Capítulo 38: El gran escape

Si el corazón de un verdadero amante,
Y un continuo morir por contentarte,
Y un extender mi alma por desearte,
Y un encogerme si te estoy delante;
Y si un penar por un sufrir constante.
Satisfecho y contento con mirarte,
Y un derramar mis pasos por buscarte,
Preguntando por ti a cada instante;
Y sin un tener mi razonar compuesto,
Y un ablandarte, sin más, luego tumbarme,
Con un gran abrazo y desvarío,
Los accidentes que han de herirme
Con público proclamo presto,
La culpa es tuya y el dolor es mío.

Juan Boscán

Pasaron un par de días más, antes de que el comportamiento del rubio delfín, comenzara a parecer extraño a los ojos de la reina, los guardias, o quien fuese que le conociera. Verle reanimado fue una conmoción después de hundirse en el llanto, pero ahora, parecía más altivo, fuerte y animado que nunca antes. Se levantaba mucho antes de que el primer rayo de sol iluminara los jardines, se entrenaba en todos los aspectos posibles, y demostraba gran interés a todo suceso a su alrededor, sus observaciones parecían más severas, su presencia misma era imponente. En un par de días se volvió consiente de la peligrosidad de las circunstancias de Tsunade, prestaba atención y oído a toda exclamación, cada nota, susurro o chisme que circulara le cautivaba; secretamente buscaba la forma de conocer el paradero de Sasuke. Adquirió un particular gusto por la historia, la geografía y la herbolaria; las locas ideas que embargaban su mente le hacían ansioso ante el conocimiento.

-   Otra vez aquí… - una tarde, Tsunade acudió en busca de su nieto a la biblioteca; lugar al que el joven acudía a desmedida últimamente, esto nunca antes lo habría podido imaginar, y sinceramente, le desconcertaba; podía predecir el impulsivo actuar de su nieto.

-   ¡Ha!... – Naruto, que hojeaba ansioso un pequeño y polvoriento libro (que recientemente había atraído su atención debido a que tenía por autor a su tío-abuelo y mentor, Jiraya), se sorprendió cuantiosamente ante la presencia de su abuela, dirigiéndole la mirada inmediatamente – sí… - dio una afirmación a la anterior pregunta, y regresó sus ojos al curioso librillo.

Ciertamente, Tsunade estaba complacida con esta resiente actitud, sus gestos y acciones le recordaban sin reparos a su hijo, Minato, la forma en la que caminaba, su sonrisa y la calidez que podía proyectar al contemplar aquel librillo, eran estremecedores; como volver en el tiempo y tener nuevamente a su joven y hermoso hijo frente a sus ojos… sólo una cosa no cuadraba en el entorno; Naruto portaba en su cinturón un artefacto ajeno a la familia, que alteraba a la reina descabelladamente; la espada Fuumetsu, perteneciente desde hacía siglos a la dinastía Uchiha, era un contraste inminente y aterrador.

- ¿Naruto?

- Sí…

- ¿Por qué llevas esa espada? – Tsunade no podía ocultar su desaprobación, esa arma debía permanecer lejos de palacio o confinada en una oscura cripta, y en lugar de eso, resplandecía ostentosa a la mano del rubio rey.

- Es mi botín de guerra. – El gesto de Naruto se había tornado severo, cerró inesperadamente el librillo y caminó sin decir una palabra más hacia la salida. Tsunade no pudo renegar ante esa déspota contestación; era obvio que Naruto seguía devastado, y la reina no podía darse lujo de incitarle, sin importar que fuera, no se sentía segura de cómo reaccionaría el delfín, sin darse cuenta, estaba dominada por los deseos de su joven heredero.






A la siguiente noche, todo estaba listo; Naruto se había alimentado abundantemente durante todo el día, y ahora disponía sus cosas para lo que sería una dura jornada, se vistió cómodamente, con un traje negro de escasos encajes que se le ceñía firmemente, chaleco y saco, pantalones abombados y cortos, botas mosqueteras, una capa, guantes y un sombrero de ala ancha con una gran pluma, había comenzado a coger gusto por los sombreros. Se hizo del más grueso y resistente cinto de piel que encontró, y le ajustó a su cintura para poder llevar consigo a Fuumetsu (nombre de la hermosa espada Uchiha, el cual aún desconocía).

