Capítulo 4: Ahora necesitas de mi


Ya hacia una semana que no se veían, Sasuke había recuperado su gallarda apariencia, pero con ella había perdido el apetito. Naruto recuperó su piel, pero perdió su esperanza. Cada cual sin el otro, agonizantes, dementes y macilentos, su apariencia era deplorable. Sasuke sulfuraba por cualquier causa, su estado era deprimente, tanto tiempo sólo, no le hacia bien. Comenzó a escuchar chillidos de las paredes, le parecía mirar, por las ventanas, a una marea de hormas, infantes desquiciados, vengativos, que venían por él. En ocasiones salía agonizante de sus laureles y echaba a correr a toda prisa a la torreta, murmurando, “malditos, no me encontraran aquí, malditos”, se encontraba al borde de la fiebre, la locura le cernía en los ojos y la cólera fulminaba sus cabellos. En absoluto, ni un alma se percato de su estado, todos parecían tan ocupados como para notarle.

Naruto callaba, ahogando sus pensamientos en un roto silencio, no deseaba volver, prefería perderse en la inmensidad del bosque, permanecía en él desde el alba hasta el anochecer, tragando toda gota de lluvia que se filtrara en sus labios, mirando siempre perdidamente el cielo, esperando, solo esperando sin sabes que esperar. Pasaba gran parte de su tiempo huyendo le la realidad que le embargaba.



Al final de la semana Iruka se enfrentó a lo que denominó, un extraño acontecimiento. Había estado preparando exhaustivamente el banquete que ofrecería esa noche la Marquesa para sus amigas de críquet, cuando por fin terminó con sus labores, encaminándose en dirección al viñero, la imagen de Sasuke recostado a pleno jardín, zarandeando una navaja en sig-sag y canturreando palabras incomprensibles, le perturbo, tal fue su espanto que dejo caer la botella de oporto de entre sus dedos. Sasuke era verdaderamente aterrador, sus ojos destellantes de un rojo sangre, su piel transparente y cadavérica, su cabello alborotado y puntiagudo como afiladas púas y su sonrisa acesina. Esa imagen habría matado a un débil de corazón. Para cuando Iruka recobro el conocimiento, Sasuke caminaba en dirección opuesta a él, dándole la espalda, canturreando, solo canturreando, “kata-mata, itooooo, cuat-eeee, mi-ooo…” fue lo único que alcanzó a escuchar.



Esa noche, Iruka regresó al vecindario con el alma vencida, por más que intentaba despojar de su mente al Uchiha, al cerrar los ojos, al estar entre sombras, al internarse en su mente, en todo momento, la imagen de Sasuke le seguía, estaba presente su sonrisa y peor aun, sus ojos, habría jurado ante el demonio, que esos ojos no era humanos, que eran tan rojos como rosas y que le quemaban, su mirada… calcinaba.




La jornada de paz para Naruto había terminado, cenaba junto a Iruka, una vez más, cereales crujientes y pan de centeno, acompañados con un sorbo de leche curtida.

-¿Sucede algo… Iruka-sensei?

-No es nada… alucinaciones de su viejo tonto, Naruto.

-¿Alucinaciones?

-No… no es nada.

-¿Sucedió algo con los Uchiha?...- no obtuvo respuesta - ¿le hicieron algo? –Iruka apresuro a contestar negando con la cabeza  -¿le sucedió algo a Sasuke?- “Sasuke”, justo el nombre que menos deseaba escuchar. Sus ojos se extendieron como maza aplanada, el horror se hizo visible en su rostro, Naruto soltó un brinco sonoro, golpeando con fuerza el comedor (una mesilla de madera vieja, con apenas suficiente espacio para ambos) - ¿¡Iruka-sensei, que le sucedió?! – la reacción de Naruto desconcertó de momento a Iruka, después comprendió y trato de tranquilizarse.

-Veras… Naruto- la calma que remontó el sensei, tranquilizó al rubio de manera parcial mientras que sus constantes suspiros le apaciguaban, haciendo que este retomara su lugar – Hoy vi… a un monstruo – Naruto se sorprendió ante la explicación, más su sorpresa iba en aumento según proseguía el relato – era como un cadáver de afilados colmillos y un par de ojos rojos horrendos, me ha puesto la piel de gallina de solo verle…

-  pero… ¿y Sasuke? ¿Qué tiene que ver todo esto con él?

