Capítulo 31: Nada ha cambiado

Llegado el medio día, hora en la que la emperatriz había acordado la cita, los cortesanos comenzaron a llegar siendo recibidos en la entrada principal de palacio, acompañados, cada uno de los cabezales, por escoltas y en escasos casos, por sus esposas e hijos. Con forme llegaron se encaminaron firmemente, guiados por un sirviente, a la presencia de la reina, que sentada en su trono, sobre un pedestal, recibía de uno en uno sus respetos.

-¡A su presencia, el conde Sarutobi Asuma…!

Cada uno de los cortesanos eran presentados a la reina en voz alta, un vocero gritaba sus nombres y títulos al tiempo que estos caminaban por la estancia hacía ella, seguidos por su séquito. Inclinaban sus frentes mostrando sus respetos y presentes, que sirvientes desplegaban ante la realeza. Tsunade agradecía inclinando levemente su sien. Vestía un increíble atuendo color esmeralda, de largas faldas repleto de encajes e incrustaciones diamantinas. Y portaba un peinado alto y relucientemente ornamentado con una quiara aperlada de rubíes azules.

-Sarutobi Asuma.

-Mi señora…

Mientras los miembros de la corte se presentaban, un impaciente rubio aguardaba tras las cortinas que decoraban la estancia. Se le había dado la orden de permanecer callado y tranquilo hasta el momento de su nombramiento, debía reconocer a los miembros de la corte antes de enfrentarse a ellos. Evidentemente el nerviosismo le atosigaba y entre tragos de saliva observaba atentamente a los invitados con Sasuke a sus espaldas.

-Ya relájate dobe, o tiraras de tajo las cortinas... – Sasuke, que hacía de su niñera en semejantes momentos, había terminado por impacientarse – Debo irme…

-¡Sasuke! ¿A dónde vas?

-A la estancia, tengo cosas que hacer.

-¿Vas a dejarme sólo en un momento como este?

-Desde luego, soy uno de los cortesanos, ¿lo olvidaste?, mi lugar es allá afuera. – recibió como respuesta un puchero y un cruce de brazos, y ante este reclamo, no le quedó de otra, más que buscar la forma de zafarse de la ira de su señor – Escucha… no me necesitas. – El moreno le tomó de los hombros y mirándole con firmeza le dijo – Estas listo para esto. – Sabía de sobra que un alago predispondría al soberano y le daría la confianza de continuar sin él. Naruto le era tan crédulo.

-¡Largo de aquí Uchiha, inútil! – y con una risa digna del bochorno del rubio, el moreno dio la espalda y se retiró. Mientras tanto el rubio príncipe continuó observando a los invitados, reconociendo a cada uno de ellos según los indicios que le había dado Sasuke, reconoció a todos, excepto a uno, que al presentarse le dejó atónito.

-¡El duque, Sabaku no Gaara! – dijo el vocero del país de la arena y el duque se encaminó potente hacia el trono acompañado de su cortejo, compuesto por hombres mal encarados. Vestían todos con capas largas de extraños motivos y turbantes decorosos de colores brillantes, sin duda resaltaban provenientes de tierras distantes.

A diferencia de todos los cortesanos, el duque no hizo reverencia alguna, en su lugar, la reina se puso de pie y se inclinó levemente ante su presencia. Este acto disgustó a todos los presentes, más el ambiente se apaciguó cuando el Sabaku correspondió del mismo modo al saludo, detuvo su caminar secamente y con gran frivolidad inclinó su sien por un segundo.

-Me honra que aceptara mi invitación; mi querido duque. Me es grata su presencia. – Tsunade retomó su asiento.

-Tsunade Senju, gobernante del país del fuego. – no había cordialidad en sus palabras – He venido con motivo de nuestro mutuo cese de hostilidad… – al contrario, su voz parecía destilar odio al igual que su mirada –…no es mi intención la de socializar en momentos tan escabrosos. – Su presencia era tal, que congeló inevitablemente a los presentes. La tención que sus palabras provocaban, hacían sentir que una batalla estallaría, era como si tuviese un arma apuntando al pecho de la reina, era como si tuviese intenciones de matar… – He realizado un largo viaje y le he traído un obsequio. – al escuchar las palabras de su señor, cuatro de sus hombres descargaron dos grandes cofres y presurosos les abrieron, mostrando su contenido. – Agua y tierra… – lo que contenían ambos cofres… – las arenas de mi pueblo y el lodo de sus caudales… – ¿Era acaso un reto? ¿Un desafío inherente a semejante afirmación? – Lo más valioso que poseemos…

A Naruto cada palabra dada por tan extravagante personaje, le trastornaba. Era como ver a la antítesis monárquica encarnar y escupir con cada palabra dagas afiladas destinadas a acuchillar la más pura de las creencias. ¿Quién demonios era ese hombre?