Naruto se preparaba para escapar, debía salir sin ser descubierto de palacio, suceso desafortunado e improbable, pues la vigilancia era extremadamente estricta, no había puerta o rincón que no estuviese asegurado. Caminó por los pasillos, apenas evitando a los guardias que celaban los interiores de palacio habidos de una lámpara de mano, al visualizar las luces a la lejanía por los pasillos, se escabullía por los pasadizos o doblaba hacia direcciones opuestas, de esta forma transcurrieron valiosos minutos, dando vueltas de un lugar a otro sin poder salir aún de palacio. En uno de más extensos y amplios pasillos, Naruto se topo con una encrucijada, el celador se acercaba lentamente frente a él, y la extensión del pasillo no contaba con escondites, no había intersecciones ni cruces; el rubio pensó en retroceder, pero al pasillo que llevaba tras de sí debía tener a otro celador recorriendo sus esquinas; Naruto no tenía opción, debía seguir de frente, miró hacia ambos lados del pasillo, del lado derecho tenía grandes ventanas que daban directo hacia los jardines y del lado izquierdo, las decorosas cenefas del muro, retratos, floreros y adornos sobre finas, largas y delgadas mesas de madera. El celador se acercaba, y el rubio, desesperado, se encaminó sigilosa y rápidamente hacia la más cercana ventana, trató de abrirla y al no poder, comenzó a forzarla, las enmarcaciones de la madera eran sólidas, sin embargo, por  más que buscaba una perilla o seguro en ésta, no pudo encontrar absolutamente nada, así que, a un par de pasos de que la luz de la lámpara que acompañaba al celador le descubriese, dejó caer el peso de su cuerpo entero sobre el marco de la ventana, más sin esfuerzos, esta se abrió, dejando caer al rubio estrepitosamente sobre el verde pasto de las afueras de palacio.

-   ¡Auch! -  el rubio apenas dejaba de quejarse del golpe, cuando vio la silueta de un hombre cerrar la ventana tras su caída.

-   Naruto-sama… - era el espía… perdón, el guardia personal del rubio delfín. – no debe deambular sólo a estas horas de la noche, podría ser peligroso.

-   Sai. – el rubio se levantó del piso… - yo solo… ham, solo estaba…

-   ¿En una especie de juego? - ¡Cierto! El blanquecino soldado se caracterizaba por su gran incredulidad, Naruto se creyó capaz de despistarlo.

-   Sí, ¿Cómo lo supiste?

-   Su atuendo…

-   ¿Mi atuendo? ¿Qué tiene de malo mi ropa?

-   Bueno, es extravagante. ¿Las personas visten así para divertirse, o me equivoco?

-   Sí, es divertido – respondió con una expresión desconcertante y de muy pocos amigos, - deberías intentarlo algún día.

-   No, gracias.

-   Bueno, en fin: No podía dormir, así que quise distraerme un rato.

-   Es bueno para su salud que se divierta, pero me temo que no son horas apropiadas para este tipo de actividad. – el soldado hizo una leve reverencia – Le suplico que me permita escoltarle hasta sus aposentos. Por favor, acompáñeme. – Naruto se quedó quieto como una piedra, mirando al soldado que lentamente le daba la espalda y le brindaba una señal para que le siguiera - ¿Naruto-sama? – de la nada el rubio salió corriendo en dirección contraria al soldado. Sai, desconcertado no pudo adivinar, sino hasta unos segundos después, el cómo responder a esta inesperada y curiosa carrera del príncipe - ¡Naruto-sama! – el rubio corrió y corrió tan rápido como pudo, más al voltear a sus espaldas, vio con claridad que Sai le pisaba los talones, pues había emprendido la carrera tras de él, para cuando regresó la mirada al camino, ya era demasiado tarde, enfrente suyo se encontraba uno más de los celadores, y en esta ocasión, siéndole imposible detenerse, se impactó casi por completo contra el delgado hombre, a quien derribó. Naruto se mantuvo en pie dando zancadas para no caer a tropezones, dio vuelta, sin prestar mayor atención al hombrecillo que yacía boca arriba, pues el intrépido y pálido corsario, no parecía tener intenciones de dar por terminada la persecución, incluso esquivó sin complicaciones aquel inquieto y delgado cuerpo con un simple salto, no le miró siquiera, sin embargo, el incauto celador podía observarles con la claridad de un denso reflejo sobre aguas negras, visión que se prestó para una, por demás errada interpretación. El vigía confundió al rubio príncipe con alguna clase de truhán, encapuchado, vestido a una extraña e inconveniente usanza, seguido cercanamente por un corsario, miembro de la guardia real. Al parecer, no había mucho más que cuestionarse, un individuo extraño perseguido por un guarda, el mensaje parecía por demás claro, así que el hombrecillo dio a boca suelta, la alarma, llamando a todo defensor de la corona a luchar por protegerla… En menos de un minuto, el agotado rubio, se vio rodeado de hombres armados, quienes le seguían en la carrera.