- Naruto, el monstruo de quien te hablo, no era otro más que…Sasuke-kun- Naruto palideció de momento, permanecía incrédulo a las palabras de su sensei.

- Jajaja… (rió con nerviosismo). Vamos Iruka-sensei, ya estoy algo grandecito para cuentos de terror.

- Desearía fuera un cuento. Pero, ni yo mismo que le he visto he terminado de convencerme de que lo que vi era real. ¡Era tan horroroso!- Iruka desesperaba, contarlo no le hacia las cosas más fáciles de asimilar - ¡Ho Dios! ¡Pobre muchacho! La desdicha pernocta sobre su frente, la de él, ¡él, que ha sufrido tanto!- terminó cubriendo su cabeza con sus brazos, poco fue lo que falto para que soltara el llanto.

- ¡Iruka-sensei! ¡Por misericordia, dígame, dígame lo que le ha sucedido!- Naruto no soporto más la incertidumbre.

- Naruto, ese joven amo mío, esta enfermo. Padece algo que no tiene cura y la agonía y el furor ¡terminaran por desgarrarle hasta la muerte!

Iruka explico esa noche a Naruto, que Sasuke padecía algo que se denominaba “síndrome post-traumático”, le dijo que este síntoma con frecuencia se presentaba en veteranos de guerra, que se debía a el alto estrés en el que estaban obligados a vivir durante las batallas y que según ellos, la vida civilizada era incomprensible. También le dijo que hacia años no se presentaban casos de tan extraño padecimiento, sin embargo, tratándose de Sasuke y siendo él tan joven, era obvio que el miedo a morir fuera mayor, pues él en especial, tenia todo por perder. Naruto por su parte, cuestionaba sobre todo lo que se podía saber de dicho padecimiento, descubrió entonces, que Sasuke padecía de temibles pesadillas, el peor de los insomnios, pensamientos obsesivos, ataques continuos de hipervigilancia (se estremece ante el más leve rumor), indolencia emocional y lo peor de todo, depresión aberrante. Supo también cual seria su destino, pues Iruka le especifico sucesivamente como era que habían terminado todos quienes supo, padecieron de este mal, profuso fue su terror al escucharlo, pues se habían visto inmersos en el alcohol, las drogas, la vagancia y el suicidio.

Esa noche, Naruto durmió con la mano en el estomago, se sentía tan mareado, la pena que sentía por Sasuke era inmensamente mayor a su odio, de alguna forma su pensar le encamino a su destino, no podía dejarle solo, no podía dejarle padecer.

Mayo llego a la villa con arrojo, el sol le conmemoraba galante, el fin de las lluvias parecía póstumo y las festividades campesinas plagaban las calles de aromas, luz e incesante decoro.

Naruto se presento la primer semana del mes en la mansión, en la cual no fue bien recibido, pues Mikoto Uchiha había convertido en tabú su nombre, al parecer continuaba enfadada, pero a Naruto no le importo, se coló por el tenebroso bosque hacia los jardines introduciéndose a la cocina y de ahí partió sigilosamente por los pasillos hasta dar con la alcoba del moreno. El nerviosismo y la duda se le presentaron amenazantes ante la puerta, más su deseo de ayudarle era mayor que su miedo (Iruka le había prohibido verle argumentando que en ese estado Sasuke podría ser peligroso) y sin más entro de golpe al recinto. Su coraje se desvaneció en segundos, las piernas le temblaban, las fuerzas le fallaron y sus ojos se anegaron cristalinos. Sasuke le miraba, incrédulo, pálido, ojeroso, (su cuerpo no podía estar peor) en su mano una navaja y en su brazo cinco llagas sangrantes y carnosas. Su rostro demandaba una piedad inadmisible, sus ojos rojizos y llorosos, su enfoque desencajado, colérico, perdido e irritado. Naruto se hizo hacia su cuerpo, con lentitud y extrema calma le retiro la navaja, lo atrajo a sus brazos y le sostuvo calidamente en un abrazo compasivo y lastimero, lleno de paz para el Uchiha y de satisfacción para Naruto, pues sentía, que había llegado a tiempo.