Sasuke vagaba plácidamente en la estancia, justo frente a la entrada principal, disipaba su impaciencia ingiriendo de una copa de vino del que se había dispuesto para la recepción.

-¡Sasuke!

Justo daba un gran sorbo cuando un llamado le desencajó a tal grado que casi le hace escupir el contenido de su garganta.

-¿Padre? – Lejos de su conocimiento, el resto de la familia Uchiha había sido invitada a la asamblea, y a juzgar por las expresiones de su madre, ellos tampoco esperaban reencontrarse con él aquella tarde.

-¡Sasuke! – Mikoto se abalanzó increíblemente ansiosa sobre el menor de sus hijos, y en menos de un parpadeó ya le abrazaba y le besaba ferozmente – ¡Mi niño, mi pequeño… creí que no te volvería a ver! – no habían sabido nada de él desde aquel día en el que abandonó la mansión – estaba tan preocupada. – Mikoto era una mujer sensata y de nobles sentimientos, sus hijos habían heredado más que su apariencia, tenían igual de cálido el corazón.

-Perdóname madre… – era por esto, que ella representaba el punto más vulnerable de sus vidas.

-¿En dónde has estado? ¿Por qué no te habías comunicado conmigo? ¿Te ha sucedido algo? ¿Acaso…?

-Mamá, mamá, tranquila, estoy bien. Solo quise estar sólo un tiempo. – solo esas pocas palabras consolaban el corazón de su madre, quién no podía esperar el momento en el que estuviera a solas con su hijo para preguntarle sobre Itachi, pues el alma se le había partido con su partida, y sabía que Sasuke no se quedaría atrás sin saber de él.

-Pero hijo yo…

-Mikoto, no es momento para esto. – el padre de Sasuke, Fugaku, había observado complacido tal despliego de amor fraternal, parecía especular respecto a los designios de su hijo, más por dentro, Sasuke sabía que para su padre estaban demás los cuestionamientos. – La reina nos espera. – Mikoto no estaba dispuesta a soltar las manos de su hijo, todo el dolor que recientemente le atormentaba resonaba en sus manos como un palpitar voluminoso que le impedía soltarlo, no quería soltarlo, estaba aterrada.

-Fugaku yo… – la sonrisa que entonces formuló su madre, era de antemano conocida por Sasuke, una perfecta mezcla de amor y sufrimiento, y la fuerza con la que le sostenía le habían resuelto completamente, en verdad la había lastimado y ahora estaba avergonzado, así que correspondió el agarre y caminó tras su padre con su madre del brazo.

-Vamos, madre. Tenemos que presentarnos.

La familia Uchiha fue la última en presentarse, y una vez que todos los invitados se encontraron presentes en la estancia, bajo el pedestal de la reina, esta se puso de pie, y a todo pulmón dijo:

-Esta asamblea no ha sido convocada con motivos sociales, por ende no pienso hacer esperar los asuntos que, prioritarios, merecen nuestra atención. Se ha dispuesto de una recepción de la que espero todos puedan disfrutar. Sin embargo, primero pido a mi séquito que sean tan amables de acompañarme… – la reina descendió de su trono seguida por su escolta; encabezada por Kakashi y Shizune, a sus pasos les siguieron  cada uno de los cortesanos y el duque, quien fue el único seguido por todo su cortejo.

Una vez en la sala querella, todos los mandatarios tomaron su lugar en la enorme mesa. La reina tomó su lugar en el trono sobre el pedestal que se alzaba en una de las puntas de la mesa, mientras que el duque se sentó en el otro extremo, con toda su guardia a sus espaldas; dejando los lugares laterales para el resto de los comensales, acto que terminó por desquiciar a unos cuantos miembros de la corte.