Los jardines del palacio real, eran escenario de una azarosa contienda deportiva, el más rápido y joven rubio llevaba la delantera, más la escolta no parecía tener intenciones de rendirse hasta que le hubiesen apresado. El príncipe se andaba a manera de sig-sag de un lado a otro, encontrando en cada esquina a un nuevo contrincante, cerrándole el paso de a poco, asfixiando su salida… su tan anhelado escape. En uno de esos cerrados caminos que el joven delfín escogía como ruta de fuga, finalmente se encaró con uno de sus guardias “amigos”, quien recorría, a regañadientes, la amplitud de los jardines superiores…

-   ¿Na… Naruto? – Este no demoró más de un segundo en reconocerle, al verle correr en la distancia hacia él.

-   ¿¡Shikamaru!? – Naruto se alarmó al verle, más no detuvo su desaforada carrera y si el consejero de guerra no se quitaba del camino, se impactaría con él en un par de segundos. De todos quienes pudiesen haberse interpuesto en su camino, tuvo que ser Shikamaru, el más listo, él único al que Naruto creía capaz de detenerle. - ¡A un lado!

-   ¿Eh? – el adormilado guardián apenas pudo entender lo que pasaba, vio acercarse rápidamente al rubio, le escuchó gritarle, y aún así, la cosa no parecía otra, más que una vaga pesadilla… por lo que pensó: “Genial… me he quedado dormido otra vez” – Se hizo a un lado, dejando pasar al rubio en su carrera. Shikamaru se entretuvo rascando su oreja, cuando el resto de la caballería hizo alto total frente a él.

-   ¡Señor, le ha dejado escapar!

-   ¿Escapar? – De no ser un sueño ¿por qué Naruto intentaría escapar de su propio palacio?, se encontraba en medio de un dilema psicológico, cuando entre la multitud, vio a Sai, corriendo en dirección al príncipe - ¿Sai? – La cosa no cuadraba, ¿qué hacía el más fiel de los perros de la reina, en una misión tan ridícula?... de repente todo estuvo claro para él. “¿Cómo no me di cuenta antes?” - ¡Dejen de seguirlo, pierden el tiempo! ¡Su objetivo es la salida! ¡Cúbranlas, de inmediato! – Dio la orden con toda la fuerza de voz que su garganta pudo proporcionarle.

-   ¡Si señor! – Los soldados y celadores detuvieron la carrera y se dispusieron rápidamente frente a todas las posibles salidas, las puertas de la gran muralla y los desniveles de la misma.

Shikamaru abandonó su guardia para seguir en la carrera a Sai. Les alcanzó unos metros más adelante, poco antes del límite de los jardines, bordeados con enredaderas. Ambos guardias se sintieron victoriosos, pues al frente no existía más salida, las flores y hierbas que adornaban los jardines terminaban frente a esa tapia, adornada con un frondoso roble. ¿Qué más podía hacer el rubio delfín? ¿Trepar el árbol?

Shikamaru se detuvo al ver el final de camino, esperaría a que Sai apresara al príncipe y lo llevara hasta él, entonces cuestionaría los motivos del rubio para semejante empresa, pero, en un segundo, esta idea se esfumo, pues Naruto no detuvo su paso ni por un segundo, continuó corriendo hacia el roble y la tapia, parecía ser capaz de escalarles de un salto. El rubio, en su carrera, cogió el suficiente impulso, y ayudado por el roble, en cuyo tronco dio escasos tres pasos, saltó contra la tapia y giró sobre si mismo incontablemente, al tiempo que sobrepasaba el muro… Sai se detuvo, conmocionado, en sus ojos se reflejaba la imagen del encapuchado delfín, al dar vueltas en el aire, atravesando la enredadera… no parecía posible, pero así era, el rubio les había burlado, lo siguiente que pudieron escuchar, fue su perfecta caída al otro lado del herbal, apenas le escucharon felicitarse a si mismo… su hazaña había sido increíble y había dejado perplejos a los más sobresalientes guardas de palacio.