Sasuke no dio palabra ni crédito a lo que veía, Naruto le lavó, le vistió y ahora le alimentaba, le había preparado un asado suave y caldo de gallina, acompañado de jugo naranjado y pan negro, todo pensado para no lastimar su sensible estomago, pues, Naruto adivino, estaría resentido por la falta de alimento. Le extendía la cuchara o tenedor a los labios, le sostenía el baso de jugo y partía en pedacitos el pan, todo sonriente y alentador. Sasuke después de un bocado y un sorbo rompió el silencio.

-¿Por qué? – Sus ojos parecieron nublarse - ¿Por qué estas aquí? – Naruto le sonrió ampliamente.

- Pues porque… necesitas comer ¿Por qué más?

- No… no eres bienvenido aquí.

- Tienes razón, pero me necesitas y yo…

 -¡Yo no te necesito! Y no me hables de tú, que no somos iguales – la mirada de Sasuke se torno severa y la de Naruto asqueada, pues sin saberlo, había dado en donde más le dolía “no somos iguales”.

- ¡Tienes… tiene toda la razón! No se en que pensaba ¡Le aseguro, no volverá a suceder! – Naruto se levanto presuroso de la mesilla en la que estaba y adelanto el paso hacia la puerta del dormitorio del Uchiha – debí haber enloquecido… (susurro para si).

Al cerrarse la puerta y no escuchar los pasos del rubio, Sasuke enfureció dementemente, arrojo su alimento y comenzó a gritar estirando sus cabellos. Su pesar era mayor ahora, no podía hundir a Naruto con él, de cierto modo le apreciaba y no quería hacerle daño, así que le evadió, al igual que evadía al resto de sus seres queridos, rogando día con día que no advirtieran su agonía y sin embargo, Naruto le había descubierto y lo que era aun peor, se preocupaba por él. 

Las cosas parecían no tener remedio para el joven, su destino estaba dicho, moriría sordamente sin ser sabido de su padecimiento y se encontraría accidentalmente su cadáver aislado en el bosque o debido al olor de su putrefacción en una abadía o en su propia alcoba, no obstante, había quien se rehusaba a tan trágico desenlace.

-¡Vamos Iruka-sensei! Solo será un tiempo. – Naruto pedía a Iruka, convenciera a Mikoto Uchiha le permitiera regresar, ya fuera como compañero de Sasuke, ayudante de la cocina, vigilante de los caballos o incluso sirviente, parecía decidido a volver.

-Naruto, no puedo comprender. Antes te retorcías por tu desdicha y ahora no haces más que rogar para que vuelvas. No lo entiendo y aunque así fuera, jamás me perdonaría si volvieras a padecer por su causa – Iruka se había disculpado agudamente por lo sucedido en el establo, perjuraban sobre él los azotes dados al rubio – no logro concebir tus razones.

-Iruka-sensei, debo volver. – Los grandes ojos de Naruto tenían un efecto único, destellazos y brillantes como estrellas, le daban un excelente poder de convencimiento.

-Júrame que no tiene que ver con Sasuke-kun – Naruto no pudo negarlo y agacho su frente – te dije que te mantuvieras lejos de él.

-         ¡Él igual!... pero ¡No puedo dejarlo! Iruka-sensei, ¿es que acaso le quieres ver delirante, crápula o muerto?

-Por supuesto que no, pero, tampoco quiero que te haga daño.

-¡Soy Uzumaki Naruto Rendan! ¡Un simple Uchiha no podrá hacerme daño!

-Este bien, lo intentare. Pero tendrás que mantenerme informado, cualquier suceso, lo que sea. ¿Entendido?

- Iruka-sensei ¡eres genial!

- Dije que lo intentare y tengo que saberlo todo, Naruto ¿Entendido?

 - ¡Hi!







Pasada una agonizante semana, Iruka convenció a Mikoto Uchiha de que permitiera a Naruto volver, argumento necesitar de su ayuda para los preparativos de la boda de Itachi, sin mencionar que Naruto era un excelente mozo y camarero, así como buen cocinero. Terminadas las suplicas y una vez convencida de que Naruto era una buena opción y de que a medidas desesperadas Iruka había propuesto, se le pagara la media del salario normal como sanción, hasta que estuviera satisfecha con su trabajo, Mikoto aceptó.