-Con todo respeto, su majestad – todavía no se encontraban todos en sus puestos, cuando uno de los disputantes habló – ¿Es necesaria la presencia del duque Sabaku? – el cinismo de los actos del pelirrojo le acreditaban semejante marginación, sin embargo, lo que en verdad les molestaba, era la pesadez de su mirada, ese odio y ese inquietante olor a sangre que le hacían inmerecedor de la calma.

-La asistencia del duque no será cuestionada. – Tsunade era una mujer altiva, que no permitiría que se sobrepasaran sus reglas.

-Pero, su majestad, los asuntos que trataremos son exclusivos de nuestra nación, no es de su incumbencia; lo que hay entre nuestras naciones no es más que un simple acuerdo de concordia.

-Gracias por la clase de Historia, conde Akimichi. Pero requiero de la presencia del duque, ya que los asuntos a tratar en esta asamblea influyen a ambos reinos por igual. – Su argumento era cierto, sin embargo, llamar a las entrañas del reino a un personaje tan peligroso, rivales desde tiempos inmemorables, era todo una osadía, más fue un riesgo, que pese al descontento de todos sus consejeros, se vio dispuesta a correr – No perderé mi tiempo aclarando cada una de mis decisiones, así como tampoco permitiré que se agreda a nuestro invitado. Hemos venido a hablar de paz, señores, no a recordar viejas riñas. – todos en la cámara enmudecieron – Así que comencemos con esto. – Tsunade cedió la palabra a su mano derecha, Kakashi.

-Como todos sabrán, en la situación del estado se declaró “paz efímera”, pues se sabía de grupos de resistencia aislados. Según los informes generados con la alianza de los ejércitos, estas brigadas de rebeldes fueron denominadas “exiguas”, por lo que se les restó importancia, sin embargo, dadas las resientes investigaciones, se descubrió que se formulan en grupos reducidos, sin embargo, son una exorbitante cantidad; podría afirmarse que hablamos de todos los sobrevivientes, tanto soldados como sibiles…

-¿Qué está sugiriendo, Kakashi?

-Nada, Asuma-san. Estoy diciendo, que estas brigadas representan una amenaza, pues se estima que unidas, formularían un ejército lo suficientemente grande como para levantarse en armas.

-¿Existe prueba de algo así?

-Sí – Contestó Tsunade, tomando las riendas del discurso.

-¿Cómo es eso posible?

-Uno de mis hombres, gozoso de una privilegiada posición, ha podido informarme, detalladamente, de cada suceso.

-Es imposible. – Hablo, desdeñoso, entonces el duque de las arenas. – No tienen los medios para continuar con esta guerra ¿De dónde suponen que obtendrán los recursos?

-Akatsuki – contestó secamente el caballero, Kakashi.

-¿Akatsuki? – repitieron alarmados algunos miembros de la corte.

-Esos bandidos, ¿qué ganarían con todo esto? – dijo Asuma.

-Piénsenlo detalladamente, – aclaró Tsunade – Akatsuki ha intentado infiltrarle en las filas de la guerra desde hace años. Una causa perdida como la del país de la lluvia es la excusa que necesitan. Ellos tienen los recursos y los rebeldes son ahora su ejército. Es solo cuestión de tiempo para que se organicen y se decidan a atacar. Si nos toman desprevenidos, no sólo sufriríamos incontables perdidas, podríamos incluso sucumbir. Es primordial interceptarlos antes de que sea demasiado tarde.

La estancia permaneció en silencio. Algo como esto significaría despedirse de la paz y entrar nuevamente en guerra. Ambos reinos se encontraban gravemente heridos, se dudaba que pudiesen continuar peleando. Los cultivos apenas comenzaban a dar sus frutos después de tiempos austeros de incesantes sequias, tiempos en los que solo la sangre alimentaba la tierra, sucesos que lamentablemente volverían a ocurrir.

-¿Cómo debemos proceder? – cuestionó el líder de los Haruno.

-Lo primero será determinar las dimensiones de los grupos rebeldes; para esto he asignado comandante a Uchiha Sasuke, en una misión de reconocimiento. Él, junto con mi mejor estratega y a los más destacados miembros de mi ejército, se harán cargo de proporcionarnos esta información.