Una vez compuesto, Sai intentó continuar, trepando el árbol o emulando a su señor, debía seguirle, sin embargo…

-   ¡Sai! – Shikamaru lo detuvo - ¡Déjalo, no irá a ninguna parte!

-   Tengo órdenes.

-   Lo sé, pero a estas alturas ya te lleva bastante ventaja. Nosotros lo entrenamos ¿recuerdas?

Shikamaru parecía tener razón, por lo que el pálido corsario cesó en su intento.

-   Debemos ir a las salidas, es ahí a donde irá.

Conmocionados y en plena resignación, ambos guardias se dirigieron a la entrada principal, dispuestos a interceptar al príncipe en cualquier momento.


Tras su huida triunfal de los jardines, el rubio delfín no encontró mayor resistencia, las planicies parecían desiertas y la calma se dejo escuchar silenciosa nuevamente, más Naruto continuó cauteloso en su andar, hasta llegar a las caballerizas, a su llegada a éstas, encontró en las puertas a un par más de celadores, mismos a los que se vio forzado a inmovilizar, un par de certeros golpes fueron suficientes para adormecerles hasta el amanecer. Dentro de los establos, buscó impaciente a un viejo amigo; el origen de sus miedos, la razón por la cual temblaba en presencia de cualquier corcel, ante su bramura, sus relinches y presencia… estar entre esos animales, era por demás, una experiencia aterradora, pero, debía encontrarlo, debía enfrentarle; y ahí estaba, Chidori, el más prominente y fiero de los corceles residentes de palacio. No se comparaba en nada con ningún otro, su porte, su fuerza y tamaño, hacían parecer simples ponis al resto de purasangres que adornaban los establos de palacio.

-   Chidori… - le llamó, aún sin poder acercarse lo suficiente al animal, el pavor aún le recorría la piel de pies a cabeza - … Estas aquí… - El animal le miró, parecía reconocerle y penetrarle con sus oscuros ojos, la negrura del corcel le hacía resplandecer cuantiosamente, la escasa luz de la luna se reflejaba en sus curvas magistralmente; esa criatura era hermosa, al par de peligrosa, Naruto continuaba temiéndole, al haber estado al punto de la muerte sobre su lomo - ¿Chidori? – las emociones invadieron al rubio, el contemplar al corcel le traía cuantiosos recuerdos. Se acercó a él impulsado por un espasmo emocional, más que por la superación de sus miedos, necesitaba un soporte, necesitaba alguien en quien dejar caer todo este dolor… - Chidori… - se acercó aún más al corcel, éste correspondió acercando su hocico al rostro del joven delfín, Naruto se dejó caer sobre éste, y se abrazó a él confrontando sus temores, le sostuvo fuertemente para evitar que su terror le separara de tan esplendida criatura - ¡Necesito encontrarlo…! - siguió hablándole, como si el animal le entendiera – Chidori… ¡Se lo han llevado, lo han alejado de mi… de nosotros! – Entonces se separó un tanto de su cara, para poder mirarle fijamente, a esos enormes ojos de grandes pestañas – Yo sé… que tú puedes ayudarme a encontrarlo… Chidori… ¿Puedes ayudarme? – le sostuvo firmemente de los pómulos y pegó a su enorme frente la suya - ¿Me ayudaras…?






En la puerta principal de palacio…

-   Ha demorado demasiado tiempo… - le decía a su superior, Shikamaru, el desesperado Sai.

-   Tienes razón, a estas alturas, imaginé que ya habría intentado sobrepasarnos… Pero que problemático.

-   Puede haberse marchado ya…

-   No lo creo, él debe continuar aquí…

-   Conoce cada rincón del palacio, incluso tiene acceso a pasadizos que desconozco. Sólo Kakashi-sempai podría conocer su paradero.

-   Sí, pero él no está aquí. No podemos depender de él. De cualquier manera, Naruto no se ha marchado, debes creer eso…

-   ¿Cómo es que estas tan seguro?