- Pero, Iruka-sensei ¿Cómo pudo aceptar medio sueldo?

-¡Calla, Naruto! No sabes cuanto tuve que insistir. Corrí con suerte de que no me despidiera por fastidiarle. Considérate afortunado.

- Pero… ¿medio sueldo? – Naruto era un maestro en cuanto al berrinche se refiere, era capaz de generar una magnánima compasión.

-¡No tienes remedio!

Naruto volvió a la actividad, le atareaban más de lo normal en forma de desquite y cada que tenia que lavar la ropa, limpiar los establos, quitar el lodo de las pesuñas de los caballos o fregar los pisos, detractaba reiteradamente; “medio sueldo, medio sueldo”,  parecían brotar lagrimas de sus ojos al pronunciar dichas palabras. Esto a Sasuke le resultaba infinitamente cómico, desde su llegada el molesto rubio no le dejaba a solas ni un segundo, cada que volteaba hacia cualquier dirección, ahí estaba, mirándole con cara de “¡Oye, me debes una, malagradecido!” y ¿Cómo reprochárselo? Si conocía de sobra las razones de Naruto para volver: él. Sabia que Naruto detestaba su posición social, el gesto de asco que había echo al mencionar sus diferencias le delataba y sabia también, por mera intuición, que quien le informó de su enfermedad fue Iruka, pues desde hacia días que no se atrevía a mirarle a los ojos y le pareció verle rogando repugnantemente a su madre por que devolviera el trabajo a Naruto, lo cual había conseguido y de que forma.











Una tarde, Sasuke almorzaba como ya era costumbre en esos días, sólo en la cocineta, donde comían los empleados, a Sasuke le parecía más práctico preparar su almuerzo y engullirlo de una sola, sin molestar a nadie. Justamente se había preparado un festín verde, acompañado de leche y un improvisado cóctel de frutas. Naruto quien para su desgracia y disfrute del Uchiha, fregaba los pisos de la cocineta, a cuclillas, con un balde y trapos húmedos entre sus dedos, miraba fijo cada movimiento del Uchiha, como se contoneaba de aun lado a otro, fingiendo indiferencia, al prepararse el almuerzo, como se sentaba en un banquillo frente a él, devorando una roja manzana y el horrendo gesto pícaro y burlón de su rostro. Naruto moría de ganas por escupir a esa sonrisa. Trato tanto como pudo ignorarle, más la imprudencia del Uchiha, acabó por desbordar su paciencia.

-Oe dobe… te falto esa mancha. – Sasuke se regocijaba a más no poder con la desgracia ajena, en especial, la de Naruto.

-¿A sí? ¿Cuál? – le temblaba la ceja, sus nervios crispados no ayudaba, preparaba inconscientemente dentro de su garganta, la suficiente saliva para ahogar en ella el ego del Uchiha.

-¿Es que acaso estas siego? A tu derecha, justo donde el balde.

-¡No hay ninguna mancha, ya limpie ese sitio! – Naruto no miro siquiera el lugar, no le daría el gusto.

-Si vas a hacer algo, hazlo bien. – Sasuke se acerco tan rápido que ni se percato de ello, al menos le pareció así, pues estaba tan inmerso en sus negros ojos, que no supo si se acercaba lento o aprisa, pues para cuando reacciono, ya le tenía tan cerca. Sasuke saco del cubo un trapo empapado, le exprimió y limpió con súbita sencillez la mancha que le había indicado. Termino mirando a Naruto sobrecogido a escasos centímetros de distancia, dejo caer el trapo al cubo, sin bajar la mirada. Sus ojos se entrelazaron con una malla invisible. Sasuke estuvo a punto de arremeter lujurioso contra él, más se separo prudente y presuroso, solo dando media vuelta, rompiendo todo lazo, destrozando tan impredecible conexión.

Naruto interpretó este último arrebato de ternura de la manera más inocente existente, como un simple “gracias”, era difícil entender a un Uchiha y más aún, tratándose de Sasuke, pero en el fondo, Naruto no dudaba ni un ápice, en la bondad del Uchiha.

Sasuke sabia desde hacia tiempo, que la atracción que sentía por el rubio era peligrosa, temía que en algún momento su instinto le venciera y terminara mancillando al rubio. Desde aquel día en que Naruto le atendió con tata dulzura, no había podido sacar de su cabeza la idea de que el Uzumaki podría ser un buen amante. Mientras más lo pensaba, mas se convencía.