-¿Quién se hará cargo de Akatsuki? – intervino el líder de los Hyuuga.

-Para ello, espero contar con la ayuda de nuestro invitado. – todos miraron a Gaara – Según tengo entendido, el conde Akasuna no Sasori forma parte de su ejército.

-Así es… – contestó el Sabaku – ¿Qué con eso?

-Es bien sabido que el “Escorpión de la arena roja” ha mantenido tratos con un miembro de Akatsuki; Orochimaru.

-Esa información es inverosímil, “la serpiente blanca” abandonó esa organización.

-Con mayor razón resulta una solución viable, existe una bacante disponible, posición que sin problemas su partidario podría ocupar.

-¿Bajo qué argumento?

-Odio. – el tono de la conversación se estaba tornando abrumador – Los rebeldes no ven a los miembros de las arenas como enemigos potenciales, nos atacaran directamente, esperando que ustedes no respondan a la agresión. Además, sería fácil adivinar las razones para traicionarnos de un miembro como Akasuna.

-¿Espera que arriesgue la vida de uno de los miembros más congregados de mi nación, con el fin de adquirir información tan superflua? – la reina no esperaba semejante contestación.

-Espero, que lo considere. – el pelirrojo la miró con mayor rabia, más guardó silencio, dejando en duda tan importante misión.

-Siendo así… – se adelantó a hablar el líder de los Uchiha, Fugaku – ¿Existe alguna otra alternativa? – la reina y el resto de la corte pareció meditarlo durante un segundo.

-Lamentablemente, no… – Aseveró la monarca. Era difícil suponer la existencia de un personaje que contara con los motivos y las habilidades necesarias como para infiltrarse en tan poderosa organización.

Las discordancias continuaron por un par de minutos, acordando en su proceso fechas, lugares y disposiciones para planear los enfrentamientos. Al cabo de unos minutos, se había dispuesto la partida de la tropa comandada por Sasuke y se acordó la permanencia del duque Sabaku en palacio por una estancia de una semana, al cabo de la cual debería dar solución a los planes de infiltración en Akatsuki.

-Bien, ahora que todo ha quedado claro; me veo en la necesidad de agobiarles con asuntos igualmente delicados y escalofriantes. – la reina se puso de pie – Como todos saben; mi sucesión al trono no es del todo legítima, – esta es la parte que Fugaku Uchiha había estado esperando – y existen fuertes rumores de sedición; mi propio pueblo espera verme deponer. – muchos de los presentes en la sala, eran los culpables de semejantes demandas – Así que he decidido demitir la corona.

-¡¡¡…!!! – Esta declaración impactó a toda la corte.

-¡Pero mi señora! ¡Este no es el momento…! – Dijo alarmado Asuma.

-¡No existe un sucesor, ni siquiera un pariente que posea ese derecho…!

-¡El imperio se vendría abajo…! – todos los presentes comenzaron a replicar – ¡Simplemente no existe la posibilidad!...

-¡¿Quién tomaría el poder?! ¡¿Los Uchiha?! – las replicas continuaron generando un ruido ensordecedor.

-¡Silencio! – de a poco, comenzaron a acallar. – Sé que no es el momento, pero debe hacerse. Las cosas empeorarían si además de una guerra, tenemos que lidiar con una rebelión.

-¿Cómo podría evitar su decline una rebelión? – Argumentó Hiashi Hyuuga.

-Se evitaría, porque sería el legítimo heredero, quien tomaría el trono... – pasmados todos aguardaron en silencio. Tsunade extendió su brazo derecho, haciendo señal a su escolta, para que abrieran las puertas de las sala, dando lugar a Naruto, quien permanecía tras ellas. Cuando las puertas se abrieron… – Les presento al soberano del país del fuego… – Naruto caminó, a la vista de todos los regentes, hacía la reina, tal cual como le había instruido Sasuke – Naruto Namikaze… mi nieto.

Las palabras resonaron por toda la sala con un eco espantoso, el asombro y la inquietud gobernaron en aquel endeble momento, hasta que los previstos cuestionamientos se alzaron fuertemente, provocando una bulla aún más tormentosa, y sumamente desquiciante para el heredero de las arenas.

-¡Imposible!