-   Le conozco bien, le gusta llamar la atención. Sin importar que haya planeado o sus motivos, la oportunidad de reírse de nosotros, no puede pasarle desapercibida…

-   Aún así… - El soldado no pudo continuar, pues Shikamaru le cayó con un solo gesto, al tiempo que miraba fijamente hacia el horizonte - ¿qué? – era Naruto, montando a la más fiera e indomable de las bestias, saludándoles, desde los jardines.

-   No puedo créelo…

-   ¡Jaa! – De repente el rubio se dejó ir hacia ellos, los soldados que mantenían enclaustrado el palacio, asegurando las puertas, se vieron intimidados por la galladura del corcel que se acercaba a todo galope hacia ellos.

-   ¡Naruto detente! – intentó llamarle el consejero de guerra, más el rubio continuaba firme en su montura, decidido a llevarlo entre patas si se ponía enfrente. Era clara la determinación en su mirada.

-   ¿¡Señor, sus órdenes!? ¿¡Señor!? ¿¡órdenes, señor!? – los soldados entraban en pánico ante una posible colisión.

-   ¡…! – pero Shikamaru pretendía permanecer firme - ¡Detente Naruto, detente! – repetía constantemente para sí mismo - ¡Detente Naruto, por favor detente! – más el corcel era increíblemente veloz, así que debía actuar rápido.

-   ¡Abran las puertas! – justo en el momento en el que estaba disponiéndose a flaquear, Sai gritó colérico, completamente aterrado por los daños que podría inducirse el joven príncipe. Para cuando Shikamaru se dio cuenta, Naruto ya le había pasado de lado rápidamente, y había dejado atrás las puertas apenas abiertas de palacio.

-   ¡Le has dejado escapar! – hacía mucho tiempo que no se enfadaba tanto.

-   Habría sido mil veces peor si se lastima.

-   ¡Iba a detenerse!

-   Mi misión es protegerle.

-   ¡Exacto! – Shikamaru se abalanzó furioso contra el pálido soldado sosteniéndole del cuello de la armadura - ¡Entonces haz el favor de protegerle de sí mismo! – le soltó a modo de empujón, la firmeza de Sai le permitió mantenerse de pie y sin rasgos de la agresión del consejero de guerra. - ¡A prisa, a los caballos!





Una vez fuera de los opresores muros de palacio, el rubio delfín llegó al éxtasis, una felicidad infinita le invadió…

-   Haaaaaaaaajajajaja… - encontrándose entre el llanto y la risa, hundiéndose en la oscuridad de la noche, sintiendo el frio del aire entumecer sus mejillas, saltando a cada paso sobre el frondoso lomo de aquel prominente corcel. Un par de lagrimas brotaron de sus mejillas, mismas que limpio con su puño, manteniendo una gran sonrisa; se afianzó firmemente a las riendas del corcel - ¡Chidori, vamos a casa! ¡Hea! – el animal, obediente, retomo el paso con toda la bravura que sus patas le brindaron, sus herraduras se clavaban contra la tierra furiosas y su respiración recia aturdiría al muchachillo que inexperto le hacía de jinete.

Anduvo el corcel potente y sin rastros de cansancio durante horas, dejando a su paso la ciudad real, cruzando sin complicaciones pequeñas aldeas, llanuras y bosques; Naruto ni siquiera necesito guiarle, pues la criatura conocía de sobra el camino.

Apenas amanecía cuando el rubio delfín pudo visualizar de entre la densa niebla boscosa que rodeaba los dominios Uchiha, la aldea de Konoja. Esperaba que Chidori le llevara sin reparos hasta la mansión Uchiha, más grande fue su sorpresa, al ser guiado por el animal hacia el lago, su refugio del mundo, para entrar hacía la zona más pobre de la aldea y hacer alto enfrente de lo que tiempo atrás había sido su casa… devastada por el fuego, ahora irreconocible.

-   Lo había olvidado… - decía para sí, admirando los restos de su choza - ¿Y ahora? ¿No tengo idea de dónde buscarlo? – la tristeza le impacto entonces, como un golpe al rostro, devastador – A él también lo perdí. – decía esta vez al corcel al que se abrazo, vencido por la decepción y el cansancio, el viaje era de lo más agotador, de pensar que Sasuke lo había realizado incontables veces en su búsqueda.