En toda la villa no existía mujer o hombre que satisficiera sus necesidades tal como lo hacia Naruto, tan bello, imprudente y compasivo. Como su sirviente seria fácil entablar una relación con él, guardándolo en secreto, infligiendo en su aposento y poseyéndolo hasta la saciedad, el problema era, que mientras más le conocía, mas pernotaba en la inocencia del rubio ¿cómo podía siquiera atreverse a insinuarse? si el muchacho no lo entendería o lo tomaría como una ofensa. Más una cosa era segura; Sasuke necesitaba compañía en su cama y no quería a otro en esa posición, más que a Naruto.

    









Una tarde en los establos, Naruto sufrió un infortunado accidente, trataba de pulir las pesuñas del caballo de Sasuke; Chidori, un purasangre negro, tan alto que parecía doblar la estatura del rubio, de cabellos finos y patas tan gruesas y musculosas que semejaban ser duros troncos de fresno y tan corpulento que aparentaba ser lánguido, más se presumía entre las caballerías de su velocidad. Dicha criatura rebuscaba errante, relinchando y forcejeando en contra del rubio, quien como cada semana, batallaba como contra un ejército al tratar de limpiarle.

- Basta, Chidori! – en un ultimo forcejeo determinante de la victoria, Chidori arrojó a Naruto tan fuerte que retrocedió cerca de diez pasos sin control y terminó empapado dentro del bebedero de los caballos - ¡Maldita bestia! – era difícil de admitir, pero parecía que ese caballo se mofaba de él cínicamente - ¡Anda, búrlate todo lo que puedas! ¡Condenado animal! – salio del bebedero y volvía al caballo para intentar apaciguarlo acariciando su hocico y llenándolo de mimos calidos, lo cual era lo único que conocía capas de relajarlo – No me cabe duda de quien es tu dueño, te pareces tanto a él. – La ruidosa paja quebrándose le desencajo de sus ideas.

- ¡Y yo que pensé que no existía nada para apaciguar a ese animal! – Deidara entraba al establo desmontando de un corcel pardo – Haces bien tu trabajo, ¿Ne?

-  Lo intento… Deidara-san. – Naruto no dejaba de mirarle, desde que le vio, sus facciones le intrigaron, nunca había visto en su vida persona alguna con el mismo color de ojos, cabello y piel, conocer a Deidara le impresionó y últimamente le sembraba curiosidad.

-Pues haces bien – al desmontar completamente, se percato del estado del rubio – pero muchacho ¿Qué te sucedió?

- Este animal que no se deja tocar las pesuñas, me ha arrojado al bebedero.

- Jajaja (No aguantó la risa)… perdona, pero, esa criatura no dejara que le toques las patas. Sasuke lo ha entrenado como arma de guerra y no se fía de nadie.

-Pues… llevo semanas haciéndolo, después de un rato de pelea logró quitarle el fango. Es muy terco y obstinado, pero no  más que yo. – Naruto le sonrió ampliamente, Deidara pareció impresionado ante tal afirmación y después complacido, sonriente y cómplice.

-Supongo que querrás hacearte.

-¡Más que cualquier otra cosa señor! Pero, tengo trabajo por hacer y él clima esta muy turbio como para lavarme.

- ¡No se diga más! Ven conmigo.

- Pero… ¿Señor?

- Tengo que pagarte de alguna forma, si quiero que conserves esto en secreto – Deidara puso un dedo sobre sus labio y le guiñó un ojo, Naruto pareció no entender – se me esta prohibido montar a caballo y tengo que asegurarme de que no lo sepa nadie.

-         Pero, Deidara-san, si me lo pide, no tengo porque divulgarlo.

- No me agrada el egoísmo y es para mi un gusto ofrecerte una tina caliente, o ¿es que acaso no la quieres?
– Naruto nunca se había duchado con esencias perfumadas y aguas tibias.

- Este… yo.

- Anda, sígueme, el deber puede esperar. Además soy yo quien te lo pide, no te amonestaran si así lo quiero. – Naruto siguió a Deidara hasta sus aposentos, durante el trayecto no dejo de pensar que tanta amabilidad no podía proceder de alguien de su posición.