-¿¡Es esto una broma su majestad…!?

-¡Inaudito, no existe semejante heredero…!

-¡¿Quién es él?!

-¿¡De dónde ha salido!?

-¡Estoy seguro de que Namikaze IV nunca se caso…!

El bullicio había alcanzado semejante nivel, que la poca paciencia del duque se había esfumado. Más antes de que dijese una palabra…

-¡Cállense! – la reina había aquietado los reclamos con semejante gruñido, tan potente que los invitados en la recepción pudieron escucharle – ¡¿Cómo osan cuestionar mi palabra?! ¡¿Quiénes se han creído que me acusan de engañar a mi propio pueblo?! ¡¿Quién les ha dado la autoridad para anteponer la duda a la alegría?! ¡El único y verdadero soberano es traído de vuelta a esta que es su tierra! ¡Y ustedes le atacan…!

-Con todo respeto, su majestad… – habló el líder Hyuuga, incrédulamente sorprendido – pero creo hablar por todos los miembros de la corte, cuando digo; que merecemos una explicación.

-Es cierto alteza, nunca antes hemos escuchado hablar de… – Afirmó el comandante Asuma esperando que la reina repitiese el nombre del muchacho.

-Naruto…  – Más fue ahora, él mismo quien se nombro, acto que enorgulleció a Sasuke hasta las entrañas, pues al decir su nombre, el propio rubio había sacado la casta; aquella brillantes que le distinguía y que anteriormente había confundido al mismo Sasuke, ¿en realidad era ese joven el mocoso molesto que conocía?

El porte del muchacho, su carácter y su apariencia, habían terminado por ahogar en la intriga a todos los miembros del cortejo, que hasta ahora prestaban su total atención al muchacho de impecable aspecto; era incuestionable que fuera hijo de Yondaime, ese cabello, esos ojos, esa talla, todo en él eran idéntico a su padre. Los cortezaños que avivados por la conversación se habían desecho de su asiento, collerón flácidos sobre ellos al caer en cuenta de esta descubierta apariencia, era prácticamente inconcebible; les había dejado sin habla.

-Naruto es el único hijo de Minato, mi hijo,… su rey; cuya última voluntad fue mantener a su hijo lejos de su hogar, hasta ahora…

-Eso no tiene sentido… – expresó un cortesano, más para sí que para los presentes.

-Se equivoca, mi hijo era un hombre sabio, y sabía mejor que nadie lo que era mejor para el futuro señor de estas tierras. Naruto ha vivido de primera mano las carencias de su pueblo, ha sido humilde y honrado, se ha criado lejos de la riqueza y el poder…

-Majestad, no esperará que tomemos esto como una buena semblanza…

-Por supuesto que lo espero. Mi nieto no es ningún mendigo insignificante…

-Su alteza, ¿Cómo esta tan segura de ello?

-Jiraiya ha sido su mentor. Le ha guiado y protegido todos estos años… – Eso dejó pasmados a los presentes, Jiraiya, el sabio duque que había, prácticamente, criado a Minato en ausencia del rey. Sin duda, su palabra era irrefutable, así como una garantía a las palabras de la reina, pues un personaje del peso de Jiraiya jamás permitiría que un extraño o un incompetente heredara el trono, que por derecho, le correspondía a él; al viejo ermitaño, medio hermano de Dan Namikaze II: difunto rey, esposo de Tsunade y padre de Minato. – El mismo le ha traído hasta mí.

-¿Qué haremos ahora? – cuestionó abrumado el líder de los Haruno.

-Naruto será anunciado al pueblo, tal como ha sido anunciado a ustedes, en unas semanas. No tomará posesión de la corona, sino hasta sus dieciocho aniversarios; lo cual será en octubre de este año.

-… – la corte no pudo refutar a ello.

-El pueblo, no lo asimilará tan fácilmente…

-Ganarmelos… – Interrumpió Naruto, pues se había hartado de que se hablase de él sin requerir su intervención, más ahora que todos le miraban, se sintió desconcertado, pero igualmente rápido recobro el coraje, pues la mirada del Sabaku y peor aún, el mirar de Sasuke se lo demandaban –… ese es mi trabajo. – no necesitó otra palabra, aquella frase, más esa potencia, acompañada de la casi imperceptible sonrisa que portaba en su rostro, le mostraban tan sublime, que los presentes aclararon sus dudas y en un parpadeo se vieron gustosos e igualmente alegres, de tener, después de tanto tiempo, a un rey verdadero, un soberano legítimo y humilde, alguien a quien pudiesen rogar por paz.