Decidido a buscarle, esperando que aquel quien le había criado, su padre, hubiese permanecido en konoja a su espera ¿era justo anhelar tal compasión? Naruto se anduvo por la aldea, sin abandonar el resguardo del imponente animal; su vestimenta, porte y la prominencia del corcel que montaba, llamaban la atención desbordantemente, recorrió cada calle y mercado, buscando con la mirada a su entrañable amigo, atrayendo la mirada de todo quien estuviese presente. Las personas le abrían paso, y le contemplaban con muda admiración, absortos ante su galanura, hecho que el rubio no advirtió hasta pasado un tiempo: Se encontraba en el más grande de los mercados, en donde el movimiento de la gente, infinito, le trajo innumerables recuerdos, pero aún nada de él…

-   Tenga… - Fue entonces, que escucho que alguien le llamaba – Señor, este es para usted – le decía una niña pequeña que no alcanzaba siquiera las pansas de Chidori, llevaba consigo un pequeño y tierno durazno, el cual extendía sonriente hacia él, la pequeña le hacía un regalo.

-   ¿Qué? – el rubio se inclino, pues desde lo alto le era muy difícil escucharle con el bullicio de la gente.

-   Es para usted.

-   ¿Para mí? – Naruto quedo boqui abierto, una pequeña que a lo mucho tendría la capacidad de disfrutar de un manjar como ese al menos una vez cada mes, se lo ofrecía gustosamente – Gracias – No quería, pero habría sido descortés rechazar el regalo y, estaba muriendo de hambre. Lo llevó a su boca y le dio un par de mordidas y extendió el resto al hocico de Chidori. Regresó entonces la mirada a la pequeña, quien aún lo observaba completamente sonriente, entonces, cansado, el rubio se deshizo de su montura para ponerse a la altura de la pequeña - ¿Y tu mamá? – le preguntó sonriente, la niña desbordando en sonrisas, únicamente apuntó hacia uno de los puestos del mercado, hacía la tendera del frutero – Ya veo, así que ella te dio el durazno.

-   Si – Naruto, sonriente se puso de pie, y estiró su mano para que la pequeña la tomara, entonces caminó hacia la madre de esta, para agradecerle.

-   Muy buenos días.

-   Buen día joven, ¿gusta comprar algo?

-   No me vendrían mal un par de manzanas para el caballo – le dijo a la mujer al tiempo que miraba a Chidori y señalaba las manzanas verdes del puestecillo.

-   Claro señor. – La mujer comenzó a atender el encargo, mientras Naruto levantaba en brazos a la niña que no había dejado de halarle la capa, parecía divertirse con sus ropas, y una vez que la tuvo en brazos, esta no tardo en quitarle el sombrero, al rubio delfín estas actitudes le divertían y hacían olvidar la rudeza de su actual situación – Usted es amigo de Uchiha-sama, ¿verdad?

-   ¿He? ¿Por qué lo dice? – la pequeña ya traía puesto el enorme sombrero del rubio príncipe.

-   Reconocería a esa bestia en donde fuera, es el corcel de Uchiha Sasuke-sama, nunca le había visto montado por alguien más. Se dice que es indomable.

-   Si – miró a Chidori con serenidad – Valla que lo es.

-   ¿Deben ser muy buenos amigos?

-   ¿Quiénes?

-   Uchiha-sama y usted.

-   ¡Ho! Si, grandes amigos.

-   Entonces sabrá ¿qué ha sido de él?

-   … - Naruto permaneció callado e inclinó levemente la mirada, no sabía cómo responder.

-   Aquí no se nos ha dicho nada de él, y se rumoran tantas cosas… hay quienes dicen que murió.

-   ¡…! – Naruto regresó la mirada exaltado.

-   Por supuesto que nadie aquí lo cree; Uchiha-sama es un gran guerrero, pero la señora y el señor marqués están devastados. Una de mis sobrinas trabaja en la mansión y me ha dicho que hacía unos días la señora Mikoto se dejó caer desolada, según entiendo, desde ese día ha estado enferma… y uno sin saber si los señores Itachi-sama y Sasuke-sama se encuentran bien. – Naruto permaneció pensativo, carcomiéndose lentamente lo que quedaba de sobriedad a su pensar, sucumbiendo ante la intensidad de su dolor - ¿Entonces señor? ¿No le ha visto?

-   No. Lo siento, pero soy quizás el menos indicado para dar seña de él.

-   Entiendo, es una lástima. Aquí tiene sus manzanas. – Naruto tomó las frutas y dio a la mujer un par de monedas – Señor, esto es demasiado. – decía haciendo referencia al pago.

-   No hay problema, quédeselo, y gracias… por todo. – dijo esto último mientras dejaba en el suelo nuevamente a la pequeña, dio media vuelta y se disponía a marcharse cuando…

-   ¡No! ¡Niña ven acá! – apenas se disponía a voltear cuando sintió a un par de bracitos abrazarle ambas piernas. Miro entonces hacia abajo y descubrió a la pequeña reteniéndole - ¡Mika! ¡No molestes al señor, ven acá!

-   No, está bien. – se inclinó nuevamente a la altura de la pequeña – Me hace falta alguien que cuide del caballo, podrías dar una vuelta conmigo, si es que no te asusta.

-   ¡Sí! – la niña temeraria se apresuró a contestar.

-   ¿Le molesta si viene conmigo? – preguntó ahora de pie, el rubio a la tendera – Serán solo unos minutos y la traeré de vuelta ¿Qué dice?

-   … - la mujer se lo pensó un tanto, más la apariencia sublime del joven le daba confiesa de sobremanera – Esta bien, pero asegúrese de que no rompa nada.

-   Descuide. – Esta niña era muy parecida a él; recordó entonces a Iruka y su miedo por dejarle solo en un lugar donde las cosas se rompan, era como verse a sí mismo. Se inclinó nuevamente hacia la niña para alzarla por los aires y ponerla sobre el corpulento lomo de Chidori. – No demoraremos. – Subió también al corcel y e dirigió entonces a la pequeña – Despídete de tu mamá.

-   Ahora vuelvo ma. – y sin más se adentraron lentamente en la aldea.

En el camino, el rubio cobro conciencia de las miradas de los aldeanos, todos se consternaban ante Chidori, y era completamente cierto, una bestia así era inconfundible.

-   ¡Ahí es mira! ¡Esa es mi casa! – le decía casi a gritos la pequeña.

-   Ya veo, es muy linda. – se encontraban un tanto cerca de los limitantes de la mansión Uchiha, y al darse cuenta de ello, al rubio le invadió una duda – Mika.

-   ¿Sí?

-   Veras Mika, he venido aquí en busca de un amigo, quizás no le conozcas, pero él trabajaba en la mansión, es moreno, un tanto así de alto y tiene una cicatriz sobre la nariz, así… - dibujo con su dedo una línea sobre su rostro que iba de un ojo al otro por encima de su nariz.

-   ¡Iruka-sensei!

-   Sí – dijo un tanto desconcertado - ¿le conoces?

-   Si, a mis amigos y a mí nos enseña a leer. Vive en esa casa. – la niña señalo a una pequeña choza al final del sendero, una vez la hubo visto, el rubio dejó de escuchar – Mamá me lleva con él todos los viernes por la mañana, es muy bueno, aunque es muy aburrido. Mi mamá dice que si no estudio y aprendo a leer me saldrán orejas como a los burros y que por eso tengo los dientes grandes – mostrase entonces el interior de su boca al hipnotizado rubio – ¿tú crees que son grandes? Yo creo que los tengo así por comer vegetales, a los burros les gustan las zanahorias y…

-   Mika…

-   ¿Hum?

-   Debemos regresar con tu mamá.

En memos de un minuto regreso a la pequeña donde su madre y presuroso se adentro hasta el final del sendero, la conmoción le invadía, el latir de su corazón estaba desbocado y en su oídos era lo único que penetraba.  Una vez frente a la casucha, se deshizo de su montura, subió el par de peldaños hasta la puerta y…

Dentro de la choza, el moreno mozo disponía sobre la mesa lo necesario para la merienda, cuando de pronto.

[Toc-toc]

-   ¿He? ¿Quién será tan temprano? Hoy no es viernes.

[Toc-toc]

-   ¡Ahora voy! – se escucho al otro lado de la puerta, si era él, esa era su voz, después de tanto tiempo nuevamente, su voz… - ¿Qué se le ofrece? – dijo el moreno al abrir la puerta… hasta que distinguió frente a sus ojos… la galante figura de… - ¡Naruto!
 

1 comentario :

Sora Tapia dijo...

Jajaja pobre guardias, Naruto si que sabe como destacar hasta cuando no deberia, Sai sin duda fue el mejor aliada para poder salir, Shikamaru que listo, espero Naruto pueda buscar a Sasuke

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