplira lo que desea hacer?
jum muy interesanteee n.n

sera un dia horrible para naruto
pobre

Sora Tapia dijo...

Sasuke Troll emocionando a Ino y nada de nada XD, mas le vale seguir siendo fiel a Naruto
Pobre Naruto uno no soporta la escucela y a pobre deben de enseñarlo lo de años en unos dias, que horror
quien dara Historia??

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