Ahora más tranquilos, los cuestionamientos continuaron, siendo Naruto mismo quien respondió a cada duda gustoso y altivo, de pie ferviente a la derecha de la reina, mirando retadoramente al Sabaku y entrelazando miradas casuales con Sasuke, que más que complicitas eran risueñas. Al final de la asamblea, los cortesanos, satisfechos, se pusieron todos de pie, e inmediatamente Tsunade se deshizo de su asiento, tomó de un brazo a su nieto y le ordenó:

-Dame tu mano… – Naruto reparó entregándole su mano derecha – Kakashi… – el soldado, que estaba a su izquierda, caminó asía ella y le entregó un pequeño cajón de rojo terciopelo. Tsunade le abrió y sacó de él un anillo de inigualable belleza, dominado por una gema peculiar de color rojo. El anillo llamado “La voluntad de fuego”, anillo que había sido portado por todos los gobernantes del reino hasta la fecha. Una vez que lo tubo denudo en su mano, la reina se hincó ante su nieto lentamente y colocó la joya en el dedo anular del futuro rey, seguido de un beso que la reina colocó sobre aquella mano, acto que dejó desencajado al joven rubio y que terminó por cautivar a todos los presentes; a excepción del joven duque. Después del beso la reina se hizo de pie, y le besó nuevamente sobre la frente. – Que viva el rey…

-¡Que viva! – repitieron altivos los miembros de la corte.

-Anda… – Tsunade dio un leve empujón al rubio para que descendiera un par de escalones del pedestal, Naruto desconcertado descendió, mirando a su abuela de manera abrumadora, más para cuando dio la vuelta hacia la sala, todos los cortesanos se encontraban frente a él a modo de fila india. Más desconcertado aún miró hacia todas direcciones, pues no sabía qué hacer… seguidamente a esto, Sasuke se adelantó a los presentes, tomó la mano portadora del anillo, atrayendo la atención del rubio, y le besó suavemente manteniendo la mirada alta, a la altura del rubio, quien no pudo evitar abochornarse.

-Sasuke Uchiha, a su servicio, alteza. – los cortesanos debían presentarse al monarca, cosa que no ensayaron, pues los planes de la reina no fueron contemplados hasta el último momento, instante en el que nuevamente el Uchiha le instruía, seduciéndole al tiempo que con “cordial” calidez acariciaba su mano por debajo de sus dedos. Era una sencilla forma de decirle: “bien hecho dobe”.

El moreno dio paso a cada uno de los miembro, quienes sostuvieron inclinados la mano del rubio y besaron la joya al tiempo que se presentaban dispuestos, todos para con el futuro rey. Los cortesanos permanecieron unos minutos más en la sala, hasta que se vio terminado el rito, más el duque, en cuanto presenció la presentación del Uchiha, decidió marcharse, se puso de pie y a presuroso paso se despidió de la sala con todo su cortejo a sus espaldas…

-Gaara, esto arruina todo lo que teníamos planeado… – le hablaba una misteriosa mujer, que vestía como hombre, y caminaba presurosa a sus espaldas.

-Todo sigue igual…

-Pero, no pensaras…

-¡Se hará como he dicho;… nada ha cambiado!
 

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Gaara!!! qué pensás hacer????????????' me recuerda al exámen chuunin! pucha que sigue que sigue!!
Nadywing

Sandy Namikaze dijo...

noooooooo, Gaara es maloooooo??!!

aaaaaaaahhh lo maximooo

espero despues cambie de opinion uff
shiii

esa parte del beso en la mano
por parte de sasuke me la imagine
y casi me desmayooooooo

ssssssssuuuuupeeeer

Hotaru tomoe dijo...

sasuke es tan elll
por un momento pense que los haruno molestarian a sasuke

Sora Tapia dijo...

Lo bueno ya empieza, maldito Gaara!! pero como me encanta XD
como siempre Sasuke es el primero en apoyar a Naruto

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