El dormitorio era inmenso, glamoroso, digno de la realeza o del primogénito de los Uchiha, Naruto nunca había entrado a tal recinto, pero le pareció sencillamente fantástico, la cama le pareció gigantesca, el ventanal radiante y las cortinas tan claras y pasteles danzando al son del aire y rozando con el añejado azulejo de los pisos.

-  Espera aquí – Deidara dejo solo en la alcoba al muchacho, pasados diez minutos regreso con las manos cargadas de prendas – Ya preparan el baño, en un momento estará listo. Te conseguí algo de ropa, la mayoría ha sido mía, espero te guste y puedas usar alguna.

Naruto tomo las prendas, eran hermosas y finas, además parecían nuevas.

- ¿De verdad quiere darme esto?

- Claro, Itachi me las obsequio, son de uno de los pueblos en él que nos alojamos camino aquí, pero no son mi talla y ya que no pienso darles uso, me gustaría que alguien si. – las prendas eran muy bellas sin duda, expresivas, coloridas y repletas de bordados finos, poseedoras quizás de un gran valor.

 - Pero, Deidara-san, si se las han obsequiado, ¿no preferiría atesorarlas?

- No soy de los que atesoran cosas, a decir verdad, no atesoro más que a la vida y estas prendas no me hacen falta. Me harías un gran favor portándolas. – el vestido de Naruto era en extremo pobre, con su camisón de franela descosido (el mismo con el que trabajaba y dormía) sus pantaloncillos rotos repletos de parchecillos y sus botines pequeños, agujerados y sucios (en ocasiones Naruto llegó a pensar que tenia pies pequeños, debido a que los botines le ajustaban tanto, que sus pies no tenían hacia donde crecer).

 - Gra… gracias.

 - No es nada muchacho. Anda, toma tus prendas y entra en la tina, tomate el tiempo que desees.

- ¡Hi! – sus ojos estaban llenos de lagrimas - ¡Gracias, muchísimas gracias Dei-san!

      


- ¿Sucede algo?

- Necesitamos hablar.

Itachi había abordado a Sasuke en el comedor, se mostraba amenazante y serio, Sasuke no apelo a la petición y dispusieron de un par de tragos para dar rienda suelta a una conversación que se extendería durante horas.

-  Te escucho.

- Estoy preocupado. He observado tu comportamiento estas últimas  semanas – Sasuke no pareció alarmarse, pero comprendía hacia donde giraba el asunto y sabia que no podría negarlo – Sé que no deseas que me inmiscuya y de serte sincero, no pensaba hacerlo, pero, las marcas de tu brazo no me permitieron seguir distante…

- Sé lo que vas a decir. No te preocupes, estoy bien.

-No lo estas. Te he visto llorar en el jardín trasero en la madrugada. Tampoco me gusta lo que gritas en las noches.

- ¿Has estado espiándome?

-Sasuke, no se necesita ser un genio para escucharte injuriar desde tu alcoba. Las paredes no son mudas, hermano, si prestan atención te contaran sus secretos.

- No quería involucrarlos.

- ¡No! Temías que pensara que eres débil ¿no es así?­– Sasuke encogió de hombros y oculto su frente – escucha, Sasuke. No estas sólo y no pretendas aparentar lo contrario. No es momento para flaquear y lo sabes. Pronto regresara nuestro padre y tendrás que hacerle frente ¿No querrás que crea a su hijo un cobarde, o si?

- No soy un cobarde.

- No me refería a ti – Sasuke extendió sus ojos como discos - ¿Qué pensará mi padre si descubre que no tuve el coraje de apartar a mi hermanito de la fiebre? Si no soy capaz de eso, ¿Cómo supongo hacerla de padre? – Sasuke se molestó ante el diminutivo, pero sonrió de igual manera.

La charla prosiguió con burlas fraternas y risas cómplices. Itachi descubrió entonces, que Sasuke no necesitaba ser salvado, alguien más ya le había liberado.
 

2 comentarios :

kykyo-chan dijo...

a seguier que es muy bueno

Sora Tapia dijo...

Que bellos capitulo.
Me encanta como Naruto fervientemente y a pesar de todo busca ayudar a Sasuke aunque el maldito no lo quiera XD.
Ame tanto a Deidara, es un amor.